El Concejo de Rectores de Universidades Privadas (CRUP), el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), y la Red Universitaria para el Cuidado de la Casa Común, publicaron un documento conjunto en el marco de la visita apostólica a la Argentina del Sumo Pontífice.
A continuación el texto del documento.
La visita del Papa León XIV y las universidades argentinas
Septiembre de 2026
Las universidades argentinas saludan respetuosamente al Papa León XIV a quien la comunidad académica recibe agradecida. Compartimos con toda la Sociedad la renovada esperanza que despierta una visita que consideramos un hecho de singular relevancia pública. Con motivo de su presencia, es manifiesta la voluntad en nuestras comunidades de atender la palabra papal en continuidad con su permanente llamado a la reflexión sobre la paz y las profundas transformaciones que experimentamos como Sociedad, de las cuales en el ámbito educativo podemos ofrecer notables testimonios.
Por su cercanía con el mundo universitario, es de su conocimiento que no son instituciones ajenas a la percepción general de la ciudadanía respecto de un futuro caracterizado por las incertidumbres tanto como por tecnologías de alto impacto en las formas de producir conocimiento y compartirlo, en los métodos de trabajo y producción, en las distintas vías para generar valor y distribuirlo, en el desarrollo humano y en la convivencia democrática. La acelerada expansión de la inteligencia artificial nos interpela de formas muy diversas no solo respecto de la misión que cumplimos.
También lo hace en relación con el rol que ejercemos dentro del sistema educativo y de las capacidades de proyección en el futuro de las nuevas generaciones. Las universidades que integran el sistema educativo nacional, diversas en su identidad y convergentes en su vocación, se sienten convocadas a profundizar el diálogo sobre estos desafíos sabiendo que es parte de su misión promover la búsqueda de la verdad, custodiar la dignidad humana y trabajar por la paz.
En ese sentido, la encíclica Magnifica Humanitas ofrece una cartografía ética y antropológica imprescindible para la universidad contemporánea. En ella, se articulan una defensa vigorosa de la persona humana frente a la reducción tecnocrática, una exigencia de transparencia y responsabilidad en los procesos de producción de la información que circula y, por lo tanto, de la forma en que se produce y promueve el conocimiento, así como una invitación a cultivar una ecología de la comunicación que preserve la profundidad del pensamiento y la calidad del diálogo.
Estas fundadas consideraciones son de una naturaleza y profundidad que deja las recomendaciones técnicas en los márgenes, para adentrarse en las preguntas orientadoras que pueden guiar, entre otras tareas, la elaboración de escenarios sobre el futuro de la misión de nuestras instituciones. Alejada de toda forma neutral de producir conocimientos, la universidad es una institución formadora de sentido, de libertad y de responsabilidad.
En sus intervenciones públicas dirigidas al mundo universitario, ha afirmado con claridad: “La verdad no se fabrica ni se manipula”, tampoco se posee como un trofeo, “se busca con humildad y se sirve con valentía.” El conocimiento separado del bien “deja de ser apertura y se vuelve posesión; deja de ser camino hacia la sabiduría y se transforma en afirmación orgullosa de autosuficiencia, abriendo paso a extravíos que pueden llegar a volverse inhumanos”. También ha reiterado la necesidad de ensanchar la mirada y de vivir el estudio evitando que la instantaneidad de los intercambios en redes digitales limite la profundidad del pensamiento. La velocidad de circulación de datos y las destrezas asistidas artificialmente para el acceso inmediato a la información pueden contribuir a la mejora de ciertos procesos de la producción y distribución de conocimiento, pero no pueden sustituir el valor que resulta del análisis paciente y compartido entre personas que se reúnen para ejercer libremente su pensamiento crítico y actúan científica y tecnológicamente de manera responsable. Breves y rotundas, esas sentencias tienen un gran alcance en nuestros claustros, en nuestros laboratorios, en nuestras aulas y en nuestras políticas institucionales. En la hondura intelectual y moral que propone, pueden abrevar nuestras instituciones, entre otras diversas fuentes, para implicarse en los necesarios debates sobre su realidad y su futuridad.
El sistema universitario argentino, con su historia y su madurez institucional, constituye un terreno privilegiado para poner en discusión estas orientaciones. Nuestra tradición universitaria ha sido motor de movilidad social, espacio de producción cultural y científica, y escenario de debates públicos que han contribuido al desarrollo y consolidación democrática de la Sociedad.
El sistema reúne hoy a más de ciento treinta instituciones universitarias de distintos orígenes y diversas tradiciones académicas, y acoge una gran diversidad de estudiantes que cada día buscan en la universidad no solo una titulación, sino una formación que les permita integrarse social, cultural y económicamente y así servir en libertad y responsablemente a sus vocaciones, a sus familias y a la Sociedad. Esa convergencia entre pluralidad institucional y vocación pública constituye una fortaleza que nos obliga a responder con audacia intelectual y con responsabilidad ética a los desafíos de los tiempos actuales, especialmente a los que nos plantea la ciencia y la tecnología donde, con excesiva frecuencia, el bien y el mal parecen indisociables.
La historia de la universidad argentina muestra una capacidad sostenida de adaptación y de diálogo con la Sociedad. Desde las primeras casas de estudio hasta las instituciones contemporáneas, la universidad ha sido lugar de formación profesional y de pensamiento crítico.
Ha sido también espacio de extensión y de servicio a comunidades diversas, de compromiso pacífico y de protagonismo social responsable. Esa madurez institucional se expresa en tradiciones académicas sólidas, en la producción científica reconocida y en la formación de generaciones que han contribuido al desarrollo nacional. La diversidad del sistema —distintas misiones, pluralidad de identidades, variedad de tipos de impacto— es una riqueza que exige políticas de cooperación y articulación, nunca de uniformidad. El prestigio de nuestras casas de estudio, reconocido en ámbitos nacionales e internacionales, obliga a mantener estándares de excelencia y a asumir la responsabilidad pública que conlleva ese reconocimiento.
En perspectiva histórica, las reflexiones que propone Magnifica Humanitas exigen una lectura inteligente y contextualizada por parte de las universidades, ya que contribuyen sin duda a los debates abiertos sobre las responsabilidades que conllevan las transformaciones de origen tecnológico para las funciones sustantivas de las instituciones educativas, tanto en el plano de la formación y la docencia, como en la investigación y en la gobernanza institucional. En el plano formativo, destaca la responsabilidad de una integración innovadora de las tecnologías de forma prudente y crítica sujeta a marcos conceptuales y éticos sin distinción entre disciplinas. Solo una perspectiva humanista permite introducir tecnologías de tan elevada carga ambivalente partiendo de una comprensión profunda y de asumir las implicancias antropológicas, sociales, económicas y políticas que conllevan las decisiones asociadas a su difusión y uso.
En el plano de la investigación, las universidades son responsables de su producción en relación con un sistema científico-tecnológico nacional a la búsqueda de un marco referencial para el uso y explotación de los nuevos recursos asociados a las tecnologías inteligentes, la IA y la robótica.
Es prioridad para la universidad promover la innovación libre y responsable ante una Sociedad que le demanda un creciente compromiso con el progreso y el desarrollo humano. Al mismo tiempo, se vuelve exigible una mirada ensanchada entre disciplinas en cuya intersección son susceptibles de enraizarse debates y proyectos para establecer sólidos marcos referenciales y éticos, lineamientos y criterios para evaluar el impacto en la vida cotidiana de las personas, en la educación, la salud, el trabajo y en la vida social, y un compromiso por desarrollar formas concretas para mitigar riesgos entre la población universitaria, en particular, y para la Sociedad, en general.
La formación humanística exige un diálogo abierto y plural entre disciplinas y exige orientar la investigación científica y los desarrollos tecnológicos hacia soluciones responsables en las que se moderen los aspectos negativos, se maximicen los positivos, y se asegure el bien común y la dignidad humana como fue concebida desde su origen. La investigación universitaria tiene la responsabilidad de producir evidencia rigurosa a partir de prácticas protocolizadas, controladas y transparentes. Conscientes del desafío que se les presenta y de su valor diferencial en un ecosistema de conocimiento abierto con agentes de muy diferentes naturalezas, las instituciones del sistema universitario se vuelcan decididamente a la formación de capital humano con pensamiento crítico, y a contribuir a dinamizar el debate público con creatividad, innovación y soluciones de alto valor agregado, especialmente para los sectores productivos. Nuestras comunidades son parte indisociable de una Sociedad que les exige estar a la altura de unas crecientes expectativas sobre la calidad de los resultados y que, de manera actual, incluye los complejos procesos de transformación asociados a las tecnologías que desarrolla, promueve e implementa, especialmente la IA.
En el plano institucional, el sistema universitario renueva su compromiso con una gobernanza democrática, transparente y orientada al bien común. Esto conlleva una gobernanza digital con normas claras sobre transparencia algorítmica, protección de datos, evaluación ética de proyectos basados en tecnologías inteligentes y mecanismos de rendición de cuentas asociados. La opacidad de los sistemas automatizados y la externalización de decisiones a procesos opacos son incompatibles con la misión educativa. Las universidades deben ser modelos de buenas prácticas, lo que conlleva auditar algoritmos, exigir explicabilidad, proteger la privacidad de los miembros de la comunidad académica y garantizar que las herramientas digitales no reproduzcan ni amplifiquen desigualdades. Asimismo, es necesario promover políticas de acceso equitativo a las tecnologías y programas de alfabetización que permitan a estudiantes y docentes ejercer un uso crítico y creativo de los recursos disponibles.
Para la universidad, es de vital importancia lo que señala la encíclica acerca de la comunicación y del diálogo como condiciones para la convivencia humana. En un mundo donde la circulación acelerada de información favorece la producción de conocimiento tanto como la polarización y la desinformación, la universidad tiene la tarea de formar ciudadanos capaces de discernir, de contrastar fuentes y de participar en debates públicos con responsabilidad. La defensa de la verdad, entendida como búsqueda humilde, individual y, a la vez, colectiva, es un servicio a la paz. Resonante en la encíclica Magnifica Humanitas, se trata de una paz entendida como tejido de justicia, reconocimiento y cuidado mutuo. Las universidades argentinas, conscientes de su historia y de su compromiso social, asumen la tarea de contribuir a un mundo en paz mediante la formación de profesionales y ciudadanos que trabajen por la reconciliación, la inclusión y la solidaridad.
Las enseñanzas del querido Papa Francisco siguen nutriendo nuestras comunidades que, entendidas bajo el carácter definido por él, deben ser espacios de diálogo, “laboratorios de encuentro”, donde se aprende a pensar con libertad y a servir con responsabilidad. Las exhortaciones del Papa Francisco a rectores, docentes y estudiantes han insistido en que la academia no puede aislarse de las urgencias sociales. Esa insistencia en el encuentro y en la responsabilidad pública se articula con la llamada de León XIV a una antropología robusta y a una gobernanza ética de la tecnología. La convergencia de ambos magisterios ofrece a las universidades argentinas una brújula para la acción: formar para la verdad, para la justicia y para la paz.
La continuidad doctrinal que enlaza la preocupación social de la Iglesia a lo largo del tiempo no es un recurso más para la reflexión universitaria. La encíclica Rerum Novarum de León XIII, centrada en la dignidad del trabajo y en la protección de los más vulnerables frente a las transformaciones de su tiempo, expresó una sensibilidad que ha acompañado desde entonces el desarrollo de la doctrina social de la Iglesia. Hoy, ante las transformaciones tecnológicas, esa sensibilidad se refuerza y actualiza: la atención a la persona, la defensa dela justicia y la exigencia de políticas para la gobernanza de la inteligencia artificial. Así como León XIII puso en el centro la condición humana frente a las nuevas formas de organización económica de la época, el mensaje papal de hoy nos convoca a poner en el centro la persona frente a los nuevos desafíos de la inteligencia artificial.
Como educadores, es de destacar el llamado de la carta papal “Diseñar nuevos mapas de esperanza” para servir al trazado de caminos de futuro y sentido para las nuevas generaciones. Al respecto, debe ser total el compromiso con nuestra responsabilidad como brújula ética ante los rápidos cambios tecnológicos, ambientales y sociales. Como tales, nos cabe esforzarnos sin descanso día a día para ampliar los espacios de encuentro, de escucha activa y de reconciliación, evitando la encerrona de la hiperespecialización científica y enfrentando los riesgos tecnológicos y los sesgos de la polarización. Nos inspiran las lógicas de superación y colaboración para eludir cualquier tentación por el aislamiento social y actuar con esperanza.
Por eso, sentimos que su visita es plenamente adecuada al momento y representa una oportunidad que no dejaremos pasar sin ampliar dentro de nuestras comunidades los espacios de reflexión en torno a su palabra. Atendiendo a su llamado, es nuestra tarea convocar al diálogo público que nos propone, abierto y plural, en defensa de la dignidad humana, la búsqueda de la verdad y el trabajo por la paz. Estos objetivos compartidos por ciudadanos de todos los orígenes, de diversas creencias y por quienes no profesan creencias religiosas, orientan la convivencia en nuestras universidades, dónde siempre encontrará interlocutores dispuestos a escuchar, a aprender y a colaborar, dispuestos a compartir nuestra historia, nuestra diversidad, nuestras fortalezas y debilidades, nuestros interrogantes y nuestras perspectivas para el avenir.
En la convicción de que la universidad es un lugar privilegiado para la formación de conciencias y para la construcción de un futuro más humano, renovamos nuestro compromiso de trabajar por una educación que forme inteligencias críticas, corazones solidarios y ciudadanos comprometidos y responsables. Es el deseo de nuestra comunidad universitaria trabajar para favorecer que los jóvenes encuentren responsablemente su propósito y construyan una sociedad más justa, libre y pacífica.
Expresamos nuestro respeto y reconocimiento por su magisterio y por su cercanía al mundo universitario. Confiamos en que su esperada visita será recibida con una expresión mayúscula de la fe y esperanza del pueblo argentino.
Con respeto y afecto institucional.

