“Aprendemos mejor si conocemos lo que somos”

Entrevista a la Psp. Mónica Aquino por el Día del Psicopedagogo.
Originalmente, la psicopedagogía surgió con el objetivo de intervenir en los colegios, específicamente en las dificultades de aprendizajes en los niños; lo cierto es que hoy se diversificó el campo de trabajo pero también aumentó notoriamente la población en la que se interviene, ya que ahora, no solamente se trabaja con niños sino también con adultos, adultos mayores, etc.
Hoy la psicopedagogía laboral también es un campo de trabajo, en donde la intervención se ubica después de las entrevistas de admisión, enfocándose en ver cuál es el potencial de aprendizaje de cada uno de los empleados, para poder pensar cuál va a ser su futuro y trayectoria laboral, dentro de una empresa, por ejemplo.
Hoy en día, una de las competencias más buscadas en el ámbito laboral, es el potencial de aprendizaje, es decir, qué flexibilidad se tiene ante nuevos contenidos y conocimientos, nuevas tecnologías o modalidades trabajo. En este campo trabaja la psicopedagogía, delineando un perfil de trabajo de cada persona, un diagnóstico. También se lo conoce como “Planes de Carrera”: se evalúa y diseña qué tipo de información necesita la persona, adecuándose a sus necesidades profesionales y respetando y aumentando la calidad de vida.
“Aunque resulte nuevo, desde los años 90, los alumnos de la carrera de Psicopedagogía de la UCSF realizaron pasantías de este tipo en empresas de telecomunicaciones, una práctica que se extendió hasta el presente”, puntualizó la Coordinadora de la Licenciatura en Psicopedagogía, Psp. Mónica Aquino.
Otro de los campos mencionados es el que se desarrolla con los adultos mayores, en la rehabilitación de funciones en patologías, como por ejemplo, Alzheimer, Parkinson y todas aquellas que presenten un deterioro cognitivo; un trabajo que se lo reconoce como gimnasia cerebral. La estimulación cognitiva, no revierte el cuadro, pero lentifica el impacto, en las personas que lo presentan.
Incluso en el trabajo con niños, la modalidad ha cambiado, gracias al avance de las Neurociencias, lo que ha multiplicado las herramientas de los psicopedagogos. A partir de estas herramientas, hoy podemos saber por qué un niño no aprende cuando debería aprender, qué dificultades de base neurológicas presenta. “No es que los nenes no leen porque no quieren, o porque son vagos, sino porque hay una dificultad de base. Hoy son muy usuales los problemas de memoria, en donde los alumnos no pueden aprender porque no recuerdan, justamente, lo que tienen que aprender”, explicó la profesional. Para poder leer y escribir, es necesario acordarse de, por ejemplo, cómo suenan las letras. Y es ahí, una vez más, donde interviene la figura del psicopedagogo.
El desafío: aprender mejor, conociendo lo que somos.
Hasta hace unos años, muchos diagnósticos se resolvían con el término hiperactividad, pero a partir de que el conocimiento avanzó y los profesionales cuentan con los conocidos “perfiles sensoriales”, pueden darse cuenta que, en realidad, lo que el niño presenta es una desregulación en lo sensorial. Y en este camino de un conocimiento que evoluciona día a día, es un hecho que los niños y, las personas en general, aprenden a partir de las emociones. Y teniendo en cuenta que el aprendizaje se asienta en la emoción, el psicopedagogo está formado, para trabajar en este contexto. “En los colegios, trabajar con “ruedas de convivencia”, reflexionando acerca de lo que nos pasó no es trabajar las emociones. Es una herramienta necesaria, pero para trabajar de verdad con las emociones, hay que estar presente en el momento que se disparan, y en lugar de apelar, por ejemplo, al ‘no te enojes’, hay que ocuparse de que el niño pueda reconocer la emoción en el cuerpo, de darle herramientas para pasarla, etc.”, explicó la psicopedagoga.
Desde chicos nos enseñaron que no nos tenemos que enojar, que no tenemos que llorar, tampoco gritar, ni mucho menos golpear, y así asociamos ese tipo de enseñanzas a que no podemos o no debemos estar enojados. La realidad es que el enojo y todas las emociones son totalmente necesarias para ser y aprender. “No puedo pegarle a alguien, pero sí puedo estar enojado, y quizás una solución para mí es irme un rato solo, en silencio, por ejemplo. En algunos casos, lo primero que hacen algunos padres o profesores es decirle a los niños ‘contame qué te pasó’, pidiéndoles que pongan en palabras una situación, en un momento inadecuado”.
Los niños nos muestran aquello que como adultos trabajamos para ocultar, y que está ahí, en su esencia máxima y libre. “El gran desafío es aceptar quiénes somos, cómo somos y cómo aprendemos mejor. Y aprendemos mejor si conocemos lo que somos, seres emocionales. Nadie se olvida lo que te enseñó alguna vez tu abuelo, pero si, quizás, nos olvidemos cómo dividir. Y ahí, estamos los psicopedagogos, para trabajar en el aprendizaje enraizado en las emociones”, finalizó Mónica.