Por una cultura del encuentro y la no discriminación

La Universidad Católica de Santa Fe viene trabando desde hace muchos años junto con las Asociaciones Israelitas de la ciudad con el objetivo a crear lazos de fraternidad y colaboración mutua, compartiendo espacios y valores comunes.

En este marco, días atrás, autoridades del Rectorado de la UCSF mantuvieron un encuentro con representantes de las entidades israelitas de nuestro medio para interiorizarlos de sobre su intención de adherir la definición de antisemitismo aprobada la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA por sus siglas en inglés).

“Se trata de una definición que refleja los valores y el compromiso de nuestra Universidad de seguir creando una cultura del encuentro que condene y rechace toda forma de violencia y discriminación en cualquiera de sus modalidades, teniendo como referencia la dignidad humana. Por eso nos hemos reunido con la comunidad israelita para expresarles nuestro deseo concreto de sumarnos y asumir esta iniciativa”, sostuvo el Vicerrector de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza.

De la reunión virtual participaron por la UCSF: su Rector, Mgter. Lic. Eugenio Martín De Palma; junto a los vicerrectores Académico, Dr. Guillermo Kerz, y de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza; y la Secretaria de Administración, CPN Ana María Aviazzi. En tanto por la DAIA Santa Fe, lo hicieron: su Presidente, Horacio Roitman; junto a Daniel Steimberg, Cintia Vaisman, Noemí Mena y Fabián Glembotsky, integrantes de la Filial.

En toda la UCSF

En este sentido, el Consejo Superior aprobó el pasado 8 de setiembre la resolución por la cual se adopta “en el ámbito de la Universidad Católica de Santa Fe la definición de ‘antisemitismo’ aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) el 26 de mayo de 2016, que a continuación se detalla: “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto.”; expresa en su Art. 1.

Asimismo, el texto indica que la misma “se tomará en el ámbito de la Universidad Católica de Santa Fe, colaborando en la construcción de una cultura del encuentro; generando virtudes y actitudes contra la discriminación en general, el antisemitismo en particular y la violencia, en todas sus formas, que llevan los prejuicios y la intolerancia”.

A partir de esta resolución que se extiende a todas las sedes donde la Universidad Católica de Santa Fe desarrolla sus actividades académicas, “entendemos que privilegiamos siempre, la dignidad de la persona y nos oponemos a cualquier tipo de violencia o discriminación, sea por razones religiosas, culturales, de identidad, las cuales deben quedar fuera y condenadas por nuestra Universidad”.

Cultura del encuentro

“Esta es una acción más, que se suma al trabajo que venimos haciendo de manera muy cercana con las asociaciones israelitas, como también lo hacemos en la Mesa del Diálogo, o el programa Peraj en un momento; instancias todas en las cuales compartimos valores y visiones que nos ayudan a poder estar concretando esta cultura del encuentro de la cual el Papa Francisco permanentemente está haciendo alusión”, expresó el Vicerrector del Formación.

Con esta adhesión, la UCSF se suma también a la invitación que hiciera a todas las instituciones públicas y privadas el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país, a través de resolución 114/2020. En ella llama a adherir a la definición de antisemitismo promovida por el IRA, esta organización intergubernamental fundada en 1998 que reúne a gobiernos y expertos para promover la educación, la investigación y el recuerdo del Holocausto en todo el mundo, de la que Argentina forma parte desde el 2002.

La utilización de la definición adoptada, tiene como finalidad la de contribuir a la lucha de nuestro país “contra el antisemitismo en todas sus formas, colaborar en la construcción de una cultura de prevención de la hostilidad y la violencia a que llevan los prejuicios y la intolerancia, promover la educación para la pluralidad y reforzar la tarea de garantizar el cumplimiento del objetivo de la educación, la memoria y la investigación del Holocausto y de sus lecciones para nosotros y las generaciones venideras”; expresa el texto normativo.

 

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Carta circular a las escuelas, universidades e instituciones educativas

Congregación para la Educación Católica

Carta circular a las escuelas, universidades e instituciones educativas

La difusión de COVID-19 ha cambiado profundamente nuestra existencia y forma de vida: «nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa»(1). A las dificultades sanitarias se añadieron las económicas y sociales. Los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico. En todas partes se han hecho esfuerzos por garantizar una respuesta rápida mediante plataformas digitales para la enseñanza a distancia, pero su eficacia se ha visto condicionada por una marcada disparidad en las oportunidades educativas y tecnológicas. Según datos recientes proporcionados por organismos internacionales, alrededor de diez millones de niños no podrán acceder a la educación en los próximos años, lo que aumentará la brecha educativa ya existente.

A esto se añade la dramática situación de las escuelas y universidades católicas que, sin el apoyo económico del Estado, corren el riesgo de ser cerradas o reducidas radicalmente. A pesar de ello, las instituciones educativas católicas (escuelas y universidades) han podido, también en este caso, ubicarse a la vanguardia de la preocupación educativa, poniéndose al servicio de la comunidad eclesial y civil, asegurando un servicio educativo y cultural público en beneficio de toda la comunidad.

Educación y relación

En este contexto, lamentablemente todavía incontrolado en diferentes partes del mundo, han surgido algunos desafíos. En primer lugar, la enseñanza a distancia — aunque necesaria en este momento extremadamente crítico — ha demostrado cómo el entorno educativo formado por personas que se encuentran, interactuando directamente y “en presencia”, no sea simplemente un contexto accesorio de la actividad educativa, sino la sustancia misma de esa relación de intercambio y de diálogo (entre profesores y alumnos), indispensable para la formación de la persona y para una comprensión crítica de la realidad. En las aulas, clases y talleres crecemos juntos y construimos una identidad de relación. En todas las edades de la vida, pero con mayor razón en la infancia, en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta, el proceso de crecimiento psicopedagógico no puede realizarse sin el encuentro con los demás y la presencia del otro que suscita las condiciones necesarias para que florezcan la creatividad y la inclusión. En el ámbito de la investigación científica, de la investigación académica y, en general, de la actividad didáctica, las relaciones interpersonales constituyen el “lugar” donde la transdisciplinariedad y la interdisciplinariedad emergen como criterios culturales fundamentales para frenar los riesgos de fragmentación y desintegración del conocimiento, así como para la apertura de este mismo conocimiento a la luz de la Revelación.

La formación de los formadores

La propagación y persistencia generalizada de la pandemia a lo largo del tiempo también ha creado una sensación generalizada de incertidumbre entre los maestros y educadores. Su inestimable contribución — que ha cambiado profundamente a lo largo de los años, tanto desde el punto de vista social como técnico — necesita ser apoyada a través de una sólida formación continua que sepa responder a las necesidades de los tiempos, sin perder esa síntesis entre fe, cultura y vida, que es la clave peculiar de la misión educativa llevada a cabo en las escuelas y universidades católicas. Los profesores tienen muchas responsabilidades y su compromiso debe transformarse cada vez más en una acción real, creativa e inclusiva. Gracias a ellos se alimenta un espíritu de fraternidad y de compartir no sólo con los discentes, sino también entre generaciones, religiones y culturas, así como entre el hombre y el medio ambiente.

La persona en el centro

Para ello es necesario poner siempre en el centro de la acción educativa la relación con la persona concreta y entre las personas reales que componen la comunidad educativa; una relación que no encuentra suficiente espacio en la interacción mediada por una pantalla o en las conexiones impersonales de la red digital. La persona concreta y real es el alma misma de los procesos educativos formales e informales, así como una fuente inagotable de vida debido a su naturaleza esencialmente relacional y comunitaria, que implica siempre la doble dimensión vertical (abierta a la comunión con Dios) y horizontal (comunión entre los hombres). La educación católica — inspirada en la visión cristiana de la realidad en todas sus expresiones — tiene como objetivo la formación integral de la persona, llamada a vivir responsablemente una vocación específica en solidaridad con otras personas.

En un mundo donde «todo está íntimamente relacionado»(2), nos sentimos unidos para encontrar — según la antropología cristiana — nuevos caminos formativos que nos permitan crecer juntos utilizando los instrumentos relacionales que nos ofrece la tecnología actual, pero sobre todo abriéndonos a la insustituible escucha sincera de la voz del otro, dando tiempo para una reflexión y planificación comunes, atesorando historias personales y proyectos compartidos, las enseñanzas de la historia y la sabiduría de las generaciones pasadas. En tal proceso de formación en la relación y en la cultura del encuentro, la “casa común” con todas las criaturas encuentra también espacio y valor, ya que las personas, cuando se forman en la lógica de la comunión y de la solidaridad, están trabajando «para recuperar la serena armonía con la creación»(3) y para configurar el mundo como un «espacio de una verdadera fraternidad». (cfr. Gaudium et spes, 37).

El servicio como fin

La situación actual ha puesto de manifiesto la necesidad de un pacto educativo cada vez más comunitario y compartido que, — apoyándose en el Evangelio y en las enseñanzas de la Iglesia —, contribuya en sinergia generosa y abierta a la difusión de una auténtica cultura del encuentro. Por esta razón, las escuelas y universidades católicas están llamadas a formar personas que estén dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad. En el servicio, de hecho, podemos experimentar que hay más alegría en dar que en recibir (cfr. Hch, 20,35) y que el nuestro ya no puede ser un tiempo de indiferencia, egoísmo y divisiones: «el mundo entero está sufriendo y debe encontrarse unido para hacer frente a la pandemia», ya que «el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace ninguna diferencia de personas»(4) . La formación al servicio de la sociedad para la promoción del bien común llama a todos a «unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones para una humanidad más fraterna»(5).

Trabajar en red

La evidencia de que «la pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos»(6) pide a las instituciones educativas — católicas y no católicas — que contribuyan a la realización de una alianza educativa que, como en un movimiento de equipo, tenga el objetivo de «encontrar el paso común para reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión»(7) . Esto puede fomentarse mediante una red de cooperación más integrada, que se configura como un punto de partida para fijar y compartir algunos objetivos esenciales hacia los que convergen — de manera creativa y concreta — modelos de coexistencia alternativos, en respuesta a aquellos de una sociedad masificada e individualista (8). Se trata de una responsabilidad amplia y abierta a todos los que se preocupan por la construcción de un proyecto educativo renovado a largo plazo, basado en exigencias éticas y normativas compartidas. La pastoral escolar y universitaria y cada uno de los cristianos presentes en todas las instituciones educativas pueden dar una valiosa contribución.

Conclusión

La Congregación para la Educación Católica — como ya se expresó en el comunicado del 14 de mayo de 2020 (9) — renueva su cercanía y expresa su profundo agradecimiento a todas las comunidades educativas de las instituciones educativas y universidades católicas que, a pesar de la emergencia sanitaria, han garantizado la realización de sus actividades para no interrumpir esa cadena educativa que está en la base no sólo del desarrollo personal sino también de la vida social. En la perspectiva de la futura planificación escolar y académica, a pesar de las incertidumbres y preocupaciones, los responsables de la sociedad están llamados a dar mayor importancia a la educación en todas sus dimensiones formales e informales, coordinando los esfuerzos para apoyar y asegurar, en estos tiempos difíciles, el compromiso educativo de todos.

Es hora de mirar hacia adelante con coraje y esperanza. Las instituciones educativas católicas tienen en Cristo — camino, verdad y vida (cfr. Jn 14,6) — su fundamento y una fuente perenne de «agua viva» (cfr. Jn 4,7-13) que revela el nuevo sentido de la existencia y la transforma. Por lo tanto, nos sostenga la convicción de que en la educación habita la semilla de la esperanza: una esperanza de paz y de justicia.

Ciudad del Vaticano, 10 de septiembre de 2020

Giuseppe Card. VERSALDI
Prefecto

Angelo Vincenzo ZANI
Arz. tit. de Volturno
Secretario

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(1) PAPA FRANCISCO, Momento extraordinario de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro, 27 de marzo de 2020.
(2) PAPA FRANCESCO, Carta encíclica Laudato si’, 24 de mayo de 2015, 137.
(3) PAPA FRANCISCO, Carta encíclica Laudato si’, 24 de mayo de 2015, 225. (4) PAPA FRANCISCO, Mensaje Urbi et Orbi, 12 de abril de 2020.
(5) PAPA FRANCISCO, Mensaje en ocasión del lanzamiento del Pacto educativo, 12 de septiembre de 2019.
(6) PAPA FRANCISCO, Audiencia general, 12 de agosto de 2020.
(7) PAPA FRANCISCO, Discurso a los participantes a la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 20 de febrero de 2020.
(8) Cfr CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Educar al humanismo solidario. Para construir una civilización del amor a los 50 años de la Populorum progressio, 16 de abril de 2017, VI.
(9) http://www.cec.va/content/dam/cec/Documenti/COMUNICATO%20global%20compact%20IT%2014-05-2020.pdf

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Cierre de la visita virtual de CONEAU

Con el encuentro del Rector, Mgter. Lic. Eugenio Martín De Palma, con los Vicerrectores Académico, Dr. Guillermo Kerz, y de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza y los pares evaluadores de CONEAU, el pasado viernes 4 de septiembre culminó la visita virtual a la Universidad Católica de Santa Fe, en el marco del Segundo del Proceso de Evaluación Institucional.

En este marco, compartimos el mensaje del Rector, tras una semana de reuniones y encuentros de los pares evaluadores con representantes de la comunidad educativa y de instituciones vinculadas a la vida y el quehacer diario de la Universidad:

“Estimada Comunidad Universitaria:
El día viernes pasado en horarios de la tarde finalizó la etapa de las entrevistas de la evaluación externa. Dicha reunión se hizo conmigo, en mi carácter de rector, y con los vicerrectores. La misma, tiene un fin protocolar de cierre, no obstante, algunas expresiones como por ejemplo: ‘queremos destacar el compromiso, la responsabilidad, el trabajo, la puntualidad, la calidez humana para permitir desarrollar en el marco de la pandemia y de modo virtual una agenda de reuniones de cada uno de los estamentos de la comunidad universitaria’; tonos y modos por partes de los pares evaluadores, de los miembros del directorio y técnica de CONEAU, nos permitieron inferir que habían estado a lo largo de esta semana, frente a una institución universitaria ‘bien plantada’ y una comunidad educativa con fuerte adhesión institucional y gran potencial. Está en nosotros honrar el espíritu de nuestros fundadores y de quienes nos precedieron y estar a la altura de la circunstancias en este momento histórico que nos toca actuar. Por todo ello, a cada uno de quienes han participado honrando nuestra institución, gracias.

De manera particular, quisiera agradecer al ex rector por su participación, además, porque fue quien llevó adelante la etapa de autoevaluación dándole el contenido a esta etapa de evaluación externa, al equipo de autoevaluación, liderado por el secretario de gestión estratégica, y al SIED por la particularidad virtual que exigía el proceso.

Por último, quisiera, junto con ustedes depositar todos estos frutos en las manos de María, en su advocación de María de Guadalupe, Patrona de Nuestra Casa de Altos Estudios, para que los mismos, siempre estén orientados a la construcción del Reino de Dios, nuestra misión.”

Mgter. Lic. Eugenio Martín De Palma
Rector de la UCSF

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La virtualidad y la didáctica en un encuentro necesario

Cuando en el mes de marzo las clases presenciales fueros suspendidas en todo el territorio nacional, la Universidad Católica de Santa Fe se puso en marcha para –en un primer momento- dictar el curso de ingreso de todas sus sedes de manera virtual, y luego comenzar el dictado de las clases en su totalidad; hecho que implicó la apertura de unas 650 aulas en su Campus Virtual UCSF y la capacitación de más de 1000 docentes en el uso de las diferentes herramientas tecnológicas.

El secretario Académico de la UCSF, arquitecto Esteban Tomatis, narra que el vertiginoso paso a la virtualidad fue posible “ya que en los años anteriores la Universidad había desarrollado su Sistema Institucional de Educación a Distancia (SIED), que fue sometido a la evaluación externa ante la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), y recibiera la aprobación ministerial durante el 2019. Esto nos permitió contar con una red preparada específicamente para afrontar este desafío inusitado”.

No obstante, lo planificado para ser desarrollado en 24 meses hubo que hacerlo en 30 días y abarcando la totalidad de la oferta académica de grado. En una primera instancia, denominada Fase 1 o de implementación, la Secretaría Académica “acompañó a través de la Asesoría Pedagógica con la redacción y comunicación de documentos orientativos que permitieran a los docentes respaldar teóricamente las decisiones de virtualización de sus prácticas de enseñanza-aprendizaje. Primeramente, refirieron a la preparación y desarrollo de las clases y luego al proceso de evaluación inescindible del mismo”.

En la segunda fase, precisó Tomatis, “nos focalizamos en evaluar el proceso realizado durante el primer mes de la implementación, a través de un sondeo de opinión circularizado a todo el alumnado y cuerpo docente. Dicha información permitió contar con datos sensibles para atender las dificultades detectadas y potenciar los aspectos positivos”.

En paralelo a esto, el Consejo Superior de la UCSF, debatió y aprobó los instrumentos normativos correspondientes que acompañaran las decisiones realizadas en la emergencia. Hoy la Universidad cuenta con protocolos aprobados para el desarrollo de evaluaciones en modalidad virtual o mixta (presencial y virtual).

Por último, el secretario Académico destacó el alto grado de compromiso manifestado por la comunidad académica en su conjunto, sin el cual hubiera sido impensable transitar este tiempo desafiante.

El acompañamiento como meta

La responsable del equipo de Asesoría Pedagógica, profesora María Rocío Gómez, es la encargada de trabajar codo a codo con los docentes. “La pandemia nos puso en situación de repensar nuestras clases para un 100% de virtualidad, y lo hemos hecho a través de producciones y reflexiones que tienen que ver con diferentes criterios para pensar la clase. La virtualidad nos exige tal vez más decisiones didácticas que las que ya teníamos que pensar con detenimiento en la presencialidad”, puntualizó.

“Poder elegir el mejor recurso, la mejor consigna, la mejor actividad, la mejor instancia evaluativa: no sólo es cuestión de seleccionar la herramienta tecnológica adecuada, sino también y, sobre todo, de tomar una correcta decisión didáctica”. “La elección del mejor recurso va a depender de esa decisión didáctica, y desde allí es que buscamos acompañar a los docentes en cuáles pueden ser las variables o dimensiones para poder pensar la clase virtual. La variable tiempo, por ejemplo, en esta elección entre encuentros sincrónicos o asincrónicos, debe abarcar todas las condiciones involucradas en éstos, para poder así acompañar al estudiante”.

Los recursos que se brindaron a los docentes apuntaban específicamente a “pensar una clase que también posea -como lo tiene la presencialidad- un momento de inicio, un momento de desarrollo, un momento de cierre, y poder hacer ahí uso de la potencialidad de la virtualidad”.
El desafío de fondo es el mismo, aunque el escenario cambie. Se trata de guiar a los alumnos para que puedan hacer una síntesis, reflexionar e ir haciéndose conscientes de su proceso de aprendizaje: llegar a la metacognición. “En la virtualidad esto cobra especial relevancia, porque tenemos que ir acompañando al alumno para que se haga consciente de su proceso de aprendizaje: aquellos aspectos en los que puede mejorar o revisar, aquellos en los que va muy bien -que son logros- y puede potenciar. Ahí debe llegar el acompañamiento del docente, para que él pueda hacerse y pueda avanzar en esa tan ansiada autonomía del estudiante, y más aún del estudiante universitario”, explica la responsable del equipo de Asesoría Pedagógica.

“Todos los que transitamos los diferentes niveles educativos, aprendimos de videoconferencias, video llamadas, encuentros frente a nuestros dispositivos a la hora señalada, como una manera de replicar la presencia en las aulas”. Para Rocío Gómez esto responde a una necesidad, “la educación implica contacto humano, generar ese vínculo sin el cual la educación sería imposible. El pensar en la sincronía tiene que ver con la búsqueda de ese vínculo; pero no por eso tenemos que pensar que un encuentro asincrónico no lo sea. A veces permite suplir problemas de conectividad, de cansancios propios de la presencia frente a tantas horas de pantalla a la que está el estudiante hoy expuesto”, valoró sobre esta alternativa.

“Nosotros, en la UCSF, desde la Secretaría Académica y la Asesoría Pedagógica aconsejamos limitar la carga horaria de encuentros sincrónicos a un 50% de la carga horaria total de la asignatura”. De todas maneras, destaca que desde las decisiones didácticas, “los encuentros sincrónicos son también muy válidos para determinadas instancias, como pueden ser el inicio de un contenido o el cierre, donde se necesita poder recabar consultas, dudas”.

¿Y el momento de evaluar?

Y así como el período formal de parciales y finales se aproxima, la discusión sobre la evaluación toma fuerza. Según Rocío Gómez, “podríamos detenernos en varias cuestiones: la primera, es que como institución educativa evaluamos, y evaluamos todo el tiempo, y no lo vamos a dejar de hacer.

Al contrario, creo que hay una oportunidad también que nos ofrece la virtualidad: fortalecer la evaluación del proceso del estudiante. Es bueno poder, justamente, ir evaluando al estudiante a lo largo de su proceso”.

La UCSF decidió sostener su servicio académico de manera completa y eso incluye las instancias evaluativas.
“Pensar en los criterios de evaluación, poder explicitárselos a los estudiantes, poder pensar consignas de calidad. Éstas son condiciones que van ayudando a recoger de mejor modo pistas del aprendizaje”, concluye Gómez.

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Consejos para docentes

La Profesora Ma. Rocío Gómez, responsable del equipo de Asesoría Pedagógica, es la encargada de trabajar codo a codo con los docentes. “La pandemia nos puso en situación de repensar nuestras clases para un 100% de virtualidad, y lo hemos hecho a través de producciones y reflexiones que tienen que ver con diferentes criterios para pensar la clase. La virtualidad nos exige tal vez más decisiones didácticas que las que ya teníamos que pensar con detenimiento en la presencialidad”.

Compartimos con los docentes algunas de las recomendaciones para este tiempo.

 

 

 

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Reunión virtual entre las autoridades de la UCSF y la CONEAU

Con el encuentro virtual entre las autoridades de la Universidad Católica de Santa Fe y de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria, comenzó formalmente la segunda fase del proceso de Evaluación Institucional. La reunión marcó el inicio de esta etapa de Evaluación Externa por parte de Coneau, la cual ante la situación por la pandemia del coronavirus, se desarrollará de manera virtual durante el segundo semestre del año.

Por la universidad participaron el rector, Mgter. Lic. Eugenio Martín De Palma; el vicerrector Académico, Dr. Guillermo Kerz; el vicerrector de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza; y el secretario de Gestión Estratégica, CPN Néstor Dona. Por la CONEAU, miembros de su Directorio, la Mgter. Danya Tavella y el Lic. Francisco Piñón; y la Lic. Micaela Desages, del Área Técnica.

En el marco de un momento de encuentro, la reunión fue un tiempo para dar la bienvenida -de manera virtual- a la CONEAU en vista a la visita de los pares evaluadores; y en donde cada uno de los miembros de la comunidad de la UCSF tuvo la posibilidad de compartir algunas palabras y conceptos de este proceso de Evaluación Institucional.

En su participación, el rector remarcó fundamentalmente“la importancia de los procesos de evaluación” y donde muchas de las carreras que tiene la universidad están transitando el proceso de acreditación; a la vez que compartió la experiencia del primer proceso, del cual también formara parte Néstor Dona -en su momento.

Asimismo, resaltó el hecho que en esta década la Universidad había modificado su matriz, dejando de ser solo una universidad de ciencias humanas y sociales. “Con la incorporación de la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Facultad de Ciencias Agropecuarias se generó una nueva matriz, que obviamente, nos ha enriquecido de manera significativa como comunidad, como organización, como universidad”, sostuvo De Palma.

En ese marco, aprovechó para de destacar algunas de las carreras que la UCSF comenzó a dictar en el último tiempo y que vinieron a completar la propuesta académica en la ciudad de Santa Fe, como, por ejemplo, la Licenciatura en Fonoaudiología y Farmacia, ambas de la Facultad de Ciencias de la Salud.

Por su parte, el Pbro. Lic. Carlos Scatizza, puso de relieve “la función del Vicerrectorado de Formación en cuanto a la importancia del diálogo entre ciencia, filosofía y teología”, a la vez que junto con el vicerrector Académico, Dr. Guillermo Kerz, cada uno desde su perspectiva, remarcaron el papel de la tercera función de toda institución universitaria; es decir la extensión, hecho directamente vinculado al compromiso social.

Desde la anécdota, el contador Néstor Dona pudo manifestar y expresar a través de su vida en la universidad, el sentido de pertenencia de los miembros con la institución, al señalar que “desde que comenzó sus estudios, allá por año 1978, llevo 43 años en la Universidad”.

La calidez percibida dentro la expresión de cada uno de estos actores, en un clima cordial, de calidez y de escucha mutua, fue el aspecto sustantivo destacado por las autoridades de la CONEAU.

Espacio propio
Con el objetivo de socializar entre la comunidad universitaria los aspectos más relevantes del proceso de Evaluación Institucional, a través de la página www.ucsf.edu.ar se puede acceder al micro sitio que ofrece de manera sintética y ordenada la información referida a la primera parte del proceso; contenidos que forman parte del Informe Ejecutivo.

Tras una breve introducción, es posible conocer la conformación sobre la estructura de los equipos que llevaron adelante el proceso, las variables y objetivos, así como los acontecimiento más relevantes del período que abarca esta segunda instancia de Evaluación Institucional de la UCSF.

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Recursos para la actividad docente en la virtualidad

El Sistema Institucional de Educación a Distancia (SIED) pone a disposición de todos los docentes de la universidad tutoriales y materiales para acompañar la actividad académica en la virtualidad. Accediendo desde “Tutoriales para docentes” en el Campus Virtual UCSF se abre toda una serie de recursos para aprender a usar y potenciar las aulas virtuales, crear presentaciones y videos, realizar videoconferencias o armar cuestionarios, entre otros.

Se trata de un espacio que se actualiza regularmente, que a partir del trabajo conjunto del SIED, la Secretaría Académica de Rectorado y al Área de Asesoría Pedagógica, tiene como objetivo colaborar con los docentes en el desarrollo de sus cátedras, que por estos días se desarrolla de manera virtual.

Acceder a los Tutoriales

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AQUÍ ESTAMOS: la formación de formadores como proyecto existencial

 En el marco de las 26º Jornadas para Institutos Superiores de Formación Docente – CONSUDEC que se realizaron en nuestra universidad, la Dra. Carmen González reflexionó acerca de la vocación y misión de docentes que forman a futuros docentes.

 Es caprichoso el azar

Fue sin querer…
Es caprichoso el azar.
No te busqué
ni me viniste a buscar.
Joan Manuel Serrat

 

¿Por qué estamos aquí?

Sin, duda, no estamos aquí por azar sino como efecto de una respuesta más menos velada, más o menos consciente a una llamada, una vocación. Sería triste reconocer que “andábamos por ahí”, pasábamos por donde no debíamos pasar – como dice Serrat- y decidimos estudiar un profesorado. Sin embargo, muy pocas veces hacemos el ejercicio de pensar por qué estamos aquí. Darnos hoy el espacio para esta pregunta nos permitirá redescubrir la llama que alimenta nuestra acción y -Dios quiera que podamos decirlo- también nuestra pasión.

La primera respuesta a esta pregunta, para nada trivial, podría ser que estamos aquí porque amamos la educación o más bien -ya que amar abstractos, amar ideas, es poco humano- porque amamos educar. Ahora, ¿qué es educar? Si hemos transitado la formación docente, si nos dedicamos a esto con pasión, también sería evidente decir que sabemos muy bien que educar es permitir(nos) ser más. Es esa tarea maternal/paternal de comprometernos con el cuidado del otro para que puedan ser todo lo que pueden ser.

Y si somos docentes en institutos de formación docente estará mas que claro que educar es despertar en nuestros alumnos -futuros docentes- ese compromiso moral con el cuidado del otro. Ser docentes en un instituto de formación docente es mucho más que ser un profesor; es ser un constante motivador de esa vocación que nos trajo hasta aquí, no por azar. La denominada “formación de formadores” no podrá quedar entonces en la planificación y desarrollo de ciertos contenidos exigidos institucionalmente, ni mucho menos en el despliegue más o menos ingenioso y creativo de didácticas que sepan “atraer” a los futuros alumnos y nos permitan transmitir “aprendizajes significativos” …será, más bien, la tarea inquietante de inquietar día tras día con la pregunta del por qué estamos aquí. Será, en definitiva, la tarea de mantener despierta la mirada de los futuros docentes hacia su propia vocación porque detrás de cada planificación de clases deberá estar viva la pregunta del para qué lo hago. Y será plenamente fundante la respuesta que nos repita una y otra vez: “porque quiero que sean más”!!

¿Qué es educar?

“¿Qué otra cosa queremos alcanzar con la educación, sino que el joven que se nos ha confiado llegue a ser un hombre verdadero y sea auténticamente él mismo? Pero, ¿cómo se puede alcanzar esta meta? Una cosa parece clara: para poder alcanzar esto, el educador debe poseer una clara percepción y un juicio verdadero sobre todo ello: en qué consiste la meta de la educación, es decir, el verdadero ser del hombre y la verdadera individualidad.”

 

Estas son palabras de Edith Stein en una conferencia titulada “Verdad y Claridad en la enseñanza y en la educación”, en el año 1926, cuando era profesora en la Escuela de Magisterio de las Hermanas Dominicas de Espira, Alemania. Ella nos lleva al centro de la pregunta que hoy debemos volver a pensar: cuando decimos educar, ¿a quién se dirige nuestra acción? En primer lugar, debemos decir que quien (se) educa es la Persona puesto que solo las Personas pueden educarse. Sólo las personas están constituidas por rasgos o facultades que le permiten ir haciéndose, ir siendo cada vez más plenos.

Algunos filósofos españoles denominan a este rasgo como lo propio de ser “proyectos inacabados”, siempre pro-jectados, es decir, movidos a ser más que aquello que comenzamos siendo. Venimos al mundo como los seres mas desprotegidos e inacabados desde el punto de vista natural o biológico, pero en esa carencia radica la mayor riqueza de las personas: poder decidir qué quiero ser.

En los tiempos que vivimos, una afirmación como ésta podría abrir la puerta a una serie de manifestaciones tan de moda como el supuesto derecho a decidir qué quiero ser, tal y como si al llegar a este mundo fuéramos una nada que tiene por delante todo el abanico de posibilidades para elegir quien quiere ser (nada más cercano a la sensación de angustia real de  estar frente a una inmensidad con la obligación de elegir sin saber qué ni para qué, pero  en una solitaria libertad).

Nada más lejos de esta idea es aquella que nos invita a convertir nuestra vocación docente en un real proyecto existencial. Por medio de la educación toda persona, tanto la del docente como la del alumno, va actualizando sus potencias; aquellas que les fueron dadas desde el momento en que comenzamos nuestras existencias pero que solo serán potencias -es decir, capacidades- si no encuentran a quien las descubra y ayude a desarrollarlas. Somos desde el primer instante de nuestras existencias una integralidad de corporeidad, afecciones y conciencia libre. La ciencia del hombre que nos haga capaces de comprender al propio ser humano, deberá ser una ciencia “omniabarcante” que lo estudie en su individualidad y en su sociabilidad, en lo corporal, lo psicológico-anímico y lo espiritual, en sí mismo y en las realidades espirituales a las que da lugar y de las que forma parte, como la comunidad, el estado, el lenguaje, etc. La individualidad es consustancial al ser humano, y en la vida real lo que encontramos son seres humanos concretos, que podemos entender y explicar en lo esencial como una persona espiritual, pero este individuo vive en relación con sus semejantes formando parte de colectividades como la tribu, el pueblo o toda la humanidad, y por ello no puede obviarse ese estudio en quien educa a niños o jóvenes.

Educar será, pues, tender la mano a quien está entrando en el mundo cultural de la Humanidad que siglo tras siglo produce y cristaliza conocimientos que pueden mejorar nuestra calidad de vida. No podemos renunciar entonces ni a ejercer nuestra autoridad -en tanto responsabilidad y no poder- ni a la transmisión de una tradición cultural que lejos de repetir fosilizando los conocimientos los ofrece para una nueva y constante resignificación. Estamos aquí, en resumen, porque tiene sentido ser mediadores entre la historia de la Humanidad y el presente de unas personas que quieren ser más y mejores seres humanos.  Estamos aquí porque podemos renovar día tras día la vocación de despertar nuestras conciencias a través de la formación de formadores.

 

¿Cómo formar formadores?

 

En principio esa descripción que acabamos de ver puede dejarnos en un terreno plagado de incertidumbres, tironeos y exigencias pesadas de cumplir. Sin embargo, no hay allí nada nuevo respecto de lo que venimos hablando; al comienzo se nos plantea el desafío de estar frente a una sociedad, unos padres, unos alumnos y un sistema educativo que espera de nosotros que seamos “idóneos, cultos y agentes de cambio” … ¿por qué debería ser éste un reto para el docente del siglo XXI si aceptamos la vocación que nos compromete en el cuidado del oro para que sea más? Es decir, si hemos definido a la educación como ese compromiso por hacer que cada uno de nuestros alumnos sea más… ¿cómo puede un docente no ser agente del cambio?!

Luego se describe como aspiración de la sociedad, que los docentes “actualicen constantemente sus conocimientos” …pero si decimos que los educadores son los mediadores entre el legado de la cultura y las nuevas generaciones, ¿cómo no estar actualizando permanentemente nuestros conocimientos?!

Luego, hacia el final se nos recuerda que los estudiantes de hoy exigen una educación compleja y que nosotros somos los responsables de nuestro aprendizaje…claro… ¡por eso estamos aquí!!! Lo que quiero mostrar es que solemos caer en la tentación de sentir que estamos sobre-exigidos y que se pide demasiado de nosotros cuando “nos preparamos para otra cosa” y “los alumnos eran distintos” …en realidad, si transitamos la formación docente hace un tiempo como estudiantes y hoy como docentes “no es por azar” sino porque es parte de un compromiso existencial. Vivimos para educar y para ayudar a otros a que lo hagan, con sentido y sino, será hora de ir aceptando que confundimos la vocación docente con una profesión más. Será hora de repensar qué docentes queremos ser.

Aún así, la formación de formadores se encomienda también a organismos oficiales de gobierno que trabajan por orientar mejor nuestra tarea y todos esos retos que veíamos en el video también son asumidos por quienes nos proponen un modo adecuado de llevar adelante la tarea docente. Por ejemplo, el Consejo Federal de Educación, en la Resolución N° 286/16 aprueba el Plan Nacional de Formación Docente 2016-2021 para orientar la formación inicial y continua de los docentes. Allí leemos que “este plan propone políticas para formar profesores sólidos, autónomos, críticos, creativos y comprometidos”[1], es decir, que se propone brindar líneas de orientación para hacer que los docentes seamos competentes y agentes comprometidos con el cambio. Para ello centran su propuesta en cuatro principios que guiarán las políticas nacionales de formación docente y que, por ende, deberíamos atender:

  • Un principio vinculado con la justicia educativa por la cual los docentes deberíamos ser capaces de lograr que todos los estudiantes desarrollen sus capacidades fundamentales comunes considerando, a la vez, los diferentes contextos, culturas y estilos de aprendizaje.
  • Un segundo principio que apunte a la valoración del docente “promoviendo su desarrollo, fortaleciendo su motivación, capacidades y colaboración entre ellos”[2].
  • Un tercer principio que busca la centralidad de las prácticas interpelando las prácticas profesionales a lo largo de toda la formación inicial y “abriendo las aulas a otras miradas para expandir la reflexión pedagógica sobre cómo construir una enseñanza eficaz, ética y con sentido de justicia social”.
  • Un curto principio que busca renovar la enseñanza incorporando nuevas tecnologías, pero “sobre todo renovando la experiencia escolar a través de prácticas pedagógicas abiertas a la diversidad, la expresión, la exploración…a la pasión por aprender durante toda la vida”.

No hay forma de pensar que la formación docente se acaba al finalizar el trayecto en los Institutos, la capacitación permanente es resultado de una mirada continua sobre nuestra vocación en los contextos en los que nos toca actuar.

Ahora bien, una mirada que vuelve sobre nuestra vocación nos exige también una mirada sobre aquellos a quienes consagramos esa vocación. Es verdad que las nuevas generaciones de estudiantes -de todos los niveles de la educación formal- reclaman una revisión de los modos en que vinimos ejerciendo nuestra docencia hasta ahora.  En la Resolución N° 330/17 el Consejo Federal de Educación podemos encontrar otra guía; allí se afirma que: “Garantizar el derecho a aprender en el siglo XXI implica que todos los estudiantes puedan desarrollar las capacidades necesarias para actuar, desenvolverse y participar como ciudadanos en esta sociedad cada vez mas compleja, con plena autonomía y libertad” y ofrece, en consecuencia el Marco de Organización de los Aprendizajes en el cual se indica transformar los procesos de enseñanza desde la perspectiva de las disciplinas hacia la perspectiva de las habilidades o competencias que atraviesan los contenidos disciplinares.

Podríamos creer que estamos hablando de este tipo de demanda:

 

y entonces llenamos las aulas de computadoras y estamos listos para encarar los nuevos desafíos. Lo que esos chicos describen como en el nuevo modo de aprender que ellos necesitan, nos reclama los docentes el desarrollo de ciertas habilidades. El MOA del que hablábamos recién menciona seis capacidades fundamentales para los procesos de enseñanza y aprendizaje de aquí a 2030:

  • Resolución de problemas: el estudiante reconoce los saberes adquiridos que le son útiles e identifica los saberes que necesita adquirir.
  • Pensamiento crítico: supone analizar datos e información que le permiten al estudiante argumentar sus posiciones.
  • Aprender a aprender: implica conocer y comprender las necesidades personales de aprendizaje.
  • Trabajo con otros: desarrolla la capacidad de interacción, escucha y reconocimiento de las diferencias.
  • Comunicación: supone la posibilidad de seleccionar y procesar críticamente la información obtenida de distintas fuentes poniendo en relación ideas y conocimientos nuevos con los ya adquiridos.
  • Compromiso y responsabilidad: capacidad de comprometerse con otros interviniendo de modo responsable para con uno mismo y con los demás.

Por lo que vemos, estos estudiantes del siglo XXI requieren docentes permanentemente en revisión de sus prácticas y que asuman mas que nuca su rol de mediadores. El docente es siempre un puente entre la cultura y sus “nuevos habitantes”, no para repetir el conocimiento sino para provocar preguntas que muevan a nuevos conocimientos alentando el trabajo colaborativo, respetuoso y crítico de las nuevas generaciones. En eso consiste la autoridad del docente que debe ser, como vemos, un docente permanentemente “revisado” por sí mismo en sus propias prácticas. En esto consiste la formación permanente a la que estamos convocados.

Consideraciones finales

Como Decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades de esta Casa tengo en mis manos y por estos días la presentación de tres Planes de estudio de Ciclos de Complementación Curricular que pretenden revalidar los títulos de formación inicial en institutos no universitarios para otorgar títulos de Profesorado en enseñanza superior; con ocasión de esta presentación tuve la oportunidad refrescar esta idea de una formación continua en vistas a una pronta acción de evaluación y acreditación de la calidad de la formación docente de parte de una comisión nacional creada a tal fin. En ese contexto vuelvo a encontrarme con esta invitación a pensar la formación docente “como un proceso integral que tiende a la construcción y apropiación crítica de saberes disciplinares y de herramientas conceptuales y metodológicas para el desempeño profesional. Se trata de un proceso permanente que se inicia con la formación de grado y se continúa a lo largo de toda a carrera profesional”[3].

¿Por qué estamos aquí? Nos preguntábamos al comienzo de esta exposición y creo haber podido desandar algunas cuestiones que nos ayudan a responder esta pregunta. Estamos aquí, esta mañana, porque nuestro rol de formadores de formadores no puede dejarnos indiferentes ante las demandas del contexto en el que ejercemos nuestra vocación. Estamos aquí porque creemos urgente seguir revisando nuestras prácticas, nuestros suelos tan seguros por momentos y tan resbaladizos tan a menudo; necesitamos volver a preguntarnos si haber entrado en el Instituto como docentes fue por azar o fue la respuesta a una llamada. Responder optando por la segunda opción es reconocer la necesidad de mantener encendida la llama que nos anima, a seguir siendo “fuego que enciende otros fuegos”, a seguir siendo, más que docentes, educadores.

 

[1] ANEXO RES. CEF N° 286/16, pag. 3

[2] Ibid, pag. 5

[3] LINEAMIENTOS GENERALES DE LA FORMACIÓN DOCENTE COMUNES A LOS PROFESORADOS UNIVERSITARIOS, Consejo Interuniversitario Nacional, 2012, pag. 2

¿Cómo formar formadores?

[video src="https://www.ucsf.edu.ar/wp-content/uploads/2019/08/consudec-1.mp4" /]

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Talleres para la elaboración de programas de asignaturas de la UCSF

En el marco de la Propuesta de Formación Docente para el Profesor Universitario de la UCSF 2019, se dictarán los Talleres para la elaboración de programas de asignaturas de la UCSF, organizados y desarrollados por el Equipo de la Asesoría Pedagógica, dependiente de la Secretaría Académica de Rectorado.

Esta propuesta de formación, coordinada por la Prof. Ma. Rocío Gómez, la Mgter. Maricel Lederhos y la Prof. Emilse Pascual, se propone como objetivos que los docentes asistentes puedan: identificar las funciones pedagógicas de la programación anual, concebir las propuestas de planificación como instancias flexibles, sujetas a mejoras continuas, valorar la propuesta anual como guía para la enseñanza del profesor y el aprendizaje del estudiante y elaborar una propuesta orgánica coherente con el modelo educativo de la Universidad y el perfil profesional deseado.

Los ejes temáticos, siguiendo los “Lineamientos para la construcción de programas de asignaturas de la UCSF” (Resolución CS N° 6852), son los componentes curriculares que integran un programa de asignatura pensándolos como herramientas que permitan sistematizar la propuesta de enseñanza, evidenciando la intencionalidad pedagógica y guiando de este modo al estudiante en su proceso de aprendizaje.
Entendiendo que la profesionalidad docente se evidencia en su capacidad de ofrecer una propuesta que tenga al aprendizaje como su principal objetivo, aspiramos a seguir fortaleciendo este espacio, ya que la enseñanza constituye uno de los principales factores de una formación profesional universitaria de calidad.

Facultad de Ciencias de la Salud

Días atrás se realizó el taller destinado a los docentes de la Facultad de Ciencias de la Salud. De este, participaron docentes de las carreras: Licenciatura en Nutrición, Licenciatura en Terapia Ocupacional, Licenciatura en Fonoaudiología y Licenciatura en Obstetricia.

 

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Experiencias docentes innovadoras

En el marco de la carrera docente de la UCSF y como instancia de acompañamiento para la formación continua, se realizó la Jornada de “Intercambio de experiencias didácticas tendientes a la innovación en la Universidad”, organizada por la Asesoría Pedagógica dependiente de la Secretaría Académica de Rectorado y aprobada por Resolución de Consejo Superior Nº 10.293 (Anexo II).
La actividad estuvo centrada en lo que efectivamente se está haciendo en las aulas y espacios de nuestra Universidad y de otras a partir del intercambio entre los docentes universitarios de experiencias pedagógico-didácticas tendientes a la innovación, en tanto, una modificación de la relación del alumno y del docente con el saber.
Los distintos expositores fueron explicitando, a partir de sus relatos, criterios de relación entre el saber y la experiencia del docente. En éstos se incluyen tanto el saber disciplinar como el saber que sostiene el hacer educativo, para profundizar en el sentido en relación con perfiles profesionales específicos. De este modo, se favorece la producción de conocimiento acerca de la Didáctica de la disciplina específica y de la Didáctica Universitaria.
Las experiencias presentadas y sus autores fueron las siguientes:

• “Wikipedia en el aula universitaria. Búsquedas de un Taller de Medios Digitales” – Milagros Vigil – Pablo Bongiovanni (Facultad de Humanidades UCSF)
• “Cooperativa del saber, una alternativa en el intercambio académico” – Romina De Lorenzo (Facultad de Psicología UCSF)
• “La extensión de cátedra, una experiencia clave en el desarrollo del Curso de Patología y Terapéutica de la Construcción” – Manuel Mina y Rudy Grether (Facultad de Arquitectura UCSF)
• “Matemática en contextos. Enseñanza, Aprendizaje y Evaluación” – Cecilia Municoy, Cristina Rogiano, Gabriela Roldán y Claudia Zanabria (Facultad de Ciencias Económicas UNL)
• “Integración de concursos a trabajos prácticos” – Silvano Giurdanella y Gonzalo Savogin (Facultad de Arquitectura UCSF)
• “Estrategias aplicadas al desarrollo de habilidades como Abogados en Derecho de Familia” – Magdalena Galli Fiant (Facultad de Derecho y Ciencia Política UCSF y Facultad de Ciencias Jurídicas UNL)
• “El trabajo de investigación científica en la Universidad” – Rubén Román y Hugo Ramos (Facultad de Ciencias Económicas UCSF)
• “2010/2018. Ocho temporadas” – Claudia Kilibarda (Facultad de Derecho y Ciencia Política UCSF)
• “De la evaluación por contenidos a la evaluación por competencias” – Adriana Autelli y Celeste Nessier (Facultad de Ciencias de la Salud UCSF)
• “Matemática Básica. Multiplicidad de espacios de aprendizaje. Jornadas” – Jimena Villias y Leonardo Avigliano (Facultad de Ciencias Económicas UNL)
• “Un saber (su)puesto” – Julia Kozol (Facultad de Psicología UCSF)
• “Propuestas integradas de mejoramiento del hábitat. Caso: Barrio Paprocki – Comuna de Monte Vera” – Matilde Martínez (Facultad de Arquitectura UCSF)

Se aspira a seguir fortaleciendo este espacio y la convocatoria para lograr crecer en el conocimiento acerca de las particularidades de la enseñanza en el nivel universitario. Esto, en una conciencia compartida del aporte de cada uno a la propuesta educativa institucional y en el carácter de búsqueda permanente, propia de la actividad docente.

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