Israel firma acuerdo histórico con Emiratos Árabes y Bahrein tras la mediación de EE.UU.

En la Casa Blanca, este 15 de septiembre quedaron sellados los históricos Acuerdos de Abraham, con los que Israel normaliza sus relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que estos pactos servirán para la consecución de la paz en Medio Oriente.  La Autoridad Nacional Palestina condenó los acuerdos.

Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahrein se convirtieron en el tercer y cuarto país árabe, respectivamente, que restablecen sus relaciones diplomáticas con Israel, después de que Egipto lo hiciera en 1979 y Jordania en 1994.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anfitrión de la ceremonia en la Casa Blanca este 15 de septiembre, declaró que se trata del “amanecer de un nuevo Medio Oriente”.

Frente a cientos de personas, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, firmó los llamados Acuerdos de Abraham con el ministro de Relaciones Exteriores de los EAU, el jeque Abdullah bin Zayed al-Nahyan, y el ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif Al Zayani.

De esta manera, Israel y las dos naciones árabes terminan décadas sin relaciones diplomáticas, pero aún sin una resolución sobre la disputa entre los israelíes y los palestinos, que por años ha sido el principal centro de discordia en esta región.

El conflicto árabe-israelí es el principal talón de Aquiles en la firma de los Acuerdos de Abraham. La Autoridad Nacional Palestina condena estos pactos al considerarlos una “traición a su causa y un golpe a la solidaridad entre los países árabes”. (más…)

Leer Más


Por una cultura del encuentro y la no discriminación

La Universidad Católica de Santa Fe viene trabando desde hace muchos años junto con las Asociaciones Israelitas de la ciudad con el objetivo a crear lazos de fraternidad y colaboración mutua, compartiendo espacios y valores comunes.

En este marco, días atrás, autoridades del Rectorado de la UCSF mantuvieron un encuentro con representantes de las entidades israelitas de nuestro medio para interiorizarlos de sobre su intención de adherir la definición de antisemitismo aprobada la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA por sus siglas en inglés).

“Se trata de una definición que refleja los valores y el compromiso de nuestra Universidad de seguir creando una cultura del encuentro que condene y rechace toda forma de violencia y discriminación en cualquiera de sus modalidades, teniendo como referencia la dignidad humana. Por eso nos hemos reunido con la comunidad israelita para expresarles nuestro deseo concreto de sumarnos y asumir esta iniciativa”, sostuvo el Vicerrector de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza.

De la reunión virtual participaron por la UCSF: su Rector, Mgter. Lic. Eugenio Martín De Palma; junto a los vicerrectores Académico, Dr. Guillermo Kerz, y de Formación, Pbro. Lic. Carlos Scatizza; y la Secretaria de Administración, CPN Ana María Aviazzi. En tanto por la DAIA Santa Fe, lo hicieron: su Presidente, Horacio Roitman; junto a Daniel Steimberg, Cintia Vaisman, Noemí Mena y Fabián Glembotsky, integrantes de la Filial.

En toda la UCSF

En este sentido, el Consejo Superior aprobó el pasado 8 de setiembre la resolución por la cual se adopta “en el ámbito de la Universidad Católica de Santa Fe la definición de ‘antisemitismo’ aprobada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) el 26 de mayo de 2016, que a continuación se detalla: “El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto.”; expresa en su Art. 1.

Asimismo, el texto indica que la misma “se tomará en el ámbito de la Universidad Católica de Santa Fe, colaborando en la construcción de una cultura del encuentro; generando virtudes y actitudes contra la discriminación en general, el antisemitismo en particular y la violencia, en todas sus formas, que llevan los prejuicios y la intolerancia”.

A partir de esta resolución que se extiende a todas las sedes donde la Universidad Católica de Santa Fe desarrolla sus actividades académicas, “entendemos que privilegiamos siempre, la dignidad de la persona y nos oponemos a cualquier tipo de violencia o discriminación, sea por razones religiosas, culturales, de identidad, las cuales deben quedar fuera y condenadas por nuestra Universidad”.

Cultura del encuentro

“Esta es una acción más, que se suma al trabajo que venimos haciendo de manera muy cercana con las asociaciones israelitas, como también lo hacemos en la Mesa del Diálogo, o el programa Peraj en un momento; instancias todas en las cuales compartimos valores y visiones que nos ayudan a poder estar concretando esta cultura del encuentro de la cual el Papa Francisco permanentemente está haciendo alusión”, expresó el Vicerrector del Formación.

Con esta adhesión, la UCSF se suma también a la invitación que hiciera a todas las instituciones públicas y privadas el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país, a través de resolución 114/2020. En ella llama a adherir a la definición de antisemitismo promovida por el IRA, esta organización intergubernamental fundada en 1998 que reúne a gobiernos y expertos para promover la educación, la investigación y el recuerdo del Holocausto en todo el mundo, de la que Argentina forma parte desde el 2002.

La utilización de la definición adoptada, tiene como finalidad la de contribuir a la lucha de nuestro país “contra el antisemitismo en todas sus formas, colaborar en la construcción de una cultura de prevención de la hostilidad y la violencia a que llevan los prejuicios y la intolerancia, promover la educación para la pluralidad y reforzar la tarea de garantizar el cumplimiento del objetivo de la educación, la memoria y la investigación del Holocausto y de sus lecciones para nosotros y las generaciones venideras”; expresa el texto normativo.

 

Leer Más


Carta circular a las escuelas, universidades e instituciones educativas

Congregación para la Educación Católica

Carta circular a las escuelas, universidades e instituciones educativas

La difusión de COVID-19 ha cambiado profundamente nuestra existencia y forma de vida: «nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa»(1). A las dificultades sanitarias se añadieron las económicas y sociales. Los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico. En todas partes se han hecho esfuerzos por garantizar una respuesta rápida mediante plataformas digitales para la enseñanza a distancia, pero su eficacia se ha visto condicionada por una marcada disparidad en las oportunidades educativas y tecnológicas. Según datos recientes proporcionados por organismos internacionales, alrededor de diez millones de niños no podrán acceder a la educación en los próximos años, lo que aumentará la brecha educativa ya existente.

A esto se añade la dramática situación de las escuelas y universidades católicas que, sin el apoyo económico del Estado, corren el riesgo de ser cerradas o reducidas radicalmente. A pesar de ello, las instituciones educativas católicas (escuelas y universidades) han podido, también en este caso, ubicarse a la vanguardia de la preocupación educativa, poniéndose al servicio de la comunidad eclesial y civil, asegurando un servicio educativo y cultural público en beneficio de toda la comunidad.

Educación y relación

En este contexto, lamentablemente todavía incontrolado en diferentes partes del mundo, han surgido algunos desafíos. En primer lugar, la enseñanza a distancia — aunque necesaria en este momento extremadamente crítico — ha demostrado cómo el entorno educativo formado por personas que se encuentran, interactuando directamente y “en presencia”, no sea simplemente un contexto accesorio de la actividad educativa, sino la sustancia misma de esa relación de intercambio y de diálogo (entre profesores y alumnos), indispensable para la formación de la persona y para una comprensión crítica de la realidad. En las aulas, clases y talleres crecemos juntos y construimos una identidad de relación. En todas las edades de la vida, pero con mayor razón en la infancia, en la adolescencia y en los primeros años de la edad adulta, el proceso de crecimiento psicopedagógico no puede realizarse sin el encuentro con los demás y la presencia del otro que suscita las condiciones necesarias para que florezcan la creatividad y la inclusión. En el ámbito de la investigación científica, de la investigación académica y, en general, de la actividad didáctica, las relaciones interpersonales constituyen el “lugar” donde la transdisciplinariedad y la interdisciplinariedad emergen como criterios culturales fundamentales para frenar los riesgos de fragmentación y desintegración del conocimiento, así como para la apertura de este mismo conocimiento a la luz de la Revelación.

La formación de los formadores

La propagación y persistencia generalizada de la pandemia a lo largo del tiempo también ha creado una sensación generalizada de incertidumbre entre los maestros y educadores. Su inestimable contribución — que ha cambiado profundamente a lo largo de los años, tanto desde el punto de vista social como técnico — necesita ser apoyada a través de una sólida formación continua que sepa responder a las necesidades de los tiempos, sin perder esa síntesis entre fe, cultura y vida, que es la clave peculiar de la misión educativa llevada a cabo en las escuelas y universidades católicas. Los profesores tienen muchas responsabilidades y su compromiso debe transformarse cada vez más en una acción real, creativa e inclusiva. Gracias a ellos se alimenta un espíritu de fraternidad y de compartir no sólo con los discentes, sino también entre generaciones, religiones y culturas, así como entre el hombre y el medio ambiente.

La persona en el centro

Para ello es necesario poner siempre en el centro de la acción educativa la relación con la persona concreta y entre las personas reales que componen la comunidad educativa; una relación que no encuentra suficiente espacio en la interacción mediada por una pantalla o en las conexiones impersonales de la red digital. La persona concreta y real es el alma misma de los procesos educativos formales e informales, así como una fuente inagotable de vida debido a su naturaleza esencialmente relacional y comunitaria, que implica siempre la doble dimensión vertical (abierta a la comunión con Dios) y horizontal (comunión entre los hombres). La educación católica — inspirada en la visión cristiana de la realidad en todas sus expresiones — tiene como objetivo la formación integral de la persona, llamada a vivir responsablemente una vocación específica en solidaridad con otras personas.

En un mundo donde «todo está íntimamente relacionado»(2), nos sentimos unidos para encontrar — según la antropología cristiana — nuevos caminos formativos que nos permitan crecer juntos utilizando los instrumentos relacionales que nos ofrece la tecnología actual, pero sobre todo abriéndonos a la insustituible escucha sincera de la voz del otro, dando tiempo para una reflexión y planificación comunes, atesorando historias personales y proyectos compartidos, las enseñanzas de la historia y la sabiduría de las generaciones pasadas. En tal proceso de formación en la relación y en la cultura del encuentro, la “casa común” con todas las criaturas encuentra también espacio y valor, ya que las personas, cuando se forman en la lógica de la comunión y de la solidaridad, están trabajando «para recuperar la serena armonía con la creación»(3) y para configurar el mundo como un «espacio de una verdadera fraternidad». (cfr. Gaudium et spes, 37).

El servicio como fin

La situación actual ha puesto de manifiesto la necesidad de un pacto educativo cada vez más comunitario y compartido que, — apoyándose en el Evangelio y en las enseñanzas de la Iglesia —, contribuya en sinergia generosa y abierta a la difusión de una auténtica cultura del encuentro. Por esta razón, las escuelas y universidades católicas están llamadas a formar personas que estén dispuestas a ponerse al servicio de la comunidad. En el servicio, de hecho, podemos experimentar que hay más alegría en dar que en recibir (cfr. Hch, 20,35) y que el nuestro ya no puede ser un tiempo de indiferencia, egoísmo y divisiones: «el mundo entero está sufriendo y debe encontrarse unido para hacer frente a la pandemia», ya que «el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace ninguna diferencia de personas»(4) . La formación al servicio de la sociedad para la promoción del bien común llama a todos a «unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones para una humanidad más fraterna»(5).

Trabajar en red

La evidencia de que «la pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos»(6) pide a las instituciones educativas — católicas y no católicas — que contribuyan a la realización de una alianza educativa que, como en un movimiento de equipo, tenga el objetivo de «encontrar el paso común para reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión»(7) . Esto puede fomentarse mediante una red de cooperación más integrada, que se configura como un punto de partida para fijar y compartir algunos objetivos esenciales hacia los que convergen — de manera creativa y concreta — modelos de coexistencia alternativos, en respuesta a aquellos de una sociedad masificada e individualista (8). Se trata de una responsabilidad amplia y abierta a todos los que se preocupan por la construcción de un proyecto educativo renovado a largo plazo, basado en exigencias éticas y normativas compartidas. La pastoral escolar y universitaria y cada uno de los cristianos presentes en todas las instituciones educativas pueden dar una valiosa contribución.

Conclusión

La Congregación para la Educación Católica — como ya se expresó en el comunicado del 14 de mayo de 2020 (9) — renueva su cercanía y expresa su profundo agradecimiento a todas las comunidades educativas de las instituciones educativas y universidades católicas que, a pesar de la emergencia sanitaria, han garantizado la realización de sus actividades para no interrumpir esa cadena educativa que está en la base no sólo del desarrollo personal sino también de la vida social. En la perspectiva de la futura planificación escolar y académica, a pesar de las incertidumbres y preocupaciones, los responsables de la sociedad están llamados a dar mayor importancia a la educación en todas sus dimensiones formales e informales, coordinando los esfuerzos para apoyar y asegurar, en estos tiempos difíciles, el compromiso educativo de todos.

Es hora de mirar hacia adelante con coraje y esperanza. Las instituciones educativas católicas tienen en Cristo — camino, verdad y vida (cfr. Jn 14,6) — su fundamento y una fuente perenne de «agua viva» (cfr. Jn 4,7-13) que revela el nuevo sentido de la existencia y la transforma. Por lo tanto, nos sostenga la convicción de que en la educación habita la semilla de la esperanza: una esperanza de paz y de justicia.

Ciudad del Vaticano, 10 de septiembre de 2020

Giuseppe Card. VERSALDI
Prefecto

Angelo Vincenzo ZANI
Arz. tit. de Volturno
Secretario

Haga clic aquí para bajar el Documento

 


(1) PAPA FRANCISCO, Momento extraordinario de oración en el atrio de la Basílica de San Pedro, 27 de marzo de 2020.
(2) PAPA FRANCESCO, Carta encíclica Laudato si’, 24 de mayo de 2015, 137.
(3) PAPA FRANCISCO, Carta encíclica Laudato si’, 24 de mayo de 2015, 225. (4) PAPA FRANCISCO, Mensaje Urbi et Orbi, 12 de abril de 2020.
(5) PAPA FRANCISCO, Mensaje en ocasión del lanzamiento del Pacto educativo, 12 de septiembre de 2019.
(6) PAPA FRANCISCO, Audiencia general, 12 de agosto de 2020.
(7) PAPA FRANCISCO, Discurso a los participantes a la Asamblea Plenaria de la Congregación para la Educación Católica, 20 de febrero de 2020.
(8) Cfr CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Educar al humanismo solidario. Para construir una civilización del amor a los 50 años de la Populorum progressio, 16 de abril de 2017, VI.
(9) http://www.cec.va/content/dam/cec/Documenti/COMUNICATO%20global%20compact%20IT%2014-05-2020.pdf

Leer Más