Nutrición en emergencias: un espacio que necesita la mirada de todos

El mundo nos está haciendo llamadas constantes para revisar nuestras prácticas como humanos, como habitantes de un hogar con recursos limitados. También nos invita a pensar en modos de actuar, de arreglar y componer ciudades y países que por momentos se rompen. En estos escenarios de emergencias y desastres, y en la mayoría de los países, lo nutricional no posee el análisis ni la importancia que debería tener. En la búsqueda de soluciones y respuestas, Celeste Nessier, coordinadora de la Licenciatura en Nutrición de la UCSF y especialista en promoción de la salud, representó a la Argentina en el Primer Taller Latinoamericano de Nutrición en el lactante y el niño pequeño en contexto de emergencias, que se realizó semanas atrás en México.

Celeste viajó a Guadalajara, México, habiendo aplicado a una convocatoria propuesta por la Sociedad Latinoamericana de Nutrición (SLAN) para todos los países de América Latina y el Caribe, con el objetivo de generar un taller que abordara una problemática de relevancia para la salud pública. Además de la SLAN, esta actividad fue convocada por UNICEF y el Instituto Nacional de Salud Pública de México, con la finalidad de capacitar y sensibilizar a los profesionales vinculados a situaciones de respuesta a emergencias humanitarias y desastres en el campo de la nutrición y la seguridad alimentaria. De este modo, se pretende proteger y mejorar las prácticas adecuadas en esta porción etárea y en este tipo de contextos.

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Nuestra región se encuentra expuesta a muchos más desastres que en tiempos anteriores y esto necesita del entrenamiento de los profesionales involucrados, como también una planificación estratégica por parte de los gobiernos para sobreponerse a este tipo de crisis. Específicamente en México, todo esto surge como una problemática y una búsqueda de respuestas luego del terremoto sucedido en 2017, que dejó un saldo de más de 400 muertos y un sinnúmero de afectados por atender tanto en lo físico y nutricional como en lo anímico y mental, englobando a la salud en su totalidad.

“Si lo podemos ver en una comparativa, en la década de los ’60, en la región de las Américas sucedieron 16 desastres. Hoy la cifra asciende a 70, y entre ellos podemos diferenciar lo hidrometereológico, terremotos, huracanes, inundaciones, como así también las corrientes migratorias que ponen en situación de vulnerabilidad la salud de las poblaciones y que se presentan como emergentes sociales que necesitan de una respuesta”, comenta Nessier.

Las amenazas son muchas ya que en el último año no solo aumentó la cantidad sino también las intensidades de los desastres y catástrofes, y en este contexto, un tercio de la población de la Región de las Américas vive en lugares de alto riesgo, en donde aumentó tres veces la cantidad y nueve las pérdidas económicas.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el taller no solo abarcó lo estrictamente médico-nutricional sino también el análisis de lo que dejan estas situaciones y a lo que exponen. La Lic. en Nutrición habla de un momento de choque que se vislumbra en las pérdidas de activos y medios de vida y en el cómo manejarse luego de esto, ya que el impacto es a nivel doméstico pero también a nivel nacional. Las sequías, por ejemplo, son las que más atañen a las poblaciones, que son las que más secuelas dejan y las más difíciles de sobrepasar.

El ámbito nutricional en los desastres no está muy tratado y menos hablando de los niños pequeños. Muchas veces nos encontramos con una perspectiva enfocada solo en la inocuidad, es decir, que los alimentos no enfermen, pero poco nos ocupamos de la calidad. Es por esto que la intención del taller era pensar cómo reforzar etapas tan vulnerables, como el embarazo o los niños menores de 2 años.  “En momentos tan cruciales, es necesario brindar y crear estrategias específicas para proteger la vida, teniendo en cuenta que los impactos en estas etapas, pueden tener consecuencias a muy largo plazo”, afirmó la coordinadora de la carrera de la UCSF.

Para poder actuar frente a las emergencias es necesario poder distinguirlas entre aquellas que se denominan súbitas o cortas, que tienen como consecuencia la pérdida de vida de un modo muy vertiginoso y rápido, y las más extensivas o persistentes, en donde las vidas se van perdiendo a lo largo de un tiempo determinado, por ejemplo, por desgaste causado por una desnutrición presente y frecuente.

Celeste destacó la importancia de generar este tipo de encuentros y talleres en el marco de un congreso latinoamericano, con representaciones de todos los países, teniendo en cuenta que la experiencia pone de manifiesto variadas fallas al momento de dar respuesta. “Nos encontramos con respuestas lentas, con análisis precarios y parciales de la situación, porque muchas veces en la forma de responder se reproducen y/o profundizan las vulnerabilidades de los grupos poblacionales afectados. Las personas que sufren estas crisis quedan en una total desventaja al no poder acceder a un análisis general e integral de lo que está ocurriendo. Así, tampoco hay respuestas estratégicas desde lo nutricional para los niños, las mujeres o los ancianos, lamentablemente, porque las agendas humanitarias cada vez son más políticas”, comentaba la especialista.

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Así, en este encuentro latinoamericano se pensaron actividades, marcos de trabajo, se proveyeron documentos técnicos, se marcaron estándares legales, técnicos y éticos, como así también acciones para ser llevadas a cabo previamente, durante y posteriormente a una emergencia en particular.

La coordinadora también habló de diferentes ejes a tener en cuenta en lo que refiere a la salud alimentaria en los países y regiones: la atención de la desnutrición, ya que, el 45% de las muertes de niños en el mundo se deben a esto, pudiendo ser totalmente evitables. La capacidad de prevenir y de actuar deben ser principios rectores, al momento de responder ante un desastre. También puso de relieve, el abordaje comunitario de la nutrición para la recuperación de la desnutrición, es decir, la posibilidad de manejar desde el hogar los hábitos y los alimentos a consumir por cada familia.

Otro de los ejes es pensar en los medios de vida que tiene la población que está atravesando una gran pérdida, tratando de fortalecer aquello que proporciona alimento a las personas de determinada región, para que eso mismo pueda ser una estrategia y una respuesta nutricional frente a una emergencia.

Sorpresivamente, el tercer punto para trabajar en situaciones de emergencia es desalentar la donación de sucedáneos de la leche materna para niños. “Es muy común que, al encontrarnos en estos escenarios, en lo que primero se piensa es en donar fórmulas, chupetes y mamaderas, entre otras cosas. Es necesario desnaturalizar la práctica de la donación de este tipo de productos porque, en la mayoría de los casos, este tipo de desastres hacen que posiblemente no se cuente ni con los medios ni con los utensilios necesarios para preparar dicha fórmula, ni para garantizar que no se contamine. Por otra parte, y más importante aún, un niño que se encuentra en etapa de amamantamiento y entra en el mundo de las fórmulas hace que una etapa de lactancia se pierda. Esta práctica, muy por el contrario de lo que se cree, incrementa la probabilidad de enfermar y/o de morir de los niños en estos contextos”.

Finalmente, se habló de la importancia de involucrar a los medios de comunicación para desalentar esta práctica, como así también de la participación de las ONGs en el mismo sentido, solicitando que sea el Gobierno y los organismos de salud los que se encarguen de la logística y prescripción según el análisis previo de la necesidad o no de este tipo de productos para que solamente sean suministrados si fueran realmente necesarios.

Este taller culminó con la conformación de un grupo operativo de personas capacitadas para dar apoyo técnico directo en la elaboración de planes de trabajo y respuesta en emergencias, desde lo nutricional. En esto, la sinergia entre los representantes de los diferentes países fue fundamental para colaborar mutuamente, sabiendo que tenemos situaciones similares que se responden de diversas formas en lo político, social y económico.