La comunidad universitaria se unió en la celebración de la Eucaristía para pedir por el eterno descanso del Papa Francisco.
Con hondo pesar, y también con una serena esperanza en la Resurrección, en las distintas sedes de la Universidad Católica de Santa Fe se dedicó un tiempo especial para rezar por el alma de Francisco.
En la misa celebrada en la sede Virgen de Guadalupe, el vicerrector de Formación, Pbro. José Luis Ayala, tomó dos rasgos que podrían resumir la vida y el pontificado de Francisco.

Para referirse al estilo que vivió Francisco en su vida, citó la exhortación Gaudete et exsultate: “El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”.
En este sentido, Ayala consideró que Francisco “fue un hombre que se animó a entregarse al Señor, un hombre que fue verdaderamente feliz, un hombre al que recordamos riéndose, compartiendo, estando. Nos mostró que es posible vivir una vida sin mediocridades, vivir una vida plena”.
Junto al anuncio de una santidad para todos, todos, todos, Francisco fue un predicador incansable del camino de las Bienaventuranzas: con sus palabras y sus gestos, a lo largo de todo su pontificado. “Porque la felicidad es paradójica y nos regala las mejores experiencias cuando aceptamos esa lógica misteriosa que no es de este mundo, como decía san Buenaventura refiriéndose a la cruz: «Esta es nuestra lógica»” (Gaudete et exultate, 174)
“Así vivió el Papa Francisco: entregado, confiado a la Providencia, confiado al amor de Dios, un hombre en el que vemos realizadas cada una de las Bienaventuranzas, que nunca se cansó de proclamar a Cristo Resucitado, como aquel que nos da la Vida. Un enamorado de Jesús, un enamorado del Señor”.
“Pidamos para él este don, para quien predicó la Resurrección, que vivió a fondo el amor a Dios y el amor a los hermanos, que reciba de Dios la promesa que Jesús hizo al ladrón que estaba junto a Él en la Cruz: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Que todos nosotros nos unamos en una oración por su eterno descanso, una oración por la Iglesia, una oración por todos nosotros, que hoy sí estamos como ovejas sin pastor terreno, porque en el Cielo lo tenemos asegurado”, concluyó José Luis Ayala.
Con profundo agradecimiento por su entrega y su magisterio, pedimos a Dios por su descanso eterno.
