En una emotiva ceremonia que reunió a la comunidad académica, la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) llevó a cabo un especial reconocimiento a la profesora Marcela Borgo por sus 25 años de labor docente.
Autoridades de la Universidad, familiares, colegas, docentes, alumnos, exalumnos y amigos se reunieron para compartir un espacio de gratitud y afecto.
Durante el homenaje, las autoridades y presentes resaltaron el compromiso incansable de la docente con la formación integral de numerosas generaciones de estudiantes. A través de su labor diaria, la profesora Borgo ha demostrado ser una figura inspiradora y un pilar fundamental en la vida universitaria de la sede San Jerónimo en Reconquista y en la Facultad de Ciencias Económicas.
Estuvieron presentes: el presidente del Directorio, Armando de Feo; el rector, Eugenio Martin De Palma; el vicerrector Académico, Guillermo Kerz; el secretario de Ciencia, Técnica y Extensión de la Facultad de Ciencias Económicas, Max Grether; el subsecretario de Comunicación Institucional, Marcelo Bertone y la delegada del Rector y del Decano de la FCE en la sede, María Laura Ocampo, quienes entregaron una medalla de la Virgen de Guadalupe, la misma distinción que recibió el papa Francisco, y un diploma de reconocimiento institucional.
Bajo la premisa “Enseñar es dejar una huella en la vida de quienes aprenden”, la comunidad educativa expresó su profundo agradecimiento por su vocación de servicio y aporte continuo al crecimiento de la universidad.
25 años de compromiso y dedicación
El Rector destacó el significado de esta trayectoria para la historia de la institución: “Los 25 años de Marcela significan los 25 años de la Universidad acá en Reconquista y lo que ha sido el desarrollo de la Universidad Católica. Sos testigo directo de lo que ha transcurrido en estos años y hoy podemos decir de manera orgullosa que, con más y menos, la Católica ha cumplido con creces”.
María Laura Ocampo brindó unas palabras que reflejaron el reconocimiento y el afecto de la comunidad universitaria: “Hay personas que están en nuestras vidas que, con su presencia incondicional, su escucha sincera y su palabra justa nos recuerdan que no estamos solos. Gracias por tanta presencia”.
Mirar a cada estudiante como persona
Al tomar la palabra, Borgo recordó sus comienzos en la institución: “En el año 2000 llegaba la Universidad Católica a San Agustín y yo también, desde Santa Fe. Así que creo que no son coincidencias. Tenía lo que yo llamo ‘Diosidencias’”.
También expresó la emoción que significó recibir la medalla de la Virgen de Guadalupe, vinculándola con recuerdos familiares y espirituales. Agradeció a Dios por su vocación y por la fuerza para sostener día a día su tarea en el aula. “Cuando a veces uno flaquea, saber que en el aula los chicos me están esperando, me carga de muchas energías”, expresó. Asimismo, recordó una enseñanza del papa Francisco sobre la educación como un acto de esperanza y destacó que procuró mirar a cada estudiante no solo como alumno, sino como una persona con capacidades, belleza, unicidad y autenticidad.
Finalmente, agradeció a su familia, a las autoridades que confiaron en ella, a sus compañeros de trabajo y, especialmente, a sus alumnos de ayer y de hoy, muchos de los cuales actualmente son colegas. “El reconocimiento, el cariño, el aprecio, es la mayor recompensa que tengo de esta profesión, de este caminar”, manifestó. Sobre el homenaje, concluyó: “Fue muy emotivo, sentido, familiar, y lo voy a guardar siempre en mi corazón”.
