Fin de año, ¡comienzo de exámenes!

Despunta diciembre. Pasillos poblados de caras ansiosas, interminables rondas de mate, campamentos en el patio. Sí, empezaron los exámenes.
Noviembre y diciembre marcan el arranque de un turno más de exámenes finales para los universitarios. Laura Casabianca, Licenciada en Psicología, sostiene que estamos en un período en el que los que están en el área de la Psicología suelen tener consultas que tienen que ver con alumnos que han atravesado todo un año académico y llegan a este momento del año donde tienen que transitar diferentes instancias de evaluación.

Los exámenes, en general, nos hacen sentir presionados, evaluados, y algunas características de personalidad, a veces, no ayudan, por ejemplo, quienes tienden a exigirse determinado rendimiento, o a ‘preocuparse’ en demasía por los futuros exámenes, la llamada ‘ansiedad anticipatoria’. “Cómo me va a ir; qué me van a preguntar; me va a ir mal, me va a ir bien; a este profesor lo conozco, a este no”; son algunas de las preguntas que se hacen insistentemente. En estas circunstancias algunos alumnos empiezan a sufrir de estrés o ansiedad, sostiene Casabianca.

El estrés es un proceso de adaptación esperable, compartido por todos los seres humanos. Es necesario. Sin embargo, lo podemos dividir en dos perspectivas: eustress, que es al que llamamos “estrés sano” o favorable; y el distress, “estrés malo” o desfavorable.

En referencia al primero, se hace presente en aquellas personas que perciben la situación como que la exige y demanda, pero que al mismo tiempo el individuo evalúa que posee los recursos necesarios para hacerle frente a la misma. Puede llevar un esfuerzo extra, que se ve en la cotidianeidad: en el caso de los exámenes puede alterarse el mecanismo de alimentación, el mecanismo del sueño, emocionalmente quizás la persona esté más irritable o nerviosa, pero se considera estrés sano, porque viene de la mano de un proceso desarticulador: una vez que se rinde, y se rinde bien, la tensión y el sistema de alarma bajan, y se genera una percepción de logro.

En el distress, que es lo que generalmente mencionamos como estrés, no hay un mecanismo desarticulador, es decir, el sistema de alarma permanece (no disminuye) y no hay una percepción de logro. Ya sea porque no se alcanzó el objetivo para el cual se había preparado o los pensamientos asociados a esa situación no desaparecen: “ahora rendí bien, pero en el próximo examen quizás no”, “ya viene otra fecha de examen…”, “rendí mal y este profesor nunca me va a aprobar”. Así, el distress muchas veces deriva en lo que se conoce como un trastorno de ansiedad social, Incluso, a veces, en una fobia social.

Este trastorno puede provocar que un alumno llegue al punto de evitar la situación de examen. Llega a la puerta de la universidad, o al momento que tiene que rendir y dice “me voy”, porque no lo puede soportar. En muchas ocasiones , la persona no puede desactivar este mecanismo por sí sola; necesita de un profesional que lo acompañe, que lo ayude para poder enfrentarla. En este sentido, desde la psicología se pone el foco en el trinomio cognitivo, conductual y emocional: es decir, cuando cualquier situación desde lo cognitivo, comportamental o emocional empieza a impedir un funcionamiento ‘normal’ de una persona en su contexto natural.

Esto se puede ver reflejado en no poder tener el mismo estilo de vida con la familia o con los amigos porque se encuentra emocionalmente afectado (de mal humor, cansado, irritable, etc.); a nivel comportamental ya no se puede enfrentar a un examen, no puede hablar o dar una respuesta ante una pregunta de un profesor, o fisiológicamente tienen consecuencias visibles: temblor, sudoración, enrojecimiento, entre otras; y a nivel cognitivo, esos pensamientos no dejan de “atacar” (“nunca voy a poder rendirla”, “esto es muy difícil para mí”…). Cuando se presentan cualquiera de estas manifestaciones, es necesario prestar atención. La clave principal es intentar “darnos cuenta”, ya que es el estado de conciencia lo que nos lleva a actuar de manera reactiva a estas situaciones.

estrés examenes

 

A través de un sondeo realizado con 136 alumnos universitarios de la UCSF, se estudiaron los estilos de afrontamiento a situaciones de exámenes, en hombres y mujeres, basados en los estilos de Afrontamiento de Lazarus y Folkman.

En este estudio se intentó averiguar qué estilo predomina en los estudiantes, y si hay diferencias significativas en ambos sexos. De las tres maneras de enfrentar los escenarios de estrés, la menos recomendada es en la que se evita o niega la situación, no colaborando con la posibilidad de poder sobreponerse a ella. Precisamente esta es la que arrojó el resultado más bajo, siendo entonces que los estudiantes Universitarios las estrategias que menos utilizan frente al estrés a los exámenes es el consumo de sustancias, la negación o evitación.

Hay otros dos mecanismos de afrontamiento que sí colaboran para hacer frente al estrés: uno es en el que nos centramos en acciones directas sobre el problema. “Detectamos que era al que más recurrían los estudiantes universitarios, y sobre todo por varones, utilizando el sistema de la planificación. Si como alumno detecté que en determinados exámenes me pongo nervioso, no llego a estudiar determinadas unidades o me bloqueo frente a determinados docentes, podría usar este mecanismo. Preparo el examen con tiempo y de forma ordenada. Si, por ejemplo, veo que me pongo más nervioso en orales que en escritos, puede ser útil hablarlo, estudiar con otro, sentar a alguien y decirle que me haga preguntas”, detalló Casabianca.

El otro mecanismo es el afrontamiento centrado en la emoción producto de ese estrés, para hacer frente a la emoción desagradable que genera determinada situación, por ejemplo, nerviosismo, angustia, tristeza, etc. “Aquí los estudiantes implementan el mecanismo de apoyo social: poder hablar con alguien. Hablarlo con mi familia o con un amigo. Esta forma de actuar es más utilizada por las mujeres que por los hombres. Es muy útil porque permite cierta descarga emocional, teniendo en cuenta que esa descarga tiene que ser circunscripta a un momento. No es útil si estoy un mes entero hablando de la situación, porque se puede volver negativo”.