En el marco del proyecto del Barrio Olímpico que se está desarrollando para los XIII Juegos Suramericanos que tendrán a Rafaela como una de sus sedes, la Facultad de Arquitectura y Diseño (FAD) de la UCSF organizó en su sede San José una charla en la que arquitectos y estudiantes se dieron cita para reflexionar. El paisaje como herramienta conceptual y proyectual para pensar el habitar urbano desde múltiples dimensiones y construir nuevas relaciones entre naturaleza y sociedad fueron el eje de esta jornada.

El paisaje como herramienta de interpretación y proyecto
Lejos de quedar reducido a una operación meramente estética o a una capa posterior del diseño, el paisaje aparece como una clave para tomar decisiones urbanas desde el inicio. Para los integrantes de PAF, el equipo que trabaja en el proyecto de paisaje del Barrio Olímpico, lo importante es tomar un poco de distancia del encargo puntual y comprender que éste “es ante todo una excusa para pensar, reflexionar, operar sobre diferentes intereses, inquietudes o conceptos que muchas veces se vienen desarrollando internamente” y darles una traducción proyectual concreta.
En esa línea, el arquitecto Mauro Williner, uno de los integrantes de PAF explicó que pensar el paisaje como instrumento permite abrir el territorio a “claves multiescalares y multidisciplinares”, ya que el paisaje urbano implica una construcción cultural —un recorte y una selección— que orienta operaciones sobre el sitio. Desde esa perspectiva, el paisaje habilita dimensiones ambientales, ecológicas, hídricas e históricas que no solo ayudan a proyectar “hacia delante”, sino también a interpretar cómo funciona el territorio sobre el que se va a intervenir y sostener el proceso de diseño como una herramienta transversal.
“Territorios subestimados”: historia, ecorregión y componente hídrico
Uno de los aportes centrales de la charla fue volver a mirar aquello que suele quedar fuera del foco. En este sentido, los profesionales plantearon que, en el caso rafaelino, entra en juego la noción de “territorios subestimados”, que invita a comprender la ciudad y su soporte desde lecturas más profundas.
Esa lectura incluye, por un lado, la pertenencia a una ecorregión —el espinal, un territorio “marginal” y transicional entre la Pampa Húmeda y el Chaco— y, por otro, la huella histórica de los procesos de poblamiento y de la matriz productiva que organizó el territorio como lo conocemos actualmente. En palabras de los integrantes del equipo, ese proceso lleva implícito “una idea de la imposición y dominio del espacio territorial en favor de un deseo humano.
A la vez, subrayaron una condición decisiva: la funcionalidad hídrica. “El agua tiene una condición temporal, de estar y no estar presente”, señalaron, a la vez que muchas veces su dinámica original —humedales y bajíos— no fue respetada en los procesos de transformación del territorio, al ser reemplazada por canalizaciones y obras de regulación. Por eso, sostuvieron que antes de diseñar resulta imprescindible comprender el origen del lugar y los componentes de ese “paisaje primigenio”, hoy una “naturaleza mediada”, para construir propuestas más interrelacionadas con el soporte territorial.
Un barrio pensado para habitar, también después de los Juegos
Desde el enfoque presentado, el desafío no se agota en el evento deportivo: la clave está en concebir un sector de ciudad que permanezca y se integre. En ese sentido, Mauro Williner explicó que, desde el equipo, entienden que el Barrio Olímpico no se proyecta para un uso exclusivo de los Juegos, sino con vocación de trascenderlos, densificar el sector y fortalecer el vínculo entre habitar y espacio público.
Como parte del proyecto de paisaje, describieron una secuencia de espacios que construyen distintos modos de relación con la naturaleza: un área asociada a las infancias, un sector central donde aparece un reservorio hídrico que funciona como infraestructura y, al mismo tiempo, como parque —capaz de usarse incluso cuando no hay agua, haciendo visible esa temporalidad descripta anteriormente—, y un último ámbito más “agreste”, con enriquecimiento de especies nativas y procesos de sucesión ecológica, donde el control humano disminuye gradualmente.
Finalmente, sintetizaron el sentido del legado en una idea que atraviesa el planteo socioecológico: “el habitar no solo sucede en la parcela privada”, sino que se proyecta en lo urbano y en el espacio público. En esa trama, el equipo concluyó que “el espacio público de calidad educa: propone formas de encuentro, de cuidado del ambiente y de reconocimiento de la flora y la fauna urbana con la que se convive, muchas veces sin advertirla”.
Mirá el proyecto





También te puede interesar
“El dibujo es una herramienta que acompaña el pensamiento”
La FAD en Brasil: agenda académica y vínculos internacionales
