Último tramo de conferencias

Por: Prensa del VIII Congreso Internacional de Educación UCSF

 

Christian Plebst, Ana María Aron, Manu Velasco y Alejandro De Barbieri fueron los encargados de cerrar el Congreso. Conocerse, generar ambientes nutritivos, educar para la vida y la relación con los padres, fueron los tópicos abordados por los expositores.

 

Saber quien soy

Continuando con el programa del VIII Congreso Internacional de Educación, Christian Plebst expuso su conferencia “Encuentro y desencuentro biopsicosocioespiritual: el desarrollo infantil en riesgo en la era de la conexión”, donde señaló que “actualmente hay una crisis de percepción en la sociedad”.

Es importante que exista un autoconocimiento personal que nos permita ser quienes somos: “cuando yo me siento bien por ser quien soy, intrínsecamente tomo otras decisiones, necesito otras cosas, necesito menos, disfruto más de las cosas simples”, afirmó el doctor.Seleccionada

De esta manera, definió la metacognición como “darse cuenta, ver dónde estoy y qué necesito”. Así, propuso buscar la autorrealización personal en una nueva forma de ser: comenzar a sentir la vida, en vez de simplemente vivirla: “Improvisar, animarse a vivir. Buscar la felicidad”.

Concluyendo su disertación, en referencia al espacio áulico, Plebst sugirió a los docentes que la inteligencia emocional no es algo que se enseñe, sino algo que se modela con la práctica.

Ambiente nutritivo

A continuación, Ana Maria Aron, psicóloga proveniente de Chile, expuso diferencias entre un clima nutritivo y uno tóxico, presentando su ponencia titulada : “Clima social escolar, buen trato y bienestar docente”. Allí desarrolló las características que definieron cada ámbito y de qué manera se oponían.

En un clima nutritivo la persona se siente inteligente, amable, agraciado y simpático. “Cuando la persona se siente de esa manera, también se comporta de esa manera”, señaló Aron. En dicho ambiente predomina una percepción de justicia, y los niños saben lo que es justo y lo que no, incluso antes de aprender a hablar.

Seleccionada 2“Un ambiente tóxico aprisiona al ser humano, saca la peor parte de cada uno y predomina un ambiente de percepción de injusticia”, manifestó. De la misma manera, es necesario reconocer explícitamente los logros y valorar de un modo positivo a los alumnos para que se genere una atmósfera nutritiva, en oposición a una tóxica donde prevalece la crítica y la ausencia de reconocimiento.

“No hay que generar una sobrefocalización en los errores, sino tratar de tolerarlos, porque el que no comete errores es porque no hace nada”, agregó Ana María. El ser humano es un ser social, un ser que viene en “manada” y por eso en todo momento quiere pertenecer, siente el deseo de “ser parte de”. Un ambiente tóxico produce sensación de marginalidad, de no pertenencia.
Por último, la disertante destacó la importancia de sentirse respetado en la individualidad y en las diferencias, y poder aceptarse igual, sin discriminación.

Educar para la vida
El penúltimo expositor fue el español Manu Velasco. ¿Cómo educar para el futuro” fue el título de su conferencia, a partir de la cual llamó a los docentes a soñar junto a los alumnos. El planteó que lo primero es tener en cuenta que “sin un rumbo definido en educación no se anda, se deambula. Y en educación no se puede deambular”.

En este sentido, resaltó que “educar para el futuro tiene un rumbo muy claro que debe tener en cuenta tres aspectos fundamentales. Ayudar al alumno a que sea lo que es capaz de ser” estando “atentos a sus intereses”. Asimismo, no llenarlos de contenidos estériles y nocivos y mucho menos llenarlos de leyendas urbanas; y “tanto los docentes como los alumnos tenemos que ser conscientes de lo que no sabemos. Porque solo la experiencia de la carencia nos mueve a satisfacer el deseo y provoca la curiosidad que nos permite aprender”.

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A partir de estos tres puntos, Velazco señaló que se estará cumpliendo con uno de los objetivos fundamentales de la educación que “no es otro que formar personas capaces de autogobernarse a sí mismos” brindándoles al niño aquello que necesidad “para que mejore el mundo en que le ha tocado vivir, para que consiga impactar y mejorar la sociedad que lo rodea”.

En este marco, planteó la necesidad de educar en la competencia digital, algo “que no se está enseñando en ningún colegio, debería estar desde jardín hasta la universidad, más que la competencia matemática, o la linguística. Hoy en día es la más importante. Pero como decimos que son nativos digitales los dejamos y no

asumimos nuestra función. Los lanzamos al mar de internet, donde hay sirenas, pero también tiburones y piratas”, sostuvo Manu Velasco.

Ya sobre el final, resaltó que “educar es un acto de amor, y los docentes somos sembradores en el corazón de los alumnos de amor, ternura, alegría y responsabilidad”, al tiempo que para llevarlo a cabo esta tarea hay qye hacerlo “en equipo, en grupo. Familia y escuela deben compartir, no competir”.

Junto a los padres
El uruguayo Alejandro De Barbieri terminó con las ponencias exhibidas el día sábado. “De la pedagogía compasiva a la pedagogía de la esperanza: Claves para educar sin culpa” así se tituló su charla donde cautivó al público con su carisma, anécdotas familiares y experiencias educativas.

Planteó que el entusiasmo es inspirar, contagiar ganas de vivir, “tenemos la gran responsabilidad de educar con alegría”. Remarcó la importancia de la autoridad, destacando que esto no es autoritarismo y que decirle no a los niños debe ser no. “Eso es educar con amor, sin culpa”. La sobreprotección es otro tema que estuvo presente al igual que la motivación y la paciencia.

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Por último Barbieri destacó que la clave para la innovación se logra con amor y humor, fue su profesor quien lo inspiró para educar con alegría y afecto. Además extendió un pedido de agradecimiento para los padres entre los presentes, ya que ellos han educado y hecho todo lo posible con las herramientas que en ese momento tenían.

“Que bonito que tengamos la chance de ser nuevos y generar nuevas comunidades educativas con creatividad”; con esta frase cerró su exposición y dio fin al VIII Congreso Internacional de Educación, que organizado por la Facultad de Humanidades reunión durante dos jornadas a 19 expositores y más de 450 participantes.

 

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