Niñez, adolescencia, familia y pandemia

Desafíos y aprendizajes ante los cambios en las rutinas cotidianas.

Para la psicología, la pandemia se ha convertido en fuente de nuevos desafíos y aprendizajes en el campo laboral, ante la gran necesidad que había de parte de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos mayores, principalmente a partir de los cambios en la vida cotidiana.

Un sinfín de problemáticas y acontecimientos que han desestructurado la rutina de las personas y sus grupos familiares. La Lic. Ana Luisa Natta, secretaria Académica de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa Fe, especialista en niños, adolescentes y acompañamiento a la familia; nos habla de los mayores desafíos que se han tenido que superar y que aún se siguen atravesando en este tiempo de “eterna pandemia”.

“Al principio, seguramente fue maravilloso, cocinamos, comimos, nos encontramos con nuestras familias compartiendo diferentes cosas, después empezó cierto malestar, con el tiempo a cansar y hoy en día, ese cansancio se padece”, expresa la especialista, y añade: “Es real que no podemos dejar de contemplar la multiplicidad de realidades. Hay familias que la han pasado muy bien, donde cocinar estaba buenísimo, compartir juegos y otros espacios era lo ideal y otras familias donde realmente hubo cierto caos. Nos hemos encontrado con una multiplicidad de situaciones complejas para lo que son las familias”.

Para muchos adolescentes quedar atrapados en el contexto de la familia implica un desafío muy grande, en tanto se trata de un momento donde deseas salir y explorar. Los profesionales han realizado varias recomendaciones desde el área psicológica durante este proceso de pandemia y han tratado de habilitar espacios para que los niños y adolescentes puedan intercambiar momentos con los pares, desde la virtualidad o cuando se pudo empezar a salir, en el contacto con otro, en un lugar abierto y en espacios cuidados.

Estos encuentros no sólo implicaban el decir que me pasaba a mí, sino también hablar sobre qué siento, cómo me siento y también escuchar a mi par. En ese escuchar al otro, puedo descubrir que lo que a mí me pasa no es tan difícil, no es tan terrible, o no me encuentro solo atravesando esta situación. “Muchas veces, nos encontramos con que trabajando con adolescentes es más difícil porque hay muchísimos cambios, no solamente físicos sino también psíquicos”, agrega Ana Luisa Natta.

En un primer momento nos encontramos con que debíamos quedarnos en casa, “encerrados”, y ahora se va abriendo el espacio con una responsabilidad que nos compromete a todos. “Desde lo que se llama la psicología del cuidado: me cuido para cuidarte, si yo me cuido, nos podemos reunir en espacios abiertos, compartir un rato, cada uno con su mate, pero evitar esos espacios cerrados porque no solo me estoy cuidando yo y mis amigos, sino, que en casa estoy cuidando a mi papa, mi mama, mis hermanos mis abuelos”, describe la profesional.

Ana Luisa Natta, Secretaria Académica de la Facultad de Psicología
Ana Luisa Natta, Secretaria Académica de la Facultad de Psicología

Nuevas rutinas, nuevo desafíos

Una de las instituciones que generaba las rutinas familiares eran las escuelas, y en esta vuelta a la presencialidad, los más chiquitos se han acostumbrados a todos los protocolos de seguridad y a los más grandes es a quienes les cuesta más.

 Los chicos son los que más se cuidan y respetan. Es real que este período se hizo extenso, y que perdieron esto de mantener las distancias y se juntan. También es real que muchos chicos han quedado con miedos. ¿Si salgo y me contagio?, ¿si salgo y enfermo a otro? Porque lo que tiene este virus es que es invisible y de contagio humano, entonces genera una fantasía y un fantasma que de acuerdo a la personalidad de cada uno, algunos no quisieron y no quieren salir”, señala Natta.

Ante esta situación de pandemia, aparecen las distintas personalidades de los chicos y de sus estructuras. Aparecieron rasgos depresivos, otros donde se exacerbó la impulsividad. Asimismo, hubo muchos trastornos en las conductas alimentarias, así como casos de ansiedad; tanto en la niñez como en la adolescencia, y en los adultos.

Desde estas nuevas experiencias y situaciones, la secretaria Académica valora todo lo aprendido: “Sabemos que no somos los mismos que el año pasado”. Al mismo tiempo resalta la necesidad de trabajar con los adultos la organización de los niños, “en transmitir un mensaje de que esto va a pasar, porque realmente va a pasar, en un tiempo. No sabemos cuándo, pero va a pasar. Por eso debemos organizarlos y conectar a los más jóvenes con lo que a ellos les gusta: el deseo, el compartir, el disfrute. En poder poner la energía en las cosas que nos hacen bien”.


Publicado en Ellitoral.com



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