La investigación universitaria ofrece oportunidades para ampliar la formación profesional y conocer realidades que trascienden las aulas. Así lo demuestra la experiencia de Renata Tibaldo, estudiante del último año de Abogacía de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), quien se incorporó como becaria al equipo Socio-Eco-Jurídico en 2023.

Oriunda de Esperanza, Santa Fe, encontró en este espacio una oportunidad para complementar sus estudios y descubrir un campo profesional que no siempre aparece entre las primeras opciones de quienes estudian Derecho: la investigación académica.
“Me interesó como una experiencia complementaria a mi formación y también por la posibilidad de hacerlo desde la facultad”, cuenta. Desde su incorporación, participó en actividades que fortalecieron sus herramientas profesionales, como la redacción, la realización de entrevistas y el análisis de doctrina y jurisprudencia.
Uno de los principales aprendizajes, señala, es el contacto con otras realidades y perspectivas. Las visitas territoriales y los espacios de lectura y discusión le permitieron conocer problemáticas sociales y ambientales, dialogar con personas de distintas disciplinas y formular nuevas preguntas.

Diez años de investigación interdisciplinaria
El equipo Socio-Eco-Jurídico nació como una iniciativa de la Dra. Ana María Bonet, en el seno de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la UCSF, para vincular el conocimiento jurídico con la propuesta de ecología integral de la encíclica Laudato si’, del papa Francisco.
Según explica Esteban Piva, investigador y docente de la UCSF, el trabajo articula las corrientes jurídicas con los estudios sobre ecología integral para analizar problemáticas sociales y ambientales y pensar qué aportes puede realizar el derecho al cuidado de la casa común.
La propuesta reúne a docentes, investigadores, doctorandos, colaboradores externos, estudiantes y graduados recientes que se incorporan mediante becas. Su participación contribuye al desarrollo de proyectos, la organización de encuentros académicos y los relevamientos territoriales.
Para Piva, el intercambio entre investigadores y becarios también resulta clave para generar nuevas ideas y líneas de trabajo. Las discusiones pueden convertirse en proyectos, artículos científicos y libros: “A veces uno puedo tener ideas sobre un libro, un autor o un artículo científico, pero es al discutirlas con otros cuando se abren nuevas perspectivas. Es la cocina del pensamiento”, menciona.
Del conocimiento académico a la comunidad
Entre las iniciativas del equipo se encuentran los círculos de lectura y los proyectos de extensión Cátedra Abierta de Derechos Humanos, Eco Santa Fe y Faros Alimentarios.
Eco Santa Fe aborda la gestión de residuos en la ciudad y desarrolla contenidos de divulgación en Instagram sobre normativa, derecho a un ambiente sano, separación y reciclaje. Como parte del proyecto, sus integrantes visitaron el complejo ambiental de Santa Fe para conocer el tratamiento de los residuos y las dificultades que presenta la recuperación de materiales.
“Buscamos mostrar esa situación y generar conciencia”, explica Tibaldo, en referencia a la importancia de mejorar la separación desde el origen y promover prácticas cotidianas más responsables.
Por su parte, Faros Alimentarios releva y visibiliza experiencias de producción y comercialización de alimentos desde una perspectiva socioecológica, a través de su sitio web y sus canales digitales.

Ambas iniciativas buscan acercar el conocimiento universitario a la comunidad, contribuir al debate público y promover otras formas de relacionarse con el ambiente.
Nuevas perspectivas para la formación profesional
La experiencia como becario también permite reconocer alternativas para el desarrollo profesional. Tibaldo destaca la importancia de aprender a leer críticamente, analizar información, investigar fuentes y abordar ideas que requieren tiempo y reflexión:
“Es más lo que brinda el equipo al becario. Hay una simbiosis muy fuerte. Uno se forma, conoce realidades diferentes y descubre nuevas posibilidades a futuro”, sostiene. Además, señala que la investigación académica constituye una oportunidad que muchas veces se desconoce al pensar en las posibilidades laborales de los nuevos profesionales.
A diez años de su creación, el equipo Socio-Eco-Jurídico continúa apostando por una investigación comprometida con las necesidades sociales. Para Piva, el desafío es ampliar la participación y fortalecer estos espacios para contribuir a una cultura ecológica que invite a repensar los modos de habitar el mundo:
“Queremos aportar nuestro granito de arena, desde lo que sabemos hacer, a la construcción de un mundo mejor o, al menos, al diálogo necesario para construirlo. Muchas veces buscamos respuestas y al desconocer alternativas nos inclinamos por las más rápidas. Sin embargo, la ecología integral nos da otra propuesta. Si todo continúa escalando como viene sucediendo, quizás lleguemos a un límite que nos obligue a preguntarnos cómo queremos vivir realmente, qué valoramos y a qué deberíamos restarle importancia. Sobre todo, tendremos que decidir si vamos a seguir considerando un enemigo al entorno en el que vivimos o si vamos a buscar una forma de convivir armoniosamente con él. Desde el resurgimiento de la cultura de la investigación -como vemos hoy en redes sociales- agradecemos el acompañamiento de la UCSF”, finaliza el investigador.
