¿Estamos ante la emergencia de una nueva mentalidad global?

Los problemas de los procesos de globalización y la hipercomplejidad de la pandemia actual desbordan las formas tradicionales de explicación. Con el advenimiento de la globalización se comenzó a tomar conciencia del cambio climático, la degeneración de la biodiversidad o el alto riesgo de pandemias a escala planetaria. El informe del Comité de Examen en relación con la pandemia por A(H1N1) -2009- llegó a la conclusión de que el mundo está mal preparado para responder a una pandemia grave de gripe o a cualquier emergencia de salud pública que represente una amenaza semejante de alcance global y sostenida (Guía para La gestión de riesgos ante una pandemia de Gripe, OMS, 2017). Queda en evidencia que los países no estaban preparados para enfrentar la pandemia actual. El escrito en curso intenta contribuir a generar una mayor conciencia acerca de la necesidad de una nueva forma de pensamiento colectivo. La mentalidad global, siguiendo a los Profesores Graham Pike y David Selby, hace referencia a la comprensión del mundo como un sistema unificado y a la responsabilidad de considerar los intereses de las naciones individuales con las necesidades globales del planeta.

 

Desarrollo

El coronavirus es la primera gran epidemia de la globalización, según Frank Snowden, experto en historia de epidemias. Estas permiten entender las fibras más íntimas de la naturaleza humana, nos plantean preguntas de vida o muerte y por nuestra actitud ética hacia ambas. Snowden sugiere que las epidemias son “como mirarse en el espejo de la humanidad”. En las crisis emerge lo mejor y lo peor del ser humano y de las sociedades. Ante esta pandemia se reactivan prejuicios de distinta naturaleza. Por ejemplo el denominar al Covid-19 como “el virus chino”, como si hubiera algo en el ADN chino que causó esto. ¿Cuál sería la solución?, ¿construir otro “muro”? Eso puede llevar al colapso de la economía global.

El sociólogo lavoj Zizek ha creído ver en La guerra de los mundos una irónica alegoría de la crisis actual; un virus consigue lo que ni imperios, ejércitos, terroristas o férreas campañas ideológicas habían logrado: poner de rodillas a un sistema que se consideraba definitivo e indestructible, en un dominó de acontecimientos catastróficos que nos lleva a un nuevo y enigmático diseño universal. El advenimiento del Covid-19 dejó al desnudo la insolvencia intelectual y operativa de gobiernos supuestamente sofisticados.Que desoyeron las advertencias científicas, que no se prepararon para una pandemia anunciada y que no hicieron simulaciones económicas para esta eventualidad, afirma Zizek. Pareciera ser que con la misma negligencia y omnipotencia están atendiendo el calentamiento del planeta. En relación a esto último, si analizamos el fenómeno desde la perspectiva generacional pareciera ser que la generación de los líderes mundiales no logran comprender la gravedad de los problemas del planeta. No sorprende entonces que sea una adolescente, Greta Thunberg, el símbolo de la lucha contra el cambio climático.

Es increíble ver en estos días en China, la gran usina industrial del mundo, cómo mejoró el medio ambiente. ¿Hacía falta una pandemia?, ¿qué otros costos tenemos que padecer para generar cambios sustantivos en la conciencia colectiva acerca de este drama mundial? En distintos sitios del planeta se ha observado una significativa disminución de la contaminación y una mejora en toda la naturaleza viviente. Son los mejores ejemplos de que se estaba maltratando la vida de la naturaleza, y que los excesos del mercado provocaban una gravísima polución. La encíclica “verde” de Francisco, como es calificada, es un llamado a salvar el planeta para lo cual sirve una “conversión ecológica”,”ama al planeta como a ti mismo”, sería el principio básico del mensaje papal. Francisco insta a la comunidad internacional a alcanzar acuerdos que fijen la responsabilidad de cada Estado por los daños al medio ambiente. “La crisis ecológica que estamos viviendo es sobre todo uno de los efectos de esta mirada enferma sobre nosotros, sobre los otros, sobre el mundo”, escribe Francisco. En su libro Nuestra Madre Tierra declara que “nuestra generación sea recordada, no por sus errores, sino por la humildad y la sabiduría de haber podido revertir la ruta”.

El escritor español Javier Serra señala que esta crisis sanitaria nos va a obligar a un cambio de paradigma. Estamos descubriendo que muchas actividades se pueden hacer por teletrabajo. Hasta ahora apenas un 5% de los trabajos de España y casi del Occidente civilizado se hacían desde casa. “Ahora, a la fuerza, estamos descubriendo que con la fibra óptica y caudal de información se puede hacer y quizás nos regale convivir más tiempo con la familia”. El escritor agrega que en la cumbre de Ginebra de 1987, Reagan y Gorbachov, en los extertores del final de la Guerra Fría, dijeron que bueno sería recibir una amenaza extraterrestre porque desaparecerían las diferencias entre los dos países. Serra afirma que esto es lo que estamos viviendo ahora, extraterrestre entre comillas y es una amenaza común, que no conoce fronteras, ni raza, ni religión, ni idioma que hablas. “Necesitas asociarte con tu vecino y enemigo tradicional”. Eso es interesante desde el punto de vista humano, como un experimento social que nos obliga a reflexionar y cambiar.

Yuval Harari, historiador, sostiene que solo la cooperación global resolverá la pandemia. Los peores riesgos actuales son la hipervigilancia y el aislamiento nacionalista. Agrega que se debe actuar con responsabilidad, dado que las decisiones que tomen los gobiernos y pueblos en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo que tendremos en los próximos años. No solo formatearán nuestros sistemas de salud, sino también nuestra economía, la política y la cultura. Harari sostiene que la tormenta de la pandemia pasará, sobreviviremos pero será otro planeta, dado que muchas de las medidas actuales de emergencia tendrán que establecerse como rutinas fijas:“tal es la naturaleza de las emergencias, aceleran los procesos históricos en fast forward”. Las decisiones que en tiempos normales llevan años de deliberación se toman en pocas horas -explica-. “Las tecnologías peligrosas e inmaduras entran rápidamente en vigor porque los riesgos de la inacción son peores”. Harari exhorta a que tengamos un plan global.

Conclusiones

Se acuerda con Serra en afirmar que la pandemia actual no es de China o Europa, sino que es un problema global y hay casos en 149 países, que son casi prácticamente todos. Debemos recapacitar dónde se invierte la riqueza de este planeta, ¿excesivamente en el fútbol?, ¿en políticas sanitarias de prevención? o ¿en investigación de vacunas?. Esta es la reflexión que muchas sociedades deben realizar. ¿Cuáles son sus prioridades estratégicas? Lo esencial de la inteligencia es la anticipación y la adaptación. En este sentido sería valioso que hagamos un aprendizaje significativo de esta pandemia. Harari sostiene que solo la cooperación global resolverá la pandemia y esto implica la disposición internacional para producir y distribuir equipamiento médico, como kits de tests y respiradores. Así como los países internacionalizan sus principales industrias durante una guerra, el combate contra el coronavirus requiere “humanizar las industrias comprometidas en el bien común”. En “El mundo después del coronavirus”, Harari advierte que el primer dilema es entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano; el segundo desafío es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad global. Estamos ante la necesidad de un cambio de paradigma, de un nuevo diseño universal y de una nueva mentalidad global, comprometida con todo lo que nos rodea, de tal manera de garantizar la supervivencia humana, de todo aquello que tiene vida y del planeta en su conjunto.

Dr. H. Fabian Castriota

Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa Fe, marzo de 2020

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