Encuentro preparatorio hacia “La Economía de Francisco”

En el marco de la convocatoria del Papa Francisco a jóvenes economistas, empresarios y estudiantes al evento “La Economía de Francisco”, la UCSF realizará un Encuentro preparatorio el próximo 19 de marzo, a partir de las 17 horas.

Bajo la modalidad de mesa redonda, se invita a investigadores, docentes, alumnos e interesados en la temática, con la finalidad de reflexionar en torno al Mensaje de Francisco para el encuentro “Economy of Francesco”.

La propuesta del Vicerrectorado de Formación, el Instituto de Ecología Humana y Desarrollo Sustentable de la Facultad de Ciencias de la Salud, la Facultad de Ciencias Económicas y la Facultad de Derecho y Ciencia Política apunta a hacer emerger el pensamiento y la acción económica de los jóvenes, promoviendo una actividad académica de formación profesional al servicio de la sociedad.

 

Asís 2020

“La economía de Francisco” es el título del encuentro, evocando el surgimiento de los primeros bancos de mano de los franciscanos y la necesidad de superar la visión de la empresa tradicional como productora de ganancias.

Originalmente convocado para marzo de 2020, debido a las dificultades de los jóvenes para viajar a Italia, “La economía de Francisco” se celebrará en la ciudad de Asís, el 21 de noviembre.

Este espacio de reflexión tendrá como participantes a jóvenes economistas, empresarios y estudiantes menores a 35 años de cuarenta y cinco países los que abordarán temas vinculados a la economía social, la pobreza y el medio ambiente, profundamente atravesados por el concepto de ética ambiental.

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Para compartir Esperanza

En la Fiesta litúrgica de San Antonio de Padua (a quien le pedimos en nuestras oraciones el “pan de los pobres”) del año 2017, y como fruto del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, el Papa Francisco decidió instituir en la Iglesia una nueva jornada especial, como es la Jornada Mundial de los Pobres1.

 

La misma se celebra el domingo anterior a la Solemnidad de Cristo Rey, como una manera de disponernos para poner todos nuestros sentidos y amor en aquel cuya realeza emerge con todo su significado más genuino en el Gólgota, cuando el Inocente clavado en la cruz, pobre, desnudo y privado de todo, encarna y revela la plenitud del amor de Dios. Su completo abandono al Padre expresa su pobreza total, a la vez que hace evidente el poder de este Amor, que lo resucita a nueva vida el día de Pascua (Francisco, mensaje para la I Jornada de los Pobres).

 

El objetivo de esta Jornada es estimular a los creyentes y a todos los hombres, independientemente de su confesión religiosa, para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro y para que se dispongan a compartir a través de diversas acciones solidarias, con los pobres como signo de fraternidad. Los pobres no son estadísticas, un numero frío para lucrar políticamente, conseguir financiamiento o especular socialmente. Son hombres y mujeres, niños y ancianos, jóvenes sanos y enfermos muchas veces invisibilizados pero que siguen estando presentes y esperando ser vistos.

 

Conocemos la gran dificultad que surge en el mundo contemporáneo para identificar de forma clara la pobreza. Sin embargo, nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada. (Mensaje, 1 Jornada de los pobres 5)

En las tres Jornadas (2017-2018 y la presente) el Papa Francisco nos propone reflexionar sobre quién es el pobre y nos invita a cambiar la mirada indiferente de quienes son espectadores de un doloroso show que no los compromete o una realidad ante la cual estamos impotentes (“no puedo hacer nada”, “otros son los que tienen que hacer algo”) para no ser inactivos, ni resignados. Así quiere ayudarnos a salir de la lógica de acciones aisladas que sólo acallan la conciencia pero que no producen una conversión verdadera, ni el cambio de la situación de estos hermanos y hermanas nuestras que nos siguen tendiendo su mano. Experiencias muy buenas, pero insuficientes si no crean un verdadero encuentro con los pobres y que den lugar a un compartir como estilo de vida.

 

La salida al encuentro de nuestros hermanos pobres (sin prejuicios, sin peros, sin condiciones) es consecuencia de lo que se celebra sobre el Altar, la presencia de Jesús Eucaristía. “Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía. El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: «Si quieren honrar el cuerpo de Cristo, no lo desprecien cuando está desnudo; no honren al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidan a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez» (Hom. In Matthaeum, 50,3: PG 58)” (Francisco, 1 Jornada mundial de los pobres 3).

 

Este año la, Jornada de los Pobres tendrá lugar el próximo 17 de noviembre, bajo el lema: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”, es una apremiante invitación a llevar esperanza a quienes de diversas maneras se encuentran en situación de pobreza, esclavitud, descarte y marginalidad. Llevar esta esperanza es parte central del anuncio del Evangelio, sobre todo si tenemos en cuenta que las palabras con las cuales Jesús comienza el anuncio del Reino son “Bienaventurados los pobres…”2.  A veces hace falta muy poco para devolver la esperanza, dice el Papa, basta con detenerse, sonreír y escuchar.

 

En el mensaje para esta Jornada Francisco tiene palabras especiales para los voluntarios, aquellos que en primer lugar y con mucha generosidad se acercan a los pobres, los primeros en mirar a los ojos y tocar las llagas de nuestros hermanos (las de Cristo), los invita a volver a lo esencial, más allá de las miserias materiales, a llegar a la bondad escondida en el corazón.

Cuando en el relato bíblico de la muerte de Abel, Dios le pregunta a Caín “donde está tu hermano”, la respuesta de este es “¿acaso soy el guardián de mi hermano?”. Hoy le respondemos que sí, cada uno de nosotros responsables solidarios de los más pobres. ¿Hay alguien cerca de tu vida (casa) que necesite que este domingo lo mires, descubras en su dolor y postración, su soledad y discriminación y le anuncies la esperanza que nos salva: el amor?

“Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma” (Francisco, 1 Jornada mundial de los pobres 3)

 

Que cada uno de nosotros, Comunidad Universitaria, no dejemos pasar esta oportunidad para tener la mano a quien nos la tiende, que asumamos la cultura del encuentro y la solidaridad como estilo de vida, comenzando por nuestra Casa. Iglesia en salida, Universidad en salida ¿contamos con vos?

 

Pbro. Lic. Carlos Scatizza
Vicerrector de Formación

 

 

1 Junto a otras muchas que ya desde hace muchos años se vienen celebrando en la Iglesia Católica y se han hecho parte de una tradición (Jornada Mundial de los Jóvenes, Oración por las vocaciones consagradas, Medios de Comunicación Social, etc.).

2 “No es fácil ser testigos de la esperanza cristiana en el contexto de una cultura consumista y de descarte, orientada a acrecentar el bienestar superficial y efímero. Es necesario un cambio de mentalidad para redescubrir lo esencial y darle cuerpo y efectividad al anuncio del Reino de Dios. La esperanza se comunica también a través de la consolación, que se realiza acompañando a los pobres no por un momento, cargado de entusiasmo, sino con un compromiso que se prolonga en el tiempo. Los pobres obtienen una esperanza verdadera no cuando nos ven complacidos por haberles dado un poco de nuestro tiempo, sino cuando reconocen en nuestro sacrificio un acto de amor gratuito que no busca recompensa” (Francisco, 3 Jornada mundial de los pobres 7).

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El fuego de Dios “ilumina, calienta y da vida”, el fuego del mundo “destruye”

El Papa Francisco presidió la Misa de apertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, conocida también como Sínodo de la Amazonía, y que se desarrollará en el Vaticano hasta el próximo 27 de octubre.

De la Misa, este domingo 6 de octubre en la Basílica de San Pedro del Vaticano, participaron también los 13 nuevos Cardenales creados en el consistorio celebrado el día anterior.

 Compartimos la homilía del Santo Padre, en la que contrapuso el fuego de Dios, “que ilumina, calienta y da vida”, al fuego del mundo, “que destruye”.

El apóstol Pablo, el mayor misionero de la historia de la Iglesia, nos ayuda a “hacer Sínodo”, a “caminar juntos”. Lo que escribe Timoteo parece referido a nosotros, pastores al servicio del Pueblo de Dios.

Ante todo, dice: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1,6). Somos obispos porque hemos recibido un don de Dios. No hemos firmado un acuerdo, no nos han entregado un contrato de trabajo “en propia mano”, sino la imposición de manos sobre la cabeza, para ser también nosotros manos que se alzan para interceder y se extienden hacia los hermanos.

Hemos recibido un don para ser dones. Un don no se compra, no se cambia y no se vende: se recibe y se regala. Si nos aprovechamos de él, si nos ponemos nosotros en el centro y no el don, dejamos de ser pastores y nos convertimos en funcionarios: hacemos del don una función y desaparece la gratuidad, así terminamos sirviéndonos de la Iglesia para servirnos a nosotros mismos. Nuestra vida, sin embargo, por el don recibido, es para servir. Lo recuerda el Evangelio, que habla de «siervos inútiles» (Lc 17,10).

Es una expresión que también puede significar «siervos sin utilidad». Significa que no nos esforzamos para conseguir algo útil para nosotros, un beneficio, sino que gratuitamente damos porque lo hemos recibido gratis (cf. Mt 10,8). Toda nuestra alegría será servir porque hemos sido servidos por Dios, que se ha hecho nuestro siervo. Queridos hermanos, sintámonos convocados aquí para servir, poniendo en el centro el don de Dios.

Para ser fieles a nuestra llamada, a nuestra misión, san Pablo nos recuerda que el don se reaviva. El verbo que usa es fascinante: reavivar literalmente es “dar vida al fuego” [anazopurein]. El don que hemos recibido es un fuego, es un amor ardiente a Dios y a los hermanos. El fuego no se alimenta por sí solo, muere si no se mantiene vivo, se apaga si las cenizas lo cubren.

Si todo permanece como está, si nuestros días están marcados por el “siempre se ha hecho así”, el don desaparece, sofocado por las cenizas de los temores y por la preocupación de defender el status quo. Pero «la Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de “mantenimiento” para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial» (BENEDICTO XVI, Exhort. apost. postsin. Verbum Domini, 95). Porque la Iglesia está siempre en camino, siempre en salida, nunca cerrada en sí misma. Jesús no ha venido a traer la brisa de la tarde, sino el fuego sobre la tierra.

El fuego que reaviva el don es el Espíritu Santo, dador de los dones. Por eso san Pablo continúa: «Vela por el precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros (2 Tm 1,14). Y también: «Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de prudencia» (v. 7).

No es un espíritu cobarde, sino de prudencia. Alguno piensa que la prudencia es una aduana, una virtud que lo para todo para no equivocarse. No. La prudencia es virtud cristiana, es virtud de vida. También es la virtud del gobierno. Pablo contrapone la prudencia a la cobardía. ¿Qué es entonces esta prudencia del Espíritu? Como enseña el Catecismo, la prudencia «no se confunde ni con la timidez o el temor», si no que «es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo» (n. 1806). La prudencia no es indecisión, no es una actitud defensiva.

Es la virtud del pastor, que, para servir con sabiduría, sabe discernir, sensible a la novedad del Espíritu. Entonces, reavivar el don en el fuego del Espíritu es lo contrario a dejar que las cosas sigan su curso sin hacer nada. Y ser fieles a la novedad del Espíritu es una gracia que debemos pedir en la oración. Que Él, que hace nuevas todas las cosas, nos dé su prudencia audaz, inspire nuestro Sínodo para renovar los caminos de la Iglesia en Amazonia, de modo que no se apague el fuego de la misión.

El fuego de Dios, como en el episodio de la zarza ardiente, arde, pero no se consume (cf. Ex 3,2). Es fuego de amor que ilumina, calienta y da vida, no fuego que se extiende y devora. Cuando los pueblos y las culturas se devoran sin amor y sin respeto, no es el fuego de Dios, sino del mundo. Y, sin embargo, cuántas veces el don de Dios no ha sido ofrecido sino impuesto, cuántas veces ha habido colonización en vez de evangelización. Dios nos guarde de la avidez de los nuevos colonialismos.

El fuego aplicado por los intereses que destruyen, como el que recientemente ha devastado la Amazonía, no es el del Evangelio. El fuego de Dios es calor que atrae y reúne en unidad. Se alimenta con el compartir, no con los beneficios. El fuego devorador, en cambio, se extiende cuando se quieren sacar adelante solo las propias ideas, hacer el propio grupo, quemar lo diferente para uniformar todos y todo.

Reavivar el don; acoger la prudencia audaz del Espíritu, fieles a su novedad; san Pablo dirige una última exhortación: «No te avergüences del testimonio […]; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1,8). Pide testimoniar el Evangelio, sufrir por el Evangelio, en una palabra, vivir por el Evangelio. El anuncio del Evangelio es el primer criterio para la vida de la Iglesia. Es su misión, su identidad. Poco después Pablo escribe: «Pues yo estoy a punto de ser derramado en libación» (4,6).

Anunciar el Evangelio es vivir el ofrecimiento, es testimoniar hasta el final, es hacerse todo para todos (cf. 1 Cor 9,22), es amar hasta el martirio. Agradezco a Dios porque en el Colegio Cardenalicio hay algunos hermanos Cardenales mártires, que han experimentado en la vida la Cruz del martirio. De hecho, subraya el Apóstol, se sirve el Evangelio no con la potencia del mundo, sino con la sola fuerza de Dios: permaneciendo siempre en el amor humilde, creyendo que el único modo para poseer de verdad la vida es perderla por amor.

Queridos hermanos: Miremos juntos a Jesús Crucificado, su corazón traspasado por nosotros. Comencemos desde allí, porque desde allí ha brotado el don que nos ha generado; desde allí ha sido infundido el Espíritu Santo que renueva (cf. Jn 19,30). Desde allí sintámonos llamados, todos y cada uno, a dar la vida.

Muchos hermanos y hermanas en Amazonía llevan cruces pesadas y esperan la consolación liberadora del Evangelio y la caricia de amor de la Iglesia. Muchos hermanos y hermanas en Amazonía han entregado su vida.

Permitidme que repita las palabras de nuestro amado Cardenal Hummes, cuando llega a las pequeñas ciudades de la Amazonía, acude a los cementerios, a buscar las tumbas de los misioneros. Un gesto de la Iglesia por aquellos que han entregado la vida en la Amazonía. Y luego, con un poco de picardía, dice al Papa: ‘No se olvide de ellos. Se merecen ser canonizados’.

Por ellos, por aquellos que han dado su vida, con ellos, caminemos juntos.

 

Fuente: AICA.org

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Francisco con Jóvenes - UCSF

Francisco lanzó cuestionario online para jóvenes sobre fe y vocación

La felicidad no es como una App […] Sí en nuestra vida no está Jesús, no hay conexión, no hay campo”, había dicho el Papa Francisco a los jóvenes para invitarlos a buscar la red de relaciones humanas en la familia, los amigos, la parroquia (24.04.2016 , video mensaje trasmitido en la fiesta para el Jubileo de los jóvenes).

En esta línea, la Secretaría General del Sínodo de los Obispos del Vaticano anunció la apertura de una página web con motivo de la preparación de la XV Asamblea General Ordinaria sobre el tema:“Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” que se llevará a cabo en el Vaticano en octubre de 2018.

El objetivo es obtener datos e informar para alimentar el Sínodo querido por el Papa Francisco para atender las necesidades vocacionales de los jóvenes en la Iglesia y en el mundo de hoy. Ingresá a la encuesta online.

Francisco con Jóvenes - UCSF
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