El acceso al agua potable es un derecho humano fundamental. Sin embargo, detrás de muchas de las tecnologías que forman parte de la vida cotidiana existe un consumo de recursos que suele pasar desapercibido. Bajo esa premisa, estudiantes de las carreras de Abogacía y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Santa Fe realizaron un trabajo sobre el lado invisible de la Inteligencia Artificial.
El II Encuentro de Estudiantes de Facultades de Derecho de la Red de Universidades Católicas (Red UC-OC), realizado en la sede San Juan de la Universidad Católica de Cuyo fue el ámbito en el que estudiantes de Abogacía y Relaciones Internacionales de la UCSF presentaron “El lado invisible de la Inteligencia Artificial”.
El encuentro reunió a delegaciones de trece facultades de Derecho de todo el país bajo el lema “Construyendo la cultura de la paz”. En representación de la sede Virgen de Guadalupe participaron María del Pilar García Porta, Paz Trinadori y Anna Paula Gómez, estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencia Política, acompañadas por los docentes Sergio Daniel Mencarelli, profesor de Doctrina Social de la Iglesia, y Diana Moralejo, especialista en Derecho Ambiental e investigadora sobre esta temática.
Agua, tecnología y conciencia social
La propuesta surgió a partir de una inquietud que tenía el equipo: cómo relacionar el Derecho y las encíclicas Laudato Si’ y Laudate Deum del Papa Francisco con problemáticas contemporáneas vinculadas al ambiente.
“Nos llamó la atención que el acceso al agua no estuviera garantizado de manera expresa en la Constitución Nacional. Empezamos a investigar y descubrimos que a nivel internacional sí está reconocido como un derecho humano esencial, pero que existía un gran desconocimiento social sobre el tema”, explicó María del Pilar, estudiante de cuarto año de Abogacía y embajadora de la carrera en la UCSF.
La investigación tomó como punto de partida el reconocimiento del acceso al agua potable y al saneamiento como derecho humano por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. A partir de allí, el equipo analizó cómo el desarrollo de la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos para la gestión sostenible de los recursos hídricos.
“El agua es algo que utilizamos todos los días: para cocinar, alimentarnos, tomar mates, vivir. Sin embargo, solemos verla como un recurso más porque abrimos una canilla y aparece. En otras partes del mundo el acceso al agua es un verdadero tesoro”, señalaron las estudiantes.
Para conocer la percepción social sobre esta problemática, realizaron una encuesta anónima en la ciudad de Santa Fe con la participación de 255 personas. Los resultados mostraron que el 97 % considera que el acceso al agua potable debe ser reconocido como un derecho humano fundamental. Sin embargo, más de la mitad de los encuestados desconocía que la inteligencia artificial utiliza agua para funcionar y solo una parte consideró necesaria una regulación específica sobre este consumo.
“La inteligencia artificial necesita agua dulce para refrigerar los centros de datos donde operan los servidores. Muchas veces usamos estas herramientas todos los días sin conocer qué hay detrás de su funcionamiento”, señaló García Porta.
Según expusieron en la ponencia, la generación de un texto de alrededor de cien palabras mediante inteligencia artificial puede requerir aproximadamente medio litro de agua destinado a los sistemas de refrigeración de los centros de datos. A gran escala, este consumo representa un desafío ambiental que suele permanecer invisible para la mayoría de los usuarios.
La investigación también recupera las reflexiones de Francisco, quien advierte sobre la necesidad de proteger la Casa Común y cuestiona un paradigma tecnocrático que muchas veces naturaliza el uso intensivo de los recursos naturales en nombre del progreso.
Aprender de otras miradas
Para Paz, uno de los aspectos más valiosos de la experiencia fue el intercambio con estudiantes de distintas regiones del país. “Creo que ese es el objetivo de este tipo de encuentros: aprender unos de otros y comprender los diferentes puntos de vista de jóvenes de todos los rincones del país. Me entusiasmó saber que hay un montón de chicos como yo, con preocupaciones parecidas y que, desde su lugar, trabajan por un mundo mejor”, expresó.
La propuesta también significó un desafío interdisciplinario. Anna Paula, estudiante de Relaciones Internacionales, participó en el proceso de elaboración y destacó el aprendizaje académico y humano que implicó el trabajo conjunto:
“Escribir y cumplir con las formalidades de un congreso es muy enriquecedor para practicar la vida académica. Crecí mucho junto a mis compañeras y fue una linda oportunidad para conocernos entre carreras”, comentó.
La investigación como horizonte profesional
La diversidad de proyectos presentados amplió sus perspectivas sobre las posibilidades de investigación dentro del ámbito jurídico.
“Lo que más me llamó la atención fue la seriedad y el compromiso con que cada grupo presentó su investigación. Esta experiencia realmente te genera ganas de seguir estudiando, de apostar a un posgrado y también de considerar la investigación como camino profesional. Investigar no solo permite aprender, sino también desarrollar una mirada crítica”, afirmó García Porta.
Un desafío para las generaciones futuras
Mientras el equipo desarrollaba la investigación, la provincia de Santa Fe avanzó en la reforma de su Constitución Provincial e incorporó expresamente el derecho al agua y a un ambiente sano en el Artículo 34. El nuevo documento reconoce al agua como un bien colectivo esencial para la vida, los ecosistemas y el desarrollo productivo, además de garantizar el acceso universal al agua potable y al saneamiento.
Este hecho reforzó la relevancia del tema elegido y evidenció la necesidad de seguir promoviendo conciencia social y marcos regulatorios adecuados.
Como exhortaba Francisco, las autoras repiten: “el futuro del mundo está en nuestras manos. Las decisiones que tomamos hoy tendrán consecuencias mañana”.
La inteligencia artificial ofrece oportunidades inéditas para el desarrollo, pero también obliga a reflexionar sobre los recursos que consume y sobre las responsabilidades que implica construir un futuro verdaderamente sostenible.
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