El viernes 26 de septiembre, el Equipo de Investigación Socio-Eco-Jurídico de la UCSF, dirigido por Ana María Bonet, y el Programa Agua y Ambiente de la USAL, coordinado por Ezequiel Volpe, dieron inicio al segundo encuentro del Ciclo de Encuentros sobre Alimentación y Proximidad. En esta segunda sesión, la Lic. Carolina Basilio presentó un estudio de caso sobre la Feria Agroecológica Candioti Sur de Santa Fe, alimentación de proximidad y las disputas en torno al uso del espacio público.
La expositora explicó que, hasta 2022, la Feria Agroecológica Candioti Sur era la única de su tipo en la ciudad de Santa Fe, en un contexto en el que funcionaban unas 35 ferias en total. El proyecto de investigación se desarrolló entre 2022 y 2023, en el marco de la salida de la pandemia, cuando las normativas sobre el uso del espacio público todavía estaban en transición. Durante ese período, las ferias agroecológicas comenzaron a ser impulsadas como alternativas de transición hacia un modelo de consumo más sostenible y cercano, no solo desde la perspectiva ambiental, sino también como estrategia de acceso a alimentos de calidad. En este marco, Carolina planteó lo que denominó la “encrucijada del Estado”: si los espacios públicos deben ser entendidos como lugares de convivencia, de comercialización o de habitar, y de qué manera las políticas públicas acompañan, limitan o regulan esas prácticas.
El proyecto se articuló entre un equipo universitario y la entonces Secretaría de Integración y Economía Social de la Municipalidad de Santa Fe, cuya área de economía social tenía un rol central en el acompañamiento de las ferias. Este vínculo permitió legitimar la iniciativa y pensar lineamientos políticos que garanticen la convivencia en el espacio público.
En cuanto al marco teórico, Basilio recuperó a Manuel Delgado, antropólogo que estudió las disputas por el espacio público en Barcelona, y a Henri Lefebvre, quien distingue el espacio percibido (lo que ocurre en la práctica), el espacio vivido (la representación que construyen los actores) y el espacio concebido (el regulado e institucionalizado por el Estado y los urbanistas). Estos aportes permiten entender cómo en la feria se superponen usos recreativos, comerciales y políticos.
Metodológicamente, el equipo realizó un estudio cualitativo entre agosto y diciembre de 2022, basado en entrevistas en profundidad, observación y registros cuantitativos y cualitativos. Se entrevistó a feriantes, consumidores, vecinos, al coordinador y a autoridades municipales. En ese momento, la feria contaba con 12 feriantes (llegando en algunos momentos a 25), con una predominancia femenina y perfiles diversos: desde profesionales (abogada, nutricionista) hasta agricultores tradicionales vinculados históricamente a la producción de hortalizas.

Los resultados principales del estudio muestran, en primer lugar, la insuficiencia de condiciones materiales e infraestructura, ya que los feriantes señalaron la falta de sombra, mobiliario, alumbrado y servicios básicos. Esta carencia revela la necesidad de que el Estado asuma un rol activo en el cuidado y mantenimiento del espacio público. En segundo lugar, se observa cómo la feria es concebida no solo como un mercado, sino como un espacio de identidad, comunidad y estilo de vida, donde la agroecología funciona como práctica contrahegemónica en tensión con los patrones habituales de comercialización. Finalmente, se identificó que, aunque la feria funciona de manera autogestionada con apoyo de la vecinal, existe una demanda de mayor institucionalidad y regulación. Los participantes reclaman que el municipio reconozca a las ferias como actores políticos legítimos y que se promuevan mecanismos de co-gestión en los que Estado, feriantes y vecinos puedan tomar decisiones conjuntas sobre el uso del espacio.
Al cierre, Basilio presentó un documento con propuestas para las autoridades municipales, en el que se recomendó la elaboración de un marco regulatorio claro y estable que permita garantizar la permanencia de las ferias agroecológicas, la construcción de un listado oficial de espacios públicos habilitados para la comercialización de alimentos y el fomento de instancias de diálogo y colaboración entre productores, feriantes y vecinos. También se propuso implementar mecanismos de evaluación y seguimiento participativo, de manera que las políticas puedan adaptarse a las necesidades cambiantes de la comunidad y no se conviertan en decisiones rígidas.
En conclusión, la investigación mostró cómo la Feria Agroecológica Candioti Sur resignifica el espacio público y lo convierte en un territorio en disputa, atravesado por tensiones entre usos recreativos, comunitarios, comerciales y estatales. El caso evidencia que estas experiencias no solo aportan al acceso a alimentos de proximidad, sino que también son laboratorios de gobernanza urbana donde se reconfiguran las relaciones entre ciudadanía, políticas públicas y derecho a la ciudad.
Texto: Paulina Guadalupe Belbey
