El bullying es un problema de niños que se resuelve con la intervención del adulto

El fenómeno del bullying preocupa a padres y educadores. Su visibilización en casos cercanos actualiza esta discusión y nos recuerda que no debemos ignorar las señales de alerta, y abrir el diálogo con los niños y jóvenes.
En este sentido, la psicóloga Ana Luisa Natta lo define, y diferencia de otros comportamientos agresivos, como un fenómeno de agresión injustificada, que se caracteriza porque se perpetúa en el tiempo; porque es una agresión premeditada y porque hay una diferencia de poder entre el agresor y la víctima.
Esta agresión puede tomar diferentes formatos, como el bullying físico que se ve en edades más pequeñas, con conductas como empujar, pegar, patear, robar cosas a los chicos, quedarse con el dinero para la merienda. Otro tipo es el verbal, que consiste en agredir por algún defecto, es un ataque permanente acerca de cosas particulares, y específicamente a ese niño. En adolescentes, se busca excluir del grupo, que no forme parte. Se lo va aislando.
En el bullying se da una relación tríadica, entre el agresor, la víctima y el grupo, los espectadores. Hay uno que es el que agrede, pero ese que agrede siempre tiene un entorno que lo sigue porque si no, no tiene gracia.
Muchas veces nos enfocamos en las características de las víctimas, y dejamos de lado las características del que agrede. A estos niños o adolescentes que agreden les gusta tener cierto poder, son de imponer mucho su voluntad y tienen un grupo que lo sigue. Y tiene gracia, porque hay otros que lo están viendo.

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Pero el que siempre lo ve es ese grupo que lo acompaña, no el adulto. Por eso es importante el rol del adulto. El bullying es un problema de niños pero que se resuelve con la intervención del adulto.
La personalidad de los chicos que son agredidos es introvertida, son más tímidos, inseguros. Entonces el agresor se aprovecha de esas características. Y ahí es muy importante el rol de los adultos en la casa, en la escuela y de manera individual, cómo ayudarlo. Para que aparezca esto, hay adultos que no estamos mirando lo que está pasando. Es fundamental el rol de la familia, el rol de la escuela y de los profesionales para darle herramientas a ese chico cuando llegan al consultorio.
En la familia, los padres tenemos que poder hablar, y detectar situaciones de agresión hacia nuestro hijo, o si es nuestro hijo el que está realizando esta práctica. El no poder detectarlo, en realidad, es un fracaso nuestro como padres y como adultos.
Tenemos que tratar de conversar con nuestros hijos como padres, pero también los hermanos mayores, primos, todos tenemos que estar atentos y poder conversar con ellos. En las escuelas, cuando esto se detecta, es muy importante que se pueda hablar de esto, generar espacios para diálogo.
También es importante prestar atención a este grupo que sigue al agresor, estos niños que de alguna manera son cooptados por el que practica el bullying. Es muy importante hablar dentro de la familia, porque si hablamos con nuestro hijo y él nos dice que está en estas situaciones, decirle que él se puede ir saliendo, dejando de viralizar videos, de festejar situaciones y esto va a ayudar a que merme.
Es importante puntualizar que estas situaciones de agresiones reiteradas van a ser vividas de manera diferente por cada uno, dependiendo de su personalidad. “Por eso insisto que es muy importante la familia, que sepa cómo es su hijo, y pueda ayudarlo por lo que está pasando. Porque hay chicos que pueden superponerse a estas situaciones y a otros les cuesta mucho más” enfatizó la Psi. Natta.
La manera de desactivar estos procesos, estas situaciones, es hablando, es externalizándolas y contándolas. Es decirlo. Si no es a un profesional, a un amigo, a un familiar; incluso transmitírselo al docente si como padres pensamos que esto puede estar pasando.