Una mirada existencial–humanista sobre la relación terapeuta–paciente 

La Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Santa Fe abrió un espacio de reflexión para profundizar en la dimensión humana del encuentro terapéutico, desde la filosofía, la psicología y la psicopedagogía. 

En toda relación de ayuda, más allá de los métodos y las teorías, hay algo esencial que sostiene el encuentro: el vínculo entre dos personas. Allí donde alguien busca alivio, sentido o comprensión, y otro se ofrece a acompañar, se abre un espacio profundamente humano. Ese lazo —hecho de escucha, empatía y presencia— puede convertirse en el verdadero motor del proceso terapéutico. 

Pensar el acompañamiento desde esta mirada implica volver a lo esencial: reconocer que toda práctica de cuidado comienza con un encuentro entre seres humanos. Desde esa convicción se gestó la Cátedra Abierta “El vínculo terapeuta–paciente como eje del proceso terapéutico. Una mirada existencial–humanista”, con la participación de las cátedras Teoría Psicopedagógica III: Abordaje Humanístico y Existencial, Introducción a la Psicología, Psicoterapias y Filosofía, pertenecientes a las carreras de Licenciatura en Psicología y Licenciatura en Psicopedagogía. 

La propuesta convocó a estudiantes, profesionales de la salud y público general interesado, en un encuentro abierto a la comunidad. Estuvo coordinada por los docentes Mgtr. Martín Fortunato Alloatti y Lic. Matías Edsberg, junto a los profesionales invitados Mgtr. Pablo Petroni, Lic. Luis Capelari y Lic. Susana Mertes, quienes compartieron distintas perspectivas sobre el sentido existencial y ético del vínculo en los procesos terapéuticos y educativos. 

Fundamentos humanistas

Durante la jornada se abordaron los aportes de seis autores que transformaron la manera de comprender el encuentro humano y la práctica terapéutica. El Mgtr. Alloatti explicó que la propuesta se desarrolló “en el marco de las acciones que promueven la reflexión interdisciplinaria y el diálogo entre saberes”. 

Se desglosó el aporte de cada uno: 

  • Edmund Husserl, fundador de la fenomenología, puso el foco en la experiencia vivida como punto de partida para comprender a cada persona en su singularidad. 
  • Max Scheler amplió esta mirada al situar la ética y los valores como ejes de toda relación humana. 
  • Martin Buber, con su filosofía del diálogo y la relación yo–tú, invitó a pensar la presencia auténtica como espacio de apertura hacia el otro. 
  • Martin Heidegger profundizó en la idea de la existencia como ser-en-el-mundo, orientada a la autenticidad. 

A partir de este marco, Karl Jaspers y Viktor Frankl desarrollaron una visión más integral de la psicoterapia, entendiendo al ser humano como una unidad biológica, psicológica, social y espiritual. 

Jaspers introdujo la importancia de la comunicación auténtica como camino para comprender el sufrimiento. Y Frankl, con su Logoterapia y Análisis Existencial, propuso que la búsqueda de sentido es la fuerza que guía la vida y toda tarea terapéutica o educativa”, señaló Alloatti. 

El vínculo como núcleo del proceso terapéutico

El Lic. Matías Edsberg profundizó en esta perspectiva y destacó que “el proceso terapéutico puede comprenderse como constituido por dos componentes esenciales: el vínculo terapéutico y las intervenciones propiamente dichas”. 

Ambos elementos, explicó, se articulan de manera complementaria e indispensable. Sin embargo, advirtió que en la práctica clínica “suele observarse una tendencia a privilegiar la búsqueda de la técnica ‘adecuada’ o ‘efectiva’, lo cual puede conducir a descuidar un aspecto fundamental del encuentro humano: la necesidad de acoger al otro con empatía, aceptación incondicional y autenticidad”. 

“Estas cualidades —agregó Edsberg— poseen en sí mismas un valor terapéutico intrínseco. La técnica adquiere verdadero significado solo cuando se inscribe en el marco de una relación que la sostiene. Una técnica sin vínculo corre el riesgo de tornarse vacía; un vínculo sin técnica puede presentar limitaciones, pero nunca carece de sentido ni de valor terapéutico.” 

Más allá de los enfoques y herramientas, la propuesta invitó a mirar la práctica terapéutica como un camino compartido, donde el sentido no se impone ni se enseña, sino que se construye en el encuentro con el otro.



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