“Nunca había pisado una cárcel”. Así comienza Milagros Vicino a recordar el origen de su Trabajo Integrador Final (TIF) de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Católica de Santa Fe. Lo que nació como una inquietud académica terminó convirtiéndose en una experiencia que transformó su manera de entender la comunicación y de mirar a las personas.
Oriunda de Santo Tomé, Milagros produjo el ciclo de podcast “La voz de la tumba”, con cinco testimonios de personas privadas de la libertad. El objetivo fue acercar una realidad que pocas veces se narra desde la voz de sus protagonistas.
La idea surgió a partir de su vínculo con la Pastoral Carcelaria. Durante sus prácticas profesionales colaboró con la difusión de sus actividades y, en ese proceso, descubrió un mundo que hasta entonces le era completamente ajeno.
“Sentía que no podía comunicar una realidad que no conocía. Por eso empecé a visitar la cárcel todas las semanas. De dos en dos íbamos al encuentro de Jesús en la ‘tumba’, como llaman los propios presos a la cárcel, origen del lenguaje tumbero. Allí, siempre nos esperan con el mate, la guitarra y la Biblia”, recuerda.
Así comenzó un recorrido por las unidades penitenciarias de Las Flores y Coronda, donde compartió celebraciones y espacios de diálogo. Le llamó la atención desde el primer momento la sencillez de sus intenciones: “Le pedían a la Virgen de Guadalupe volver a ver a sus madres o a sus hijos, nada más”.
Escuchar antes que hablar
Durante meses, Milagros escuchó relatos sobre familias, errores, proyectos, fe y esperanza. También descubrió el valor que tiene la escucha como herramienta fundamental para el ejercicio profesional del comunicador: “Yo soy de hablar mucho, pero comprendí que muchas veces lo mejor es hacer silencio, escuchar la necesidad del otro. Hay una enorme necesidad de comunicación. Nadie le da voz a otra persona: ellos ya la tienen. Lo importante es generar espacios para que esa voz pueda ser recuperada“.
Comunicar desde el encuentro
Más que un producto sonoro, el TIF se convirtió en una experiencia de inmersión en una realidad compleja, que también presentó desafíos durante el proceso de producción: “Aunque tenía autorización y ya había coordinado con varios de los chicos dentro de los pabellones para realizar las entrevistas, no me permitieron ingresar el celular para registrar los testimonios. Tuve que buscar un plan B y finalmente pude grabar en el pabellón de policías privados de la libertad, donde funcionaba una radio”.
Los encuentros también dejaron al descubierto experiencias muy fuertes: “Motines, agresiones físicas y verbales, soledad, segregación y el sufrimiento que viven también las familias que visitan. Hay mucho abandono durante el encierro y, cuando recuperan la libertad, muchos no tienen una red de apoyo. Es fácil juzgar, pero detrás de cada número hay una persona. Nadie deja de tener sueños por estar en la cárcel. Todos somos igualmente dignos y merecemos acceder a derechos como la educación, la alimentación y el trabajo. Muchos reconocen sus errores y dicen explícitamente: ‘Quiero ser mejor’.”
Estudiantes en salida
No se puede investigar una realidad desde la distancia. Para contar una historia es necesario involucrarse con los territorios y con las personas que los habitan: “Si queremos contar una realidad, primero tenemos que conocerla. Comprender el dolor y valorar lo que tenemos. Los prejuicios muchas veces nos nublan la forma en que escuchamos al otro. No se trata de querer cambiar a las personas, sino de encontrarnos en nuestras historias“.
Finalmente, Milagros reconoce que su TIF superó el desafío académico y se convirtió en una experiencia de vida: “Agradezco a mi facultad y a mis docentes por la cercanía, por impulsar la reflexión y por animarme a vivir esto que me cambió la vida.”
Escuchá el podcast en Spotify
