El viernes 12 de septiembre, el Equipo de Investigación Socio-Eco-Jurídico de la UCSF,
dirigido por Ana María Bonet, y el Programa Agua y Ambiente de la USAL, coordinado por
Ezequiel Volpe, dieron inicio al Ciclo de Encuentros sobre Alimentación y Proximidad. En
esta primera sesión, la Dra. Anabel Orellano expuso sobre la huella de carbono asociada a la
alimentación en Argentina y los aspectos socioculturales que influyen en nuestros hábitos de
consumo.

La expositora explicó que la huella de carbono busca reflejar la cantidad de emisiones de
gases de efecto invernadero (GEI), expresadas en equivalentes de dióxido de carbono,
generadas directa o indirectamente por una actividad, producto u organización. Aplicado este
indicador al ámbito alimentario, permite dimensionar el impacto ambiental de los distintos
procesos vinculados a la producción, transporte, almacenamiento, procesamiento y consumo
de los alimentos.
Durante el conversatorio se aclaró que existen diferentes escalas y metodologías para calcular
la huella de carbono. Por un lado, la huella corporativa mide las emisiones asociadas a
empresas, universidades u organizaciones; por otro, la huella personal identifica el impacto
derivado de los hábitos individuales de consumo, que incluyen no solo la alimentación sino
también el transporte y la energía utilizados en la vida cotidiana. La utilidad de este indicador
radica en que hace posible visibilizar y cuantificar el impacto ambiental de nuestras
elecciones de consumo, permitiendo comparaciones y la elaboración de estrategias para
reducir emisiones.
Uno de los ejes de la presentación fue un estudio representativo realizado en Argentina, que
indagó en la huella de carbono de los alimentos consumidos en distintos sectores de la
población. Este caso resulta particularmente relevante debido al tamaño del país, su
heterogeneidad territorial y cultural, y el peso que tienen tanto la producción agropecuaria
como el transporte en el total de emisiones. Los resultados muestran variaciones según
diversos factores:
● Lugar de residencia: provincias urbanas frente a zonas rurales.
● Patrones de transporte asociados al consumo de alimentos.
● Factores socioeconómicos y de género, que condicionan el acceso a ciertos productos
y las elecciones de compra.
Se destacó que el transporte de alimentos a larga distancia es uno de los principales
componentes de la huella de carbono en Argentina, dada la extensión territorial del país y las
diferencias en infraestructura. Esto pone en evidencia la importancia de promover el consumo
de proximidad y el fortalecimiento de circuitos cortos de comercialización.
La Dra. Orellano enfatizó que la huella de carbono debe ser entendida no sólo como un dato
técnico y relacionado únicamente desde la dimensión ambiental, sino también como un
fenómeno atravesado por múltiples dimensiones sociales y culturales. Entre ellos:
● Disponibilidad y acceso: depende de la infraestructura local, la existencia de
mercados de cercanía y las alternativas de distribución.
● Factores económicos: los ingresos muchas veces determinan la elección de productos
más baratos y procesados, con mayor huella de carbono.
● Factores de género: las diferencias entre hombres y mujeres reflejan desigualdades
tanto en el acceso a ciertos alimentos como en la responsabilidad de las tareas
domésticas ligadas a la compra y preparación.
● Cultura alimentaria: tradiciones culinarias, valores asociados a la carne o a productos
locales, y percepciones de prestigio o conveniencia inciden en la construcción de
dietas más o menos sostenibles.
Estos hallazgos confirman que la huella de carbono es un indicador complejo, que no puede
analizarse al margen de su contexto social. La decisión de consumir alimentos de proximidad
no solo reduce emisiones, sino que también puede fortalecer redes comunitarias, promover
economías locales y rescatar tradiciones alimentarias.
Este enfoque relacional/comunitario, invita a pensar que la alimentación no puede entenderse
únicamente como un acto individual, sino como un fenómeno profundamente interconectado
con el entorno social y ambiental. Si bien la huella es un indicador útil para visibilizar el
impacto ambiental, no logra capturar por sí sola las dinámicas sociales y culturales que
determinan cómo, qué y por qué consumimos determinados alimentos.
Asimismo, se destacó la relación entre los patrones de movilidad personal y la huella de
carbono de la dieta. No es lo mismo adquirir productos en mercados de cercanía que
trasladarse en automóvil a grandes supermercados: estas diferencias en las prácticas
cotidianas de transporte modifican de manera significativa el impacto ambiental del consumo
alimentario.
En conclusión, el encuentro puso de relieve que reducir la huella de carbono de la
alimentación no es únicamente una cuestión técnica, sino también social y cultural. Comer es
siempre un acto social y político que vincula a las personas con su entorno, con los sistemas
de producción y con otros consumidores. Por ello, para avanzar hacia dietas más sostenibles
es necesario considerar la diversidad de prácticas de consumo, garantizar la equidad en el
acceso a alimentos de calidad y promover políticas públicas que fortalezcan la producción y
distribución de proximidad.
Texto: Paulina Guadalupe Belbey y Iara Milagros Villarreal
