Verónica Ávila y Doriana Feuillade, son docentes de la Licenciatura en Nutrición de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UCSF en Reconquista e impulsan una propuesta de formación que busca acercar a los estudiantes a las realidades sociales y culturales vinculadas a la alimentación.
La experiencia se desarrolla a partir del trabajo conjunto entre las cátedras de Antropología Alimentaria y Seminario de Redes Institucionales, y toma como espacio de aprendizaje al “Mercado del Futuro”, una red de producción y consumo local que reúne a productores, consumidores y organizaciones de la ciudad.
“La idea fue pensar una formación en nutrición más dinámica y lo más conectada posible con el territorio. Que los estudiantes puedan, en primera instancia, construir criterios reflexivos y de fundamentación conceptual y, luego, devolver al medio algo de aquello que van aprendiendo. Además, buscamos insertarlos tempranamente en el ámbito reconquistense y sus localidades cercanas, para que creen comunidad e identidad”, explicó Feuillade, docente con formación en Pedagogía y Cooperativismo.
Por su parte, Ávila, historiadora e investigadora en temas de identidad y territorio, señaló que desde la antropología se buscó trabajar herramientas etnográficas para analizar los significados que las personas construyen alrededor de la comida. “Comer no es únicamente un acto biológico. Hay todo un entramado sociocultural que sostiene las elecciones alimentarias”, expresó.
El detrás del acto alimentario
Durante el año académico, los alumnos participaron en distintas tareas de campo vinculadas al funcionamiento de la feria. Allí realizaron entrevistas, observaciones y registros sobre las dinámicas que se desarrollaban cada sábado.
Asimismo, visitaron chacras locales y dialogaron con productores, consumidores y organizadores para conocer de cerca cómo funciona esta red comunitaria.
El objetivo era que los futuros profesionales pudieran comprender la complejidad social de las prácticas alimentarias. “Muchas veces se piensa la nutrición únicamente desde lo técnico o clínico, pero detrás de cada práctica alimentaria hay factores económicos, culturales, territoriales y afectivos que también deben ser comprendidos”, sostuvo Ávila.
En ese sentido, Feuillade destacó que, como práctica extensionista, “se aprende en contacto con las personas, no como simples observadores, sino involucrados en organizaciones reales y en sus procesos concretos. Estar in situ en el territorio también es una forma de presencia y formación”.
Vínculos y comunidad
Uno de los aspectos que más llamó la atención de los estudiantes fue descubrir que iniciativas como el “Mercado del Futuro” funcionan gracias a cada una de sus partes y a las interacciones que se generan en cada jornada: “La ritualidad de la compra involucra mucho más que el alimento. Se elige este ámbito comunitario por la cercanía y los lazos que lo sostienen. Por ejemplo, hay personas mayores que consideran ir al mercado como todo un acto —según relataron en las entrevistas—, su última salida del mes. Planchan la ropa el día anterior para salir temprano y pasar el día allí. Disfrutan de la música, conversan… y, de paso, compran. No quieren irse rápido a cocinar; quieren que se les pregunte cómo están, qué van a cocinar o qué compraron. Tal vez ese sea el único lugar de contención que tienen porque están solos o son de otra localidad, como sucede también con muchos estudiantes del interior”, relató la historiadora.
Nutricionistas en el territorio
La comunidad del Mercado manifestó la alegría de contar con especialistas que los acompañen y que conozcan el lugar, los alimentos y las realidades de la comunidad. Las entrevistas y observaciones permitieron reconocer el valor social y afectivo que tiene este espacio para muchas personas.
“La alimentación se constituye como un escenario de socialidad, encuentro y contención. Muchas veces uno piensa en ir a comprar solo como una necesidad rápida, pero acá aparecía otra dimensión mucho más humana”, afirmó la profesora de Antropología.
Joaquín Bais, estudiante que participó de la iniciativa, destacó que pudo comprender “qué hay detrás de cada elección alimentaria: los valores, las historias y las formas en que las personas se relacionan con su comunidad y con los alimentos que consumen. No solo se valoraba la calidad de estos, sino también la confianza que generaba comprar y compartir ese espacio. El trato cercano con quienes producían y vendían los alimentos hacía que la experiencia fuera distinta, más cálida y consciente. Además, permitía apoyar la producción local.”
Producción académica y proyección internacional
Como cierre del trabajo, los estudiantes elaboraron informes etnográficos y realizaron una devolución al equipo del Mercado del Futuro: “Para ellos fue muy emocionante porque pudieron reconocer aspectos del espacio que, en la dinámica cotidiana, no estaban viendo, como por ejemplo la comunicación interna y externa, los tiempos de entrega de los bolsones y la dependencia del voluntariado. Este compartir final les permitió volver a conectarse con el sentido original del proyecto comunitario”, explicó Ávila.
Gracias a la atención de la coordinación de la carrera, este proyecto fue presentado en el Congreso Internacional de Estudios Sociales sobre Alimentación realizado en Chile, donde participaron equipos de distintos países de Latinoamérica. Ambas docentes coinciden que llevar algo del norte santafesino a este espacio internacional ya es un hito significativo.
“La universidad tiene que pensarse como una institución abierta, donde el aprendizaje se construya desde la acción y la vinculación con la realidad”, sostuvo finalmente Feuillade. Actualmente, gracias al apoyo institucional y el trabajo articulado, el proyecto continúa desarrollándose con la cohorte 2026.
Instancias previas
Estudiantes de Nutrición cooperan con el “Mercado del Futuro” en Reconquista

