Reconocimiento nacional a la innovación tecnológica para docente e investigador de la UCSF

El Dr. Gustavo Norberto D’Ascanio, director del Instituto de Producción Animal del Centro Norte Santafesino (IPANS) e investigador y docente de la carrera de Veterinaria de la Universidad Católica de Santa Fe, sede San Jerónimo, fue distinguido con una Mención Especial en los Premios CiTA – Centro a la Innovación Tecnológica-, en la categoría Producción Animal.

En el marco de la 137° Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional, estos premios reconocieron aquellos desarrollos innovadores con impacto concreto en la producción agroalimentaria del país. Las distinciones abarcan categorías como biotecnología, alimentos, maquinaria, genética y producción animal, entre otras. 

Un desarrollo 100 % argentino

El proyecto premiado consistió en la creación de nutracéuticos para ganado bovino: suplementos que combinan microorganismos probióticos con nutrientes esenciales, diseñados para fortalecer el sistema inmune, mejorar la salud general y aumentar el rendimiento productivo de los animales.

“Recolectamos cepas del ambiente o del intestino de los animales, las analizamos, y luego las combinamos con nutrientes que suelen estar ausentes en sus dietas”, explicó D’Ascanio. “El objetivo fue lograr un efecto final: mejorar la inmunidad, reducir enfermedades y aumentar la eficiencia productiva”.

El desarrollo se llevó a cabo en colaboración con la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral, y derivó en un producto comercializable bajo la marca Nutrafer, con ensayos de campo y validaciones industriales.

“Se trató de una innovación 100 % argentina, que aplicó un concepto tomado de la medicina humana al ámbito de la producción animal. Los nutracéuticos combinan nutrición y farmacología en un solo producto: corrigen deficiencias y optimizan el funcionamiento del organismo”, detalló el investigador.

Conocimiento, esfuerzo y resiliencia

Con más de 30 años dedicados a la investigación y la innovación tecnológica, D’Ascanio remarcó que estos procesos demandan tiempo y compromiso sostenido:
“Una innovación no se logra de un día para otro. Un desarrollo de este tipo puede llevar entre 3 y 10 años. Requiere estudio, pruebas, errores, ajustes, registros sanitarios y comerciales… y volver a empezar”.

En ese marco, compartió tres claves fundamentales que, desde su experiencia, sostuvieron el proceso de innovación:
“Primero, conocimiento: hay que estudiar mucho y conocer lo que se hace en el mundo. Segundo, esfuerzo: medir, ensayar, no abandonar. Y tercero, resiliencia: cuando algo no sale, hay que volver a intentarlo. No todos los investigadores son innovadores, porque no todos soportan volver a empezar una y otra vez”.

Desde el Instituto que dirige en Reconquista, D’Ascanio también impulsó la formación de estudiantes con una perspectiva innovadora y comprometida con el desarrollo regional: “Debemos trabajar con las nuevas generaciones para sembrar una cultura de la innovación: que entiendan su valor, que se animen a transformar la realidad desde el conocimiento”, concluyó.



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