De barrio Jardín a las competencias internacionales: arquitectura y taekwondo en Rafaela 

Ariel Roldán está en segundo año de Arquitectura en la sede Rafaela de la Universidad Católica de Santa Fe y, en paralelo, desarrolla una trayectoria deportiva que lo llevó a competir en distintos escenarios nacionales e internacionales. Cinturón negro segundo dan y ayudante de instructor, encuentra en el taekwondo una disciplina que le enseñó constancia, esfuerzo y compromiso.  

Su vínculo con el arte marcial comenzó a los 10 años después de ver una exhibición en una plaza del barrio Jardín. Su papá lo incentivó a acercarse a la disciplina y con ayuda de vecinos y de un instructor, Ariel comenzó un camino que continúa hasta hoy.  

Ariel, desde pequeño hasta la actualidad

Recorrido competitivo

Con 20 años, su primera experiencia internacional fue en Brasil, en 2018, donde obtuvo el segundo puesto. Desde entonces participó en distintas competencias, entre ellas los Sudamericanos de Buenos Aires, Selectivos para el Mundial en Finlandia, la Copa del Mundo en Mar del Plata y el Panamericano en Chile.  

“Fueron unos días muy difíciles de preparación. Cuidarse con las comidas es un esfuerzo extra al entrenamiento. Allí competí en formas y combate y estuve a un pasito de llegar al podio. Ya con estar ahí es muy valioso”, cuenta sobre la Copa del Mundo.  

Una de las medallas que más valora este año es la obtenida en el Open Internacional en Buenos Aires, donde fue subcampeón. “Me gustó poder hacerle frente a quien salió campeón, estuvimos muy parejos. Me siento satisfecho por haber participado y avanzar algunas rondas, más que nada porque competís con personas que también son muy buenas y te desafían”, explica.  

Actualmente continúa compitiendo en Rafaela y localidades cercanas. Recientemente participó de un torneo en Lehmann, donde obtuvo el primer puesto en formas y lucha. 

Ariel Roldán, estudiantes UCSF en Rafaela

Entre la facultad y el entrenamiento

Ariel egresó de una escuela secundaria técnica como Maestro Mayor de Obras y encontró en Arquitectura la continuidad de una formación vinculada con la construcción. Su papá, albañil, también fue una influencia para elegir la carrera.  

Estudiar y entrenar requiere organización. Tiene dos entrenamientos semanales fijos, más dos días de gimnasio que la facultad le brinda, y dos meses antes de una competencia importante, comienza a prepararse todos los días.  

“Hay veces donde priorizo un poco más la facultad, cuando hay entregas, y tengo que sacrificar algunos entrenamientos, y otras veces es al revés. Son mis dos prioridades. Trato de llevarlas de la mano”, afirma.  

El trabajo con maquetas es uno de los aspectos de la carrera que más disfruta porque es prolijo y meticuloso. Después de las clases aprovecha para estudiar y avanzar con sus trabajos, mientras que el entrenamiento ocupa otro momento de su rutina.  

“El taekwondo ayuda a la constancia, el esfuerzo y el compromiso. A seguir más allá de las dificultades, estudiar y entrenar incluso cuando no tenés ganas o el cuerpo no responde, eso sí hace la diferencia”, sostiene.  

Un esfuerzo compartido

Cada competencia internacional implica también un esfuerzo económico y familiar. Para reunir los recursos necesarios, su familia organiza ventas, bingos y distintas actividades: “Mi papá y mi mamá siempre están pendientes cuando llega un torneo. Agradezco mucho contar con un préstamo académico porque todo suma. Estoy muy agradecido porque gracias a mi familia —mis abuelos, tíos, primos, todos— puedo estar en estas competencias. Voy a representarlos a ellos”, expresa.  

De cara al Mundial de Taekwon-Do ITF de 2027, que tendrá como sede Paraguay, Ariel continúa preparándose para el proceso clasificatorio nacional. El primer ranqueable está previsto para el 14 y 15 de noviembre de este año, en Posadas, Misiones.  

“Para mi familia siempre es un esfuerzo poder llegar a eso. Ya clasificar es un logro y una responsabilidad representar a Argentina, dejarla bien alto, poder demostrar lo que vengo practicando de la mejor manera posible”, señala.  

Dos caminos que se potencian

Mientras avanza en Arquitectura, también proyecta continuar compitiendo: “Mi mayor sueño es poder clasificar y seguir trabajando para ganar un mundial. En lo académico, quiero seguir estudiando y obtener mi título, empezar a trabajar para poder invertirlo también en el deporte que disfruto y ayudar a mi familia”.   

Su ejemplo ya contagió a otros futuros colegas: “Incluso un compañero mío empezó a entrenar conmigo porque le gustó lo que yo hacía. Cuando estás muy frustrado por la facultad, lo mejor es ir a despejarse y entrenar. Bajar un cambio, mover el cuerpo. El deporte es salud”, finaliza. 



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