Vivimos en la era del scroll inagotable, las métricas y la optimización. Datos, cuerpos, tiempo: hoy todo parece estar disponible con un clic. Pero en medio de este frenesí de eficiencia, surge una pregunta incómoda y profundamente actual: ¿Qué estamos perdiendo? ¿Qué se nos escapa entre tantos números y algoritmos?
El profesor Gabriel Calligaro, miembro del Instituto de Filosofía de la UCSF, aborda este laberinto conceptual desde el pensamiento de uno de los filósofos más influyentes del siglo XX: el alemán Martin Heidegger.

Un mundo cerrado, un ser humano objetualizado
“Vivimos en una época en la que todo parece estar disponible: datos, cuerpos, territorio, tiempo. Todo se calcula, todo se mide, todo se optimiza. Pero hay una pregunta clave: ¿es posible que haya algo que se nos escape? Algo que, por su naturaleza, no sea medible, calculable o cuantificable. Además, nos podemos cuestionar: ¿nuestro modo de pensar el mundo no está ya condicionado antes incluso de que comencemos a pensar?”, comienza explicando Calligaro.
Heidegger sostiene que la metafísica tradicional comprendió el ser como presencia estable y disponible. A partir de ello, propone una “destrucción” de esa tradición, preguntándose por qué el ser fue pensado de ese modo y no de otro. Este enfoque permite advertir cómo, en la modernidad, el ser tiende a ser reducido a las cosas mismas, lo que Heidegger denomina “fondo de reserva”.
Esta expresión es reformulada por el argentino Rodolfo Kusch, quien la expresa así: “El mundo como un patio de objetos, donde las cosas están a disposición del ser humano, incluso otros seres humanos cosificados”.
“Un efecto de este modo de pensar lo vemos hoy en la técnica. Esta se desarrolla en el marco de una comprensión del mundo como disponible; conocemos la realidad para intervenir sobre ella, para hacer con ella lo que nos plazca. Este modo de comprender el ser que encuentra una de sus expresiones contemporáneas en el desarrollo técnico puede vincularse, por ejemplo, con los problemas ambientales, cuando el conocimiento del mundo se orienta principalmente un modo de producción ‘ciego’”, expresa Calligaro.

Dejarle lugar a la apertura
La crítica de Heidegger está entonces dirigida a un modo de pensar que fija de antemano lo que algo es y lo reduce a ello, no permitiendo que la verdad de ese ser se revele por sí misma. Plantea que no es necesario tener que decir qué es todo, sino dar un paso atrás (metafóricamente) y habilitar la apertura o revelación del ser.
Para explicar eso, el pensador toma al arte. Cuando uno mira una obra de arte y la analiza objetivamente, puede ver todas las cosas que están allí representadas, como pueden ser un par de botas, una cama, etc. Pero si uno se abre y deja que la obra se revele, esta puede dejar aparecer un mundo: formas de vida, usos y sentidos que exceden lo meramente visible. Allí, en el arte, hay una dimensión existencial conjunta, que no está aislada ni es necesariamente estática.
Finalmente, el alemán plantea una actitud de serenidad frente a la técnica. No se trata de rechazarla, sino de no dejarse absorber por ella.
Las puertas que se abrieron
En Latinoamérica
La filosofía de Heidegger es existencialista, en el sentido de que piensa el ser y la existencia, y no desarrolla explícitamente una filosofía política o ética sistemática. Sin embargo, su planteo de apertura influye fuertemente en corrientes latinoamericanas.
Desde algunas de estas lecturas, el problema del ser se vincula con la experiencia de la opresión. En este marco, la apertura del ser puede pensarse como una apertura hacia los sectores históricamente excluidos de América Latina. Es tarea del filósofo identificar quiénes son los “pobres” de hoy. Allí se ubica la tarea de liberación de la filosofía: no anclarse ni fijarse sin antes revisar críticamente sus propios supuestos.
Enrique Dussel hace este trabajo en la historia. Propone una relectura crítica de la historia moderna, cuestionando el relato europeo del “descubrimiento” de América y señalando cómo este omite o encubre la violencia de la conquista de América profunda (Abya Yala). De este modo, se habilita una historia pensada desde los pueblos que fueron silenciados en ella.
La cosmotécnica
El filósofo contemporáneo Yuk Hui, nacido en Hong Kong, pone sobre la mesa un importante concepto: el de cosmotécnica.
Desde su perspectiva, todo producto técnico trae detrás de sí una cosmovisión, una idea de ser. Además, la técnica ordena la sociedad y no es neutral, sino que encarna una relación específica entre cosmos, sociedad y sentido. Por ejemplo, se dice que, en general, la sociedad estadounidense es muy consumista. Entonces, su técnica tiene que ver justamente con el consumo: muchos de los artefactos que allí se producen tienden a ampliar o refinar las formas de consumo existentes.
Cuando un país, con cultura, historia y cosmovisión propias, exporta su técnica, no solo está exportando un producto sino también una forma de ser y entender el mundo. Y el país que importa esto acríticamente está heredando inconscientemente esa cosmovisión que no le es propia. El artefacto, entonces, no viene solo, sino que trae una carga de significaciones que desconocemos.
El martes 26 de mayo, el Instituto de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Humanidades y el Departamento de Filosofía y Teología de la Universidad Católica de Santa Fe organizan la Jornada “Filosofar históricamente: recepciones y derivas de Martín Heidegger, 50 años”.
A medio siglo de su fallecimiento, esta jornada se propone contribuir al examen crítico del pensamiento de Heidegger a partir de su inscripción en la problemática del filosofar histórico y su articulación con el análisis del presente. Podés encontrar más información haciendo click AQUÍ.
