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Para hablar, primero hay que escuchar

Las alumnas de Fonoaudiología se sumaron al año Iberoamericano del Habla que se encuentra llevándose a cabo a nivel mundial con el lema “Hablemos de habla”, signadas por el análisis y la investigación de los estudios más actuales en la temática. La idea se plasmó a través de ponencias abiertas al público con el objetivo de comunicar y generar conciencia.

Cuando pensamos en el habla, ¿qué es lo que conocemos?

Conversando con una de las docentes encargadas de la materia que llevó a cabo las presentaciones, la Lic. Doris Kapmman avanzamos hacia algunos conceptos introductorios. “En la actualidad podemos definir el habla como una función que incluye procesos neurofisiológicos, neurocognitivos, neuromusculares y neurosensoriales. Es un dato no menor, si tenemos en cuenta que hasta hace unos años, solo estaba relacionada a procesos articulatorios y de pronunciación. El habla también corresponde al sistema fonoodontoestomatoloógico, al que se suma la respiración y las funciones alimentarias, entre las que se encuentran la succión, la sorbición y la deglución”.

Hoy los modelos de habla se explican desde una perspectiva lingüística y psicolingüística – rama de la psicología interesada en cómo la especie humana adquiere y utiliza el lenguaje –  y, desde esta mirada, los fonoaudiólogos basan su intervención en las problemáticas actuales.

Ahora bien, si pensamos en el campo de acción de los profesionales que se ocupan de la forma de hablar de las personas, entre otras cosas, y de problemáticas que tengan que ver con esta capacidad propia del ser humano, cabe preguntarse cuáles podrían ser los signos de alerta para que alguien piense en buscar algún tipo de ayuda o tratamiento. En base a esto, Kapmman nos enumeró algunos para prestar atención, sobre todo en la etapa infantil. Entre ellos podemos encontrar: retraso en la adquisición de determinados fonemas teniendo como tiempo máximo para adquirirlos a todos, los 4 o 5 años; inteligibilidad del habla: a determinada edad el niño tendría que poder distinguir entre cama y tama, sabiendo que el primero es correcto y el segundo no. Otro de los signos es la inestabilidad práxica, es decir, dificultades en algunos movimientos del aparato articulatorio; déficit en la capacidad de la memoria auditiva, la que se encarga de retener a corto plazo toda la información auditiva que recibimos del entorno; y por último se puede presentar cierta alteración a nivel de discriminación auditiva.

Al momento de la consulta profesional, la especialista destacó la importancia de la anamnesis, las preguntas que se realizan para conocer la historia de la familia que llega al consultorio, y del paciente, específicamente. De todos modos, existe un paso primero y aún más importante que preguntar, y es el escuchar. “Los primeros 10 minutos de la presentación son los más relevantes, los que nos permiten generar el primer contacto. Por eso, para hablar es totalmente importante escuchar”, afirmaba la fonoaudióloga.

Los motivos de las dificultades en el habla pueden ser varias: orgánicas-físicas, distorrelaciones, (por ejemplo, cuando la mandíbula superior está muy adelantada en relación a la inferior), dificultades madurativas relacionadas con lo perceptivo, disfluencias, respiración mixta, entre otras. Esto pone de relieve la importancia del trabajo interdisciplinar de los fonoaudiólogos con cirujanos plásticos, odontólogos, audiólogos, otorringonaringólogos, entre otros.

Finalmente, la licenciada valoró al afecto como motor de las relaciones humanas, y específicamente, de la relación profesional-paciente, teniendo en cuenta que es desde este motor donde los profesionales logran avances importantísimos en los pacientes.

 

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