La arquitectura que nos contaron

“¿Cómo construir miradas que trasciendan el hecho arquitectónico aislado, entendiéndolo como un producto de entrecruzamiento de pensamientos, tradiciones, tensiones, coyunturas y oportunidades? ¿Cómo resignificar, desde nuestro contexto histórico, la arquitectura que leímos (o que nos contaron)?”. Estas son las primeras líneas de “Summando. La arquitectura que nos contaron”, un libro que nos promete un camino con variadas intersecciones y miradas para entender y volver a pensar lo que nos mostraron de la arquitectura.

Muy lejos de solo ocupar el campo de construir espacios, de lo fáctico, la arquitectura creció y crece en el ámbito de las ideas, del debate y el arte. La innovación, la creatividad y la estética, ligados a la funcionalidad y la satisfacción de las necesidades humanas, son algunos conceptos que se inscriben en lo que conocemos de esta disciplina. Además, las iniciativas de este tipo se encuentsummandoran atravesadas por eventos sociales, políticos, económicos, históricos entre otros, que se pueden vislumbrar, claramente, en el resultado de cualquier creación arquitectónica.

Así, María Jimena Rivero, la autora del libro, comienza a preguntarse cómo llegaron a nuestra percepción estos conceptos, qué es lo que se decidió destacar, qué es lo que se prefirió no decir, cuáles son las ideas y pensamientos que trascendieron hasta hoy. En este sentido, no es un dato menor el período que la autora decide analizar, los 70, 80 y 90 de una argentina revolucionada, signada por grandes cambios sociales y políticos, como lo fue, nada más y nada menos, que el retorno a la democracia.

Empezando por una década signada por los encargos del Estado y de ideas que necesitaban ensalzar el “nacionalismo” reinante, pasando por una necesidad de volver a la construcción del intelecto, de volver a reflexionar, debatir y decir, el período elegido para el análisis finaliza con el surgimiento de conceptos como la aldea global y el cambio de paradigmas de una sociedad de producción a una sociedad de consumo. Contextualmente, estos 30 años fueron englobados por el decir de los medios de comunicación, por el intercambio cultural e histórico, y una propuesta que surgió previamente a todas estas interacciones fue la revista Summa, pionera en la valoración de la arquitectura y el diseño nacional. Summa y Summa+ son el hilo conductor para pensar y reflexionar que utiliza Rivero.

Los materiales de difusión y recolección actuales – revistas, fascículos, colecciones, etc. – dan la posibilidad de que los estudiantes, docentes y profesionales vuelvan a recorrer obras paradigmáticas de la arquitectura que, sin embargo, se proponen desde el discurso de la singularidad. La investigación plasmada en el libro nace de la necesidad de crear relatos y no solo ejemplos singulares, de la idea de retomar un discurso transversal sobre la arquitectura.

Con este objetivo, la autora volvió a las fuentes, a las publicaciones de esta revista entendida como centro de consulta de varias generaciones de profesionales, con una tirada sostenida desde el año 63, dato no menor si tenemos en cuenta la actualidad por la que transitan los medios gráficos, intentando mantener su esencia, pero avasallados por las tendencias digitales.

La vanguardia que encarnó esta propuesta en aquellos años, difundiendo y apoyando bienales, seminarios y publicaciones de artífices de la cultura arquitectónica, marcó el por qué, el qué y el cómo mirar y proponer de Summa, signada por pautas interpretativas específicas que marcaron su esencia. Personalidades tan destacadas como Roberto Fernández y Jorge Francisco Liernur, marcaron la historiografía de la época por estar temporalmente ubicados en sus años convulsionados, hablando desde adentro, a diferencia de todos aquellos a los que nos contaron lo sucedido. En este sentido, el libro propone una temporalidad distinta, desde la perspectiva que esa distancia posibilita.

Así, Rivero pone de relieve que la arquitectura que se construye se analiza y se cuenta, no es la misma arquitectura que se vive y se ve en el día a día de las ciudades. Desde la evaluación de lo que merece ser contado y lo que no, hay valores disciplinares y culturales que se ponen en juego. La arquitectura de los bordes como la denomina Diez, muchas veces no está incluida los ciclos de producción y reproducción publicados.

Producto de la cultura de los 90, las publicaciones dejaron la relevancia que le otorga la crítica para sumergirse en conceptos de management, productos inmobiliarios, entre otros. Esto cobra importancia, más si tenemos en cuenta que los 80, se centraron en la construcción de un discurso, en el volver a pensar – como sociedad, como personas, como profesionales – en debatir nuevamente, en repensar la condición de lo nacional. Surge la pregunta de si, en ese contexto, era posible una arquitectura propia, ligada a un teorizar sumamente profundo, que, quizás, deja un poco de lado el hacer.

En el retorno a la democracia, la revista invitaba a revitalizar el patrimonio de nuestra Argentina a través de lo que podría ser el principio de una red social: “si usted vive en Santa Fe y se encuentra con alguna obra que piensa que pueda tener valor patrimonial, mande la foto y la documentación”. Esto fue Summa, la apuesta al habitante, a la conexión, a la transversalidad de discursos, a la pregunta constante.

Por decirlo de alguna manera, el análisis de la revista en el libro “Summando. La arquitectura que nos contaron” podría definirse como una excusa para retomar conceptos y analizar posturas, épocas, ideales, discursos, el ser y el hacer. Es una invitación a reflexionar, problematizar y alimentar el espíritu crítico para devolver a la arquitectura su verdadero contenido, la vida misma.

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“Summando. La arquitectura que nos contaron. Argentina: décadas del 70, 80 y 90”, publicado por la Editorial de la Universidad Católica de Santa Fe
Autora: Arq. María Jimena Rivero

 

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Pensando los pilares de la ciudad

A partir de la convocatoria del Gobierno de la Ciudad de Santa Fe para que la UNL, la UTN y nuestra UCSF estudien las alternativas para recuperar los pilares del viejo puente ferroviario sobre la Laguna Setúbal, se realizó un workshop del que participaron alumnos y docentes de las tres instituciones.

Las actividades fueron consignadas por la Municipalidad como “pilares”, en referencia a los objetos que llevan el mismo nombre y que son el centro de la escena en las jornadas de debate y presentaciones que comenzaron a desarrollarse desde hace ya, varios meses.

“Durante el primer pilar se hizo una recopilación de todo lo que se pensó, lo que se proyectó y ya se viene imaginando. Había propuestas de vecinos, resultados de concursos anteriores, tesis de grado de Ingeniería con respecto al uso de esos pilares, entre otros trabajos”, contó Verónica González, una de las docentes de Arquitectura de nuestra Universidad que coordinó el workshop.

Del mismo modo, la arquitecta y docente María Victoria Silvestre agregó que “el segundo pilar tuvo un tenor más académico: se presentaron trabajos de investigación, reflexiones de ingeniería hídrica en el marco de proyectos de investigaciones de las tres universidades, bajo la idea de pensar desde lo académico en torno a diferentes aspectos que se vinculan a los pilares”.

Surge luego este tercer pilar, en donde se concretó una experiencia interuniversitaria de trabajo en conjunto e intercambio entre las tres universidades convocadas.

“Del workshop que se desarrolló durante un día y medio, participaron docentes y alumnos de 4° y 5° año de las carreras de Arquitectura e Ingeniería. Desde la UCSF se constituyó un equipo que fue muy significativo porque éramos todas docentes arquitectas mujeres y que, junto con los de UTN y FADU, trabajamos desde el inicio en la elaboración de las jornadas”, explicó Ma. Victoria, quien estuvo acompañada por las arquitectas: Jimena Rivero, Carmela Fili Tujchneider, Virginia Aranda, y Verónica González.

Una cuestión que se planteó desde el inicio fue que no se iba a tratar de un concurso sobre qué hacer con los pilares, sino de pensarlo como una actividad académica colaborativa en donde los estudiantes pudiesen tener participación en la gestión y diagramación de ideas junto a sus pares de otras universidades y otras disciplinas.

“Lo que se buscó durante el workshop fue que cada equipo de trabajo definieran los objetivos, porque en un día y medio era prácticamente imposible que se llegaran a establecer proyectos concretos. Se hizo hincapié en que no se quedaran en los cuatro pilares propiamente dichos, sino en ver más allá, qué unen, qué representan para la ciudad y para los santafesinos, trabajar sobre cuestiones de movilidad de diferentes tipos, etc.”, manifestó la Arq. Verónica González.

Entre los trabajos se planteó la movilidad para bicicletas, otros para un tren, algunos para peatones y hubo ideas que ni siquiera esbozaron un puente, sino que buscaron rescatar la superficie de los pilares de otro modo totalmente diferente, como lugar de expansión para pescadores u otras actividades.

“Como equipo docente, lo que nos interesó para abrir el workshop fue: ‘qué podemos pensar para la ciudad a partir de los pilares’, y fue a partir de esa pregunta que surgieron los diferentes planteos y trabajos de los equipos como ideas, no como proyectos concretos”, comentaron las docentes, quienes, además, definieron la experiencia como “muy positiva”, a la vez que rescataron la importancia de que se haya convocado a las universidades para colaborar en pensar y debatir ideas sobre nuestra ciudad.

Finalmente habrá un cuarto pilar en el que se van a exponer y socializar los resultados de los trabajos, tanto del workshop, como de todo lo que fue surgiendo en las etapas anteriores.


Rocio Sánchez
Estudiante de Arquitectura UCSF – 5to año

“La experiencia estuvo muy buena porque nos dio la posibilidad de favorecer un intercambio estudiantil y universitario de ideas y formas de trabajo. En este caso se planteó un problema real sobre los pilares, que viene desde hace varios años, y fue muy interesante porque nos conectan, nos unen: FADU tiene vista directa a los pilares y en el camino a UTN, como hacia la UCSF, los pilares están de paso.

Lo más atrayente fue que no era un concurso, sino que se buscaban ideas, y eso, de alguna manera, le sacaba presión y competitividad a los equipos que debían proponer ideas viables, que estén buenas, que se podían compartir entre todos y también con los profesores, con quienes hubo un buen diálogo y trabajo.

Mi equipo propuso un puente sobre los pilares por el que pasaba un tren y facilitaba la conexión para transporte público, conectando Rincón hasta el aeropuerto de Sauce Viejo. Incluso se planteó que en uno de los extremos del puente haya una bajada de lanchas como la que tiene Alto Verde para cruzar hasta Santa Fe, con la idea de formar un circuito de movilidad y transporte”.


 

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