¿Puede haber belleza en una distopía? La UCSF abrió el debate 

¿Puede la belleza sobrevivir en una sociedad que intenta controlar todos los aspectos de la vida? Esta pregunta guio el taller que se realizó en septiembre en la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), en el marco de Rebeldes Con Causa, el proyecto de extensión que promueve espacios de encuentro, reflexión y diálogo entre jóvenes. 

Durante la actividad, el licenciado en Comunicación Ariel Humeler, graduado de la UCSF y oriundo de San Jerónimo Norte, propuso abordar esta cuestión a partir de cuatro obras literarias: 1984, de George Orwell; Un mundo feliz, de Aldous Huxley; Fahrenheit 451, de Ray Bradbury; y Esa horrible fortaleza, de C. S. Lewis. Las novelas permitieron explorar las tensiones entre los ideales de una sociedad perfecta, la libertad individual y la capacidad humana de asombro. 

Cuando la utopía se convierte en distopía

Humeler distinguió la utopía, entendida como la imaginación de una sociedad ideal, de la distopía, que representa mundos donde la búsqueda de un orden perfecto deriva en mecanismos de control y pérdida de autonomía. Desde esta perspectiva, la antiutopía surge cuando la realización de ese ideal exige suprimir aspectos fundamentales de la condición humana, como la libertad, la propiedad privada o la capacidad de asombro. 

El expositor vinculó el desarrollo de la literatura distópica en el siglo XX con las transformaciones sociales de la Revolución Industrial, la movilización bélica de la Primera Guerra Mundial y el ascenso de los regímenes totalitarios. Estos procesos alimentaron relatos en los que el progreso y la organización social podían convertirse en instrumentos de deshumanización. 

“Para que todos puedan ser felices en estos esquemas, resulta necesario que no haya asombro”, afirmó Humeler. 

La belleza adquiere un sentido que trasciende lo estético: puede conmover, cuestionar certezas y revelar dimensiones de la existencia que no se reducen a la utilidad o al bienestar inmediato. 

A partir de aportes filosóficos de Platón, Tomás de Aquino, Leopoldo Marechal, Rudolf Otto y Byung-Chul Han, Humeler describió seis características de la belleza: 

El esplendor de la forma y la intuición permiten reconocerla de manera inmediata, cuando el conjunto supera la suma de sus partes. La veladura y el símbolo remiten a su capacidad de sugerir sentidos sin revelar por completo su significado. 

La conmoción y la catarsis expresan su fuerza para sacudir certezas y generar una transformación interior. La gratuidad y la libertad señalan que la experiencia estética tiene valor por sí misma, más allá de su utilidad. La contemplación, por su parte, invita a detenerse y mirar sin perseguir un beneficio inmediato, mientras que la profundidad y la fecundidad aluden a la capacidad de despertar recuerdos, iluminar el presente y abrir nuevas formas de comprender la experiencia humana. 

Cuatro obras para pensar la belleza

El recorrido literario permitió reconocer distintas formas en que la belleza, la cultura y la memoria desafían los intentos de control: 

En 1984, de George Orwell, el Partido manipula el lenguaje y reescribe el pasado para dominar el pensamiento. El pisapapeles de cristal y coral que adquiere Winston Smith representa un vestigio de otro tiempo y un espacio de intimidad, conserva una conexión con aquello que el régimen intenta borrar. 

En Un mundo feliz, de Aldous Huxley, el Estado garantiza la estabilidad mediante el placer y el entretenimiento, pero ese bienestar desplaza experiencias capaces de generar incertidumbre y pensamiento crítico. Las obras de Shakespeare que descubre John, el Salvaje, contrastan con esa comodidad artificial y muestran cómo la literatura puede expresar las contradicciones de la condición humana. 

En Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, la quema de libros simboliza el intento de eliminar la memoria cultural. Frente a ese escenario, quienes memorizan obras literarias para transmitirlas a las generaciones futuras convierten la preservación de la cultura en una forma de resistencia. 

Por último, Esa horrible fortaleza, de C. S. Lewis, presenta una tecnocracia que pretende someter la vida a una lógica de dominio. Frente a ese proyecto, la dimensión mística de la experiencia estética abre una posibilidad de transformación y cuestiona una visión del mundo que busca reducirlo todo al control humano. 

Las cuatro obras plantean que la experiencia estética puede preservar espacios de libertad incluso en contextos adversos. 

De la literatura a la vida cotidiana

El intercambio también permitió vincular estas reflexiones con desafíos actuales. Los jóvenes señalaron la velocidad de los entornos digitales, el consumo constante de contenidos y la búsqueda de satisfacción inmediata como factores que pueden dificultar la atención, la reflexión y la construcción de vínculos saludables. 

Frente a esta dinámica, la pregunta por la belleza invita a detenerse y revisar cómo se construye una mirada propia ante los estímulos y modelos que circulan en las plataformas digitales. Contemplar, escuchar y profundizar en una experiencia supone recuperar un tiempo diferente al de la inmediatez. 

La propuesta abrió así una reflexión sobre cómo preservar la libertad interior y la sensibilidad frente a las presiones sociales y tecnológicas. Como síntesis de la charla, quedó planteada una convicción: “Siempre queda una rendija por donde se puede filtrar lo bello, lo bueno y lo verdadero”. 

Último encuentro

Rebeldes Con Causa continuará con ¿Soy lo que muestro? Identidad y belleza en plataformas digitales, una propuesta para reflexionar sobre la influencia de las redes sociales, los «me gusta» y la búsqueda de aprobación en la percepción de uno mismo. 

La actividad se realizará el martes 13 de octubre de 18.30 a 20 h en el aula 3.11 de la UCSF, sede Santa Fe (Echagüe 7151). La participación es gratuita y abierta a jóvenes de la comunidad. Se invita a llevar mate y cuaderno. 



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