A finales de julio, el equipo de investigación socio-eco-jurídica, presentó los principales contenidos del libro Modo de Vida Imperial (MVI) de los doctores Brand y Wissen (2017).

Como introducción a la exposición, se presentó la canción folklórica “El ceibo triste”, de Luis Reinaldi, con el propósito de generar un marco temático para la charla y establecer una conexión con los contenidos que posteriormente serían abordados. Luego, se planteó una pregunta disparadora: ¿Qué tienen en común las crisis migratorias, el ébola, la desaparición de países, el estrecho de Ormuz, entre otros fenómenos? Las respuestas más frecuentes fueron “el clima” y “el sistema productivo mundial”. A partir de ese intercambio comenzó el análisis del libro, que buscaba responder dicho interrogante.
Capítulo 1
Se plantea que existe un límite en el modo de vida que las personas pueden sostener y, en particular, que el MVI implica la explotación de la naturaleza y de las personas a escala mundial. A ello se suma la internacionalización de los costos sociales y ambientales derivados de esa explotación, situación favorecida por el desconocimiento general sobre los orígenes y las consecuencias de este modo de vida.
Capítulo 2
Se desarrolla el contexto de las múltiples crisis que atraviesa la sociedad contemporánea, sosteniendo que resulta necesaria una transformación social y ecológica para poder afrontarlas. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible pueden entenderse como un intento de solución por parte de las Naciones Unidas; sin embargo, esta propuesta se enmarca dentro de la denominada educación principesca, en lugar de la confrontación con las élites. La primera consiste en intentar convencer a las élites internacionales de que el MVI resulta perjudicial, que ellas mismas contribuyen a su reproducción y que, debido a su posición de poder, deberían impulsar un cambio en el modo de vida. No obstante, según los autores, esta alternativa, aunque pacífica, no resuelve el problema de fondo, sino que moderniza el sistema para hacerlo más eficiente y prolongar su permanencia.
Capítulo 3
Se presentan dos definiciones de MVI. La primera lo define como “las normas de producción, distribución y de consumo que están profundamente arraigadas con las estructuras y prácticas políticas, económicas y culturales en la cotidianidad de la población del Norte global y cada vez más también de los países emergentes del Sur global”. La segunda sostiene que “los estándares de una vida ‘buena’ y ‘correcta’, la cual consiste con frecuencia en el MVI, se marcan en la cotidianidad, a pesar de que forman parte de condiciones sociales complejas y, sobre todo, de infraestructuras materiales y sociales”. Asimismo, se explica que el MVI se consolida mediante herramientas como el marketing, la planificación urbana, la política económica, las redes sociales, el cine y la música, entre otros mecanismos de reproducción cultural y de poder. Todo ello requiere relaciones económicas internacionales asimétricas, sostenidas, entre otras cuestiones, por el endeudamiento de los países del Sur global respecto de los del Norte global.
Debido a cuestiones de tiempo, el análisis se centró directamente en el capítulo 5, omitiendo el desarrollo del capítulo 4. Allí se explica que el MVI se fortaleció especialmente luego de la caída de la Unión Soviética como alternativa al capitalismo, del desarrollo de China como ejemplo de transición de un país subdesarrollado a uno desarrollado y del auge de los commodities a partir de 2003, fenómeno que permitió a diversos países intentar alcanzar un desarrollo similar. El Sport Utility Vehicle (SUV) es presentado como un ejemplo emblemático de esta realidad contemporánea, tema que se desarrolla con mayor profundidad en el capítulo 6.
Posibles alternativas al MVI
El capítulo 7 explora algunas de ellas y dirige una crítica principalmente al modelo de la denominada economía verde, por considerarlo relacionado con la educación principesca y, en consecuencia, funcional a la continuidad del sistema económico dominante. Según esta perspectiva, se busca proteger el medio ambiente mientras se mantiene el crecimiento económico, lo que termina traduciendo los ecosistemas en bienes con valor monetario.
Por último, el capítulo 8 sostiene que las verdaderas transformaciones deben producirse a partir de cambios estructurales. En palabras de los autores: “Los cambios al MVI tienen que partir de diferentes puntos: se trata de establecer otras reglas políticas, así como expectativas sociales e ideales que pongan un alto a la expansión capitalista y al acaparamiento de tierras y que faciliten un modo de vida solidario. Otros aspectos importantes son la modificación de las subjetividades, la disminución perceptible de la injusticia, así como el ajuste de las relaciones de fuerzas. Se trata de las dimensiones concretas de la vida (como la alimentación, la vivienda, la ropa, la salud) más allá de las prácticas que buscan disciplinar y fomentar la expansión y el acaparamiento capitalista de tierras, además de jerarquizar la sociedad”.
De esta manera, el libro concluye que el cambio no puede limitarse a reformas parciales, sino que requiere una transformación profunda de las estructuras políticas, económicas y sociales que sostienen el MVI.
Nota elaborada por Octavio Claramunt Gallay e Irina Natasha Gariboglio Zottico, becarios del Equipo de Investigación Socio-Eco-Jurídica de la Facultad de Derecho y Ciencia Política (UCSF).
