La Universidad Católica de Santa Fe celebró en la Sede Virgen de Guadalupe una nueva edición de las Bodas de Oro y Plata, un encuentro que reunió a graduados que cumplieron 50 y 25 años desde su egreso, junto a docentes que fueron reconocidos por sus 25 años de labor en la institución.
Más que una ceremonia, la celebración fue una invitación a volver. Volver a los pasillos, a las aulas, a los compañeros y a aquellos años en los que comenzaban a proyectarse sueños y caminos profesionales. Pero también fue una oportunidad para mirar el presente y reconocer todo lo vivido desde entonces.
Viaje en el tiempo
Uno de los momentos especialmente emotivos llegó de la mano de Cecilia Re, graduada en Psicopedagogía, cuyas palabras invitaron a los presentes a realizar un verdadero viaje en el tiempo: regresar por un instante a aquellos días como estudiantes y, desde allí, recorrer los distintos momentos, experiencias y decisiones que fueron construyendo sus historias hasta llegar al presente.
Sus palabras permitieron poner en valor no solo los años transcurridos, sino también el camino recorrido por cada graduado desde que dejó las aulas de la UCSF: las experiencias profesionales y personales, los desafíos, los aprendizajes y los vínculos que acompañaron cada trayectoria.
Trayectorias que también se construyen desde la docencia
La celebración tuvo además un reconocimiento especial para quienes hace 25 años continúan con la tarea docente en la Universidad.
Entre los homenajeados se encontraba el rector de la UCSF, Eugenio Martín de Palma, quien recibió su medalla conmemorativa por sus 25 años de labor docente en la institución.
Su reconocimiento, junto al de los demás docentes homenajeados, permitió destacar otra dimensión fundamental de la vida universitaria: la de quienes, desde la enseñanza, acompañan a distintas generaciones y también dejan su huella en la historia de la Universidad y de sus graduados.
Un reencuentro que continuó después de la ceremonia
Finalizado el acto, los homenajeados y sus familias compartieron un vino de honor, donde el encuentro continuó de una manera más distendida y cercana.
Entre conversaciones, recuerdos y anécdotas, los graduados siguieron compartiendo sus historias, contando qué había sido de sus vidas y celebrando la posibilidad de reencontrarse después de tantos años.
Porque las Bodas de Oro y Plata no representan únicamente una fecha o una cantidad de años transcurridos. Son también una oportunidad para reconocer las trayectorias, recuperar vínculos y renovar el sentido de pertenencia a una comunidad que continúa siendo parte de la historia de cada graduado.
Y quizá por eso, después de 25 o 50 años, regresar tiene un significado diferente: ya no se vuelve únicamente a la Universidad en la que estudiaron, sino al lugar que fue escenario de una etapa decisiva de sus vidas.
