Responsabilidad Social: una exigencia en todos los ámbitos

Desde hace un tiempo, escuchamos hablar cada vez más de Responsabilidad Social, una idea y un modo de gestión que tiene su origen en el mundo empresario (RSE) pero a medida que se va implementando se advierte que, en realidad, va mucho más allá de las empresas.

Si bien existen múltiples definiciones en torno a esta idea, en términos generales, la RS involucra la responsabilidad de cualquier compañía con sus trabajadores, la comunidad y el medio ambiente.

En este sentido, y en el marco de la convocatoria de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UCSF, el equipo de investigación encabezado por el Mgter. Horacio Alesandria está trabajando sobre un diagnóstico de RSU en nuestra Universidad.

Entrando en el tema, Alesandria explicó que detrás de la cuestión de responsabilidad social está lo ético. En el ámbito empresarial, por ejemplo, cómo hacer negocios procurando generar, además de un beneficio económico, que es el fin último de toda empresa, valor social y ambiental.

En la realidad nos encontramos con “tres razones por las que uno puede ser socialmente responsable: por convicción, por obligación del mercado o del cliente o porque un empresario advierte que ‘queda bien’ con la comunidad o algún grupo de interés. La experiencia indica que los consumidores, empiezan a exigir esta responsabilidad también y, además, desde la cuestión medioambiental se exige responsabilidad para la conservación del planeta y de los recursos que hoy estamos sobreexplotando”.

 

Convocatoria para Latinoamérica

El año pasado, mientras el equipo trabajaba en su proyecto, URSULA (Unión de Responsabilidad Social Universitaria Latinoamericana) lanza una convocatoria sobre una temática muy similar: diagnosticar la situación actual de RSU en las universidades de Latinoamérica.

“De la convocatoria participaron 60 universidades latinoamericanas -7 de Argentina- que trabajaron a partir de una metodología que propuso URSULA y que dividía la gestión de las universidades en cuatro ítems: la gestión propiamente dicha, la gestión de la razón de ser la Universidad (formar profesionales), investigación y extensión o participación de la institución en el medio”, contó el Mgter. Alesandria.

Los diagnósticos se realizaron en base a una herramienta estandarizada que incluía 12 metas, 66 indicadores y 5 niveles de logro de gestión integral y transversal de RSU. “En cada uno de esos ítems, cada universidad debía ponerse una puntuación del 1 al 5, según los resultados del diagnóstico. Las puntuaciones más altas, debían ser justificadas con documentación, resoluciones, planes de estudio, etc.”.

En el caso de nuestra Universidad, Horacio Alesandria explicó que “el diagnóstico dio como resultado que estamos a mitad de camino, se han hecho cosas, pero todavía falta mucho por hacerse. Se destacan avances desde el punto de vista estratégico, por ejemplo, el nuevo Modelo Educativo, en el cual, uno de los ejes, es la RSU. A partir de ese Modelo se ha instruido a las diferentes Facultades para que incorporen a sus planes de estudios la Responsabilidad Social como temática. En este sentido, la primera en aplicarlo fue la Facultad de Ciencias Económicas, que en 2014 modifica el plan de estudios de la carrera de Contador Público e incorpora, siendo una de las primeras en el país, Responsabilidad Social como materia obligatoria en segundo año”.

El equipo que trabaja en la Investigación “La Sustentabilidad en la gestión universitaria: análisis de la integración de un comportamiento Socialmente Responsable en su relación con los Grupos de Interés”, se encuentra en la etapa de elaboración del marco teórico y de relevamiento en las universidades católicas de Argentina, con el objetivo de poder comparar entre instituciones similares.

“El desafío más importante es que, a partir de ese diagnóstico sobre las buenas prácticas en general que existen sobre el tema, hagamos una propuesta a la UCSF para ver en qué líneas se puede avanzar”, mencionó el director de la investigación.

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Claves del Consumo Sostenible

Existe amplio consenso en afirmar que la crisis ambiental global va más allá de la problemática ecológica. En última -o primer- instancia, remite a una dimensión cultural subyacente que tiene que ver con la forma de pensar y de relacionarse con el mundo.

La inclusión de este tema en la agenda 2030 de la ONU, particularmente en el Objetivo de Desarrollo Sostenible n° 12 “Producción y consumo sostenible”, la publicación de la encíclica Laudato Si’, ponen en evidencia la urgencia de un cambio. Y este es el tema a partir del cual la Ingeniera ambiental, Anabel Rocío Orellano, reflexiona acerca de la sostenibilidad y el consumo sostenible.

Para entender el concepto de consumo sostenible, primero tenemos que definir qué entendemos por sostenible o sostenibilidad. Esta tendencia mundial indica que los seres humanos de hoy tenemos recursos limitados para satisfacer nuestras necesidades, y no debemos comprometer los de las futuras generaciones impidiendo que puedan satisfacer sus necesidades, ni la biocapacidad del planeta, explica Orellano. La idea de sostenibilidad abarca el desarrollo social, ecológico, económico, cultural de forma armónica con el entorno, en relación con nosotros mismos, con las demás personas y seres.

El consumo sostenible se refiere a las acciones personales que, como ciudadanos y consumidores, debemos llevar adelante. Buscando que nuestras acciones conscientes no impliquen una perturbación al entorno y a las generaciones futuras. Para esto hay que tener en cuenta que la decisión sobre el consumo no es un acto aislado, sino que responde a una compleja interrelación entre factores culturales y sociales, características personales, valores y estilos de vida.

Si pensamos en nuestro día a día, la cantidad de recursos naturales que utilizamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos- vestimenta, alimentación, transporte- implican una cantidad de aire limpio, agua, suelo y demás recursos que estamos tomando: ahí está nuestro deber de consciencia, de responsabilidad.

Uno de los objetivos del consumo sostenible es que como ciudadanos seamos conscientes y actuemos al respecto. Para esto es clave la información disponible, la accesibilidad a opciones sostenibles y la motivación para la adquisición de hábitos consientes.

 

Aliados para la sostenibilidad

Respecto a las motivaciones de fondo que propician una transformación efectiva, la literatura reporta dos experiencias transformadoras. Por un lado, la conexión con la naturaleza, como una de las maneras de generar esta conciencia que motiva a la acción. La experiencia de viajar, vivir, compartir en entornos naturales hace que podamos tomar perspectiva de la importancia de proteger y cuidar la “casa común”.

Por otro lado, la experiencia religiosa o espiritual puede ser una de las experiencias más profundas e influyentes en el comportamiento. Las religiones -cristianismo, judaísmo, islamismo, budismo, hinduismo- proponen un ideal de vida simple, austera, solidaria, de responsabilidad para con los otros; y esto se condice con estilos de vida en donde debería primar un consumo sobrio y necesario, la conciencia del otro y de los otros, y la responsabilidad para con el ambiente. También en la esfera colectiva, las tradiciones religiosas en todo el mundo tienen una gran influencia social, educativa, política y cultural, lo que las convierte en un potente aliado para la sostenibilidad.

En el fondo de lo que se trata es de reflexionar sobre qué tipo de vida queremos llevar, cuáles son nuestras prioridades, qué entendemos por calidad de vida, siendo consientes de nuestra interdependencia con todo lo que existe.

 

Si querés saber más sobre consumo sostenible, te invitamos al Seminario: “Consumo Responsable y tradiciones religiosas: aliados para la sostenibilidad”

 

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