El celular en el aula: ¿sí o no?

Frente al escenario de un mundo conectado a través de la tecnología, toman cada vez más fuerza las discusiones acerca de incluir –o no- dispositivos móviles como celulares, tablets o smartphones en el aula. Sobre este tema que atraviesa todos los niveles del sistema educativo hablamos con el Dr. Pablo Bongiovani, secretario académico de la Facultad de Humanidades de la UCSF.

“Es un tema amplísimo que incluye la educación desde los más pequeñitos, donde ya existen proyectos de inclusión de la tecnología en el jardín de infantes, hasta la universidad, los adultos mayores, los postgrados e investigación de alto vuelo. Esa amplitud, habiendo tantos públicos posibles para el uso de esa tecnología  especialmente en Educación, está bastante estudiada en los diferentes niveles. Tal vez sea en el tramo de la educación secundaria y universitaria donde existan iniciativas de mayor impacto y donde se han focalizado muchos proyectos en países de Latinoamérica como Argentina, Chile, Brasil, Colombia, entre gobiernos y empresas u organizaciones, para la formación de jóvenes y docentes”, explicó el Dr. Bongiovani.

XTLYLVIILRHTTOUUKNLEPLAPUQMencionó también que en todos estos lugares de habla hispana los proyectos que están más medidos o cuantificados tienen que ver con modelos para pensar poniendo el foco en la etapa de la adolescencia, los cuales permiten indicar si la inclusión de la tecnología en la educación es buena o mala para el aprendizaje.

Aunque se venga investigando sobre el tema desde hace ya varios años, para el educador todavía queda mucho por hacer, “ya que gran parte de los trabajos son experiencias piloto en las que se intuye que se puede hacer algo en educación con el uso de alguna herramienta específica de los celulares, pero también hay que tener en cuenta que los dispositivos tienen cada vez tienen más usos y son más completos y poderosos. Eso hace que con el tiempo, tanto los estudios como la forma de ver y estudiar el tema, vayan mutando”.

Consultado sobre el momento en que el celular comienza a formar parte de la vida de los chicos, Pablo Bongiovani indicó que “se da desde antes de nacer, porque desde la panza hay algún tipo de contacto con los dispositivos móviles. En educación, desde los más chiquitos trabajan con aplicaciones educativas que tienen algunos modelos de celulares, tablets y smartphones. Hoy se está pensando mucho en aplicaciones específicas para la educación. Es decir, más allá de las características y aplicaciones genéricas que tiene la mayoría de los dispositivos, lo que se está buscando es desarrollar otras para los diferentes niveles, por ejemplo, para el Jardín de Infantes, aplicaciones para enseñar los colores, para hacer asociaciones, enseñar los animales, conocer el mundo, etc”.

En ese sentido, hizo hincapié en que siempre que haya un proceso pensado, enmarcado en un trabajo y con objetivos específicos para cada destinatario alumno, la inclusión de estas tecnologías para la educación, es una opción válida.

Por otro lado, están también quienes se resisten a incorporar el celular dentro del aula y a permitir que los estudiantes puedan utilizarlo para cuestiones específicas.

celulares_origRespecto a este punto de vista, el docente señaló que como todo proceso de cambio, tiene alguna resistencia y llevará tiempo. “En este caso, algunos estudios ya sacan al celular de la categoría de aparato externo a la persona para pasar a ser un objeto personal al que los chicos toman como parte de su vida y su forma de socializar. Hay una resistencia pero la tendencia es a la incorporación. De hecho, desde hace varios años, la UNESCO junto al IIPE (Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación), vienen estudiando proyectos de una especie de categoría que aparece como ‘aprendizaje móvil’, que significa que podemos aprender en cualquier lugar y momento en el que tengamos acceso a tecnología. En realidad todos los seres humanos aprendemos en cualquier momento y lugar que tengamos acceso a tecnología, la diferencia es que este aprendizaje móvil es ‘con’ tecnología. Estos estudios provienen de proyectos de alto impacto de uso de los móviles en la educación formal”.

En este sentido, señaló que “las mayores amenazas o problemas que allí aparecen son, no sólo de resistencia o miedo a que con la tecnología puedan aprender algo mejor de lo que les enseñe un docente en el aula, sino otros problemas estructurales y hasta ventajas que no se ven por culpa de esa resistencia. Por ejemplo: una de las mayores valoraciones que hay sobre la incorporación de la tecnología en el aula es sobre la democratización del acceso al conocimiento y la posibilidad de llegar a sectores muy vulnerables con contenidos de calidad, con otras herramientas y un tipo de educación que sin esto no era posible. Por eso, allá, en lugares inhóspitos, donde no hay una biblioteca de calidad o libros de alto vuelo, un proyecto de incorporación de celulares en el aula puede hacer una diferencia increíble en cuestión de calidad y acceso al conocimiento. Además, se torna una cuestión de inclusión, de justicia y tiene que ver con mucho más que la mera tecnología”.

Es real que en estos casos aparecen desventajas como la falta de conectividad y la falta de control al tipo de tecnología al que se accede, pero son temas que también se encuentran en proceso de estudio e investigación.

“También existen otros contextos donde la conectividad y el acceso es muy amplio pero no se usa ‘porque distrae’. Entonces hay que ver bien qué es lo que se está estudiando, cuáles son las mayores ventajas y dónde se puede poner el foco”, planteó.

Al momento de hablar específicamente sobre cómo aprovechar el uso del celular para potenciar las estrategias de trabajo docente y enriquecer el aprendizaje de los alumnos, Bongiovani tomó como ejemplo alguna búsqueda específica de información que pueda proponer el docente: “ ahí es donde debemos tener en cuenta cómo y dónde buscan, si es en bases científicas o si buscan directamente en el buscador de Google; si previamente el docente le presentó fuentes de calidad y una metodología de trabajo, etc.”.

Es en este punto donde el tema implica muy especialmente a los docentes: “el pensar ‘más allá’, como un desafío frente a una de las mayores amenazas que existe hoy en Latinoamérica, que es la falta de formación de los educadores, no solo en el uso de la tecnología, sino en diagramar procesos didácticos con fines pedagógicos de integración de la tecnología, pero obviamente, no como único recurso”, concluyó el secretario académico de Humanidades.