Para entender lo que sucede hoy en Irán es necesario analizar diversos factores ya que, como en todo conflicto internacional, no hay causas únicas, sino que son múltiples los hechos que conducen a la situación presente. Juan Pablo Jullier, del Observatorio de Política Internacional de la UCSF, nos brinda historia y detalles que son importantes a la hora de entender las raíces de esta escalada militar.

Los orígenes del conflicto
Medio Oriente es, desde el tiempo de las Cruzadas, y antes también, un espacio de competencia entre distintas religiones. Los breves períodos de paz que se han mantenido en esta región del planeta fueron consecuencia del control férreo de potencias internacionales que subyugaron a las naciones originarias de la región, manteniendo los conflictos en estado latente, pero generando nuevas escaladas tras el abandono o caída del poder que los controlaba.
Así, luego de la caída del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido y Francia ocuparon ese vacío y mantuvieron con mayor o menor éxito en cada caso una estabilidad que perduró hasta la creación del Estado de Israel en el año 1948. Ese hito rompe con el estatus quo regional y detona una serie de conflictos denominados por las Relaciones Internacionales como “Conflictos árabes – israelíes”, origen de la tensión entre Tel Aviv y el mundo musulmán.
Irán, como todo país de Medio Oriente, no está al margen de estos procesos. Su historia particular está marcada por un quiebre relevante con la revolución de 1979. Allí concluye un período de Monarquía Constitucional y laica, y se instaura la llamada “República Islámica”, sistema subordinado a la religión musulmana que atravesó por estadios más o menos conservadores. En 2021 inició uno de los períodos más reaccionarios, caracterizado por el afianzamiento de las líneas duras de gobierno.
EEUU y la Guerra de los 12 días
En paralelo al endurecimiento de la política iraní, se dio un proceso similar en Israel, por lo que no es de extrañar que las posiciones duras de los gobiernos de Teherán y Tel Aviv hayan escalado conflictos que pueden rastrearse hasta el surgimiento de la propia religión islámica.
En este contexto, sucedieron los ataques israelíes a instalaciones militares y nucleares iraníes del 13 de junio de 2025, que derivaron en la intervención de Estados Unidos. La potencia americana acudió en ayuda de su más valioso aliado en medio oriente, para destruir las bases nucleares iraníes mejor protegidas, objetivos fuera del alcance de la tecnología militar israelí.
Este episodio se denominó la “Guerra de los doce días” y, aunque su nombre se debe a que la escalada finalizó en ese breve lapso, las bases del conflicto continuaron latentes, convirtiéndose en el antecedente inmediato del conflicto actual.

Nace un nuevo orden mundial
Otro de los factores de relevancia en este análisis es el papel de Washington. Estados Unidos es la primera potencia militar del mundo y comparte el podio de los países más poderosos con China y Rusia. Ninguno de estos estados llegó a ese podio por casualidad. Su posicionamiento global obedece a estrategias de política exterior diseñadas con años de planificación e implementadas a partir de su capacidad de forzar al resto del Sistema Internacional a seguir sus agendas.
Como resultado de este juego de poder global, cada período histórico se caracteriza por un orden mundial que representa los intereses de las potencias que dominan el mundo. Cada quiebre del estatus quo vigente representa el surgimiento de un nuevo orden y, hoy, estamos asistiendo al nacimiento de uno.
El Sistema Internacional que conocemos es producto de los acuerdos alcanzados tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Nuestro Derecho Internacional, se basa en el multilateralismo y la cooperación y tiene como objetivo evitar, precisamente, el surgimiento de conflictos que puedan escalar, otra vez, a nivel mundial.
Durante la mayor parte del siglo XX y al menos los inicios del XXI, este régimen global tuvo la capacidad de contener y sofocar la mayoría de los conflictos internacionales, en gran parte porque las potencias como Estados Unidos entendían que sus intereses nacionales eran preservados en este orden de las cosas.
Pero, de un tiempo a la fecha, Washington entiende que actualmente la integración, la cooperación y la solución pacífica de las controversias ya no le aportan beneficios, sino que, por el contrario, fortalecen a sus competidores. El vuelco intervencionista en la política del Departamento de Estado encuentra sustento en este hecho y puede observarse en frentes abiertos como el de Venezuela o Irán, donde la diplomacia dio lugar a la acción militar directa.
Impactos e incertidumbre
En este escenario, Estados Unidos decide fortalecer su histórica alianza con Israel, garante por excelencia de los intereses de la Casa Blanca en Medio Oriente, atendiendo una demanda insatisfecha de Tel Aviv tras la “Guerra de los doce días”, a saber, la eliminación del régimen musulmán que gobierna Irán, en un movimiento que desafía la legislación internacional vigente, y demerita otros aliados regionales como Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos.
La audaz jugada perjudica también a la economía mundial por el aumento de los precios de la energía, ya que Irán es uno de los mayores productores de petróleo, además de controlar el estrecho de Ormuz, paso de navegación obligado de la mayoría del comercio mundial de este combustible. Esto a su vez, beneficiaría indirectamente a Rusia, quien podría obtener una buena tajada del aumento de los precios de los combustibles, especialmente si China debe buscar en otros mercados lo que antes adquiría en Teherán. Ninguno de estos es un costo alto si colocan a Washington en la cúspide del poder mundial.
Finalmente, pero no menos importante, existe un factor doméstico que contribuyó al timing de esta escalada y es el descontento social iraní con su régimen de gobierno. Durante las últimas semanas, fue noticia mundial la brutal represión a la que fue sometida la población de Irán durante protestas en contra del gobierno islámico. La inestabilidad generada por estos episodios podría haber sido un aliciente para Israel y Estados Unidos a la hora de decidir sobre los ataques que dieron muerte al Ayatola Ali Khamenei y a buena parte de sus segundos mandos.

Ahora, la comunidad internacional observa los siguientes pasos de lo que quedó del gobierno de la República Islámica de Irán, de Tel Aviv y de Washington. Sus decisiones podrían dar lugar a un nuevo equilibrio de fuerzas en Medio Oriente y, a su vez, este podría dar lugar a la estabilidad o a nuevos conflictos con sus respectivas escaladas.
Mientras tanto el resto de los países observamos y pagamos (aumentos de precios mundiales mediante) por los platos rotos de un conflicto ajeno, cuyo desenlace es incierto, pero que se suma a una serie de focos activos que constituyen la evidencia de estamos en la antesala de un nuevo orden mundial.
La posición y las consecuencias para Argentina
Con el gobierno de Javier Milei, Argentina dio un giro radical en su política exterior. Otrora caracterizada por apelar a la solución multilateral y pacífica de las controversias y la neutralidad ante los conflictos bélicos, hoy se alinea incondicionalmente con los intereses de Estados Unidos e Israel, celebrando y apoyando, desde lo discursivo, los ataques que estos países realizaron en territorio iraní.
Es difícil decir si este giro traerá consecuencias concretas para nuestro país. El estado de las Fuerzas Armadas argentinas hace que cualquier apoyo que pueda realizar la Casa Rosada, no sea más que una expresión de deseo que podría ser premiada por Washington con un posterior apoyo económico y político allí donde se necesite. Es poco probable que Teherán considere de alguna utilidad emplear sus escasos recursos militares contra la Argentina.
Por el momento, las consecuencias para nuestra nación son las mismas que para el resto de los Estados del Sistema Internacional: energía más costosa, posible aceleración de la inflación y menor crecimiento económico, algo que ya advirtió el Fondo Monetario Internacional en caso de que se extienda el conflicto.
