10 de abril | Día del Investigador Científico. La ciencia abre preguntas sobre salud y ambiente. En la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), investigar forma profesionales críticos y aborda problemas actuales como el impacto de residuos farmacológicos en los ecosistemas.
En la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS) de la UCSF, la investigación no es una instancia separada del aula, sino parte del proceso formativo de estudiantes y docentes. A partir del trabajo con casos reales, datos de laboratorio y problemáticas del entorno, los estudiantes incorporan herramientas para analizar la relación entre salud y ambiente desde una perspectiva crítica.
Investigar desde la curiosidad
El interés de Romina Ghirardi por la biología surgió en la infancia, ligado a la fascinación por la vida silvestre y su conservación. Eligió estudiar Lic. en Biodiversidad con el objetivo de involucrarse en problemáticas ambientales concretas, como la protección del ambiente y las especies que lo habitan.
Durante su formación, el contacto con áreas como genética, botánica y zoología fue delineando su recorrido, finalmente orientado al estudio de anfibios.

Desde 2005 trabaja en el Instituto Nacional de Limnología (INALI, CONICET–UNL) y actualmente es docente en materias vinculadas a la Metodología de la Investigación y a Salud y Ambiente en las carreras de Lic. en Nutrición y Farmacia en la FCS (UCSF). En esos ámbitos, junto a distintos colegas formulan preguntas, buscan respuestas y generan herramientas aplicables a la vida cotidiana y a la formación de los estudiantes.
“El proceso de investigación no es lineal: surgen nuevas preguntas constantemente y para responderlas hay que acompañarse por las distintas áreas. En el área de salud, por ejemplo, sabemos que existe una interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental: todo recorre un camino que termina volviendo a nosotros”, afirma, desde el enfoque One Health que plantea la Organización Mundial de la Salud.
Ranas que hablan del ambiente
“Los anfibios son una especie ‘bandera’, bioindicadores de la salud ambiental para observar los efectos de la contaminación por fármacos. Si ellos están bien, también lo está su entorno: es apto para una vida saludable”, explica Ghirardi. Estos organismos presentan una característica clave: su “doble vida” entre el medio acuático y el terrestre. Además, sus ciclos de vida cortos, su baja movilidad, su fidelidad al entorno y su piel permeable —a través de la cual respiran e intercambian sustancias— los vuelven especialmente sensibles a los cambios ambientales.
Qué revela la contaminación invisible
Un equipo interdisciplinario, conformado por especialistas en biología, química, biotecnología y otras áreas, investiga compuestos farmacológicos que llegan al ambiente en diferentes formas y pueden contaminarlo.
La presencia o ausencia de determinadad especies animales y/o vegetales funciona como primer indicador de calidad de un sitio. Cuando los registros de campo no coinciden con lo esperado, se analizan otras variables individuales como masa corporal, actividad y reproducción de las especies: “Algo ocurre cuando en el cuerpo de agua no se registra la puesta de huevos de anfibios”, señala.
En los estudios a campo también se considera la estacionalidad: en primavera y verano se intensifican los muestreos, mientras que en otoño e invierno la actividad de los organismos disminuye y el descenso de la temperatura afecta el sistema inmune y el metabolismo. Al ser ectotermos, su sensibilidad a contaminantes varía según el ambiente.
El problema no es el impacto inmediato, sino la exposición continua, con posibles efectos a largo plazo sobre los individuos y los ecosistemas: “Los organismos tienden a habitar ambientes sin contaminantes, y si hay perturbación contínua, van desapareciendo las poblaciones y/o se producen extinciones locales. Además, los anfibios producen péptidos con potencial antimicrobiano, antiviral y antitumoral, hoy estudiados por su aplicación en salud humana, con resultados prometedores en áreas como Alzheimer o leucemia”, concluye.

Más allá del medicamento
En la carrera de Farmacia, los estudiantes trabajan con ejemplos reales para comprender el recorrido completo de los medicamentos. Ghirardi comparte que en sus clases “muchas veces se presenta a los fármacos como ‘los malos de la película’. Nadie niega sus beneficios, pero los riesgos de un manejo indebido suelen estudiarse tarde, cuando los problemas ya están instalados”, señala Ghirardi.
Lejos de un ciclo circular, saludable y sostenible, muchos compuestos farmacológicos llegan al ambiente y allí se quedan: algunos sin cambios en su composición, otros se transforman en sustancias más tóxicas. El sistema de salud es, además, una fuente relevante de contaminación por el uso y descarte de residuos sanitarios de un solo uso. “Esto no ocurre solo en escenarios lejanos: también pasa a nivel local, aunque sea menos visible”, por eso es muy importante conocer y tomar conciencia y acciones frente a las distintas circunstancias, advierte. Muchas veces, aunque no haya efectos como mortalidad, los efectos subletales (como cambios en el comportamiento, la movilidad y en las enzimas de estrés oxidativo) son una constante y también situaciones relevantes.
Lo que comemos también impacta
Otra línea vinculada a la salud bajo el concepto de One Health tiene que ver con la alimentación. En el marco de los 10 años de la carrera de Licenciatura en Nutrición de la FCS, Ghirardi presentó un trabajo describiendo el circuito comercial de la carne de rana, hoy asociada a un consumo gourmet pero históricamente ligada a la subsistencia durante la época de veda pesquera, principalmente en zonas de islas en las costas del río Paraná. .
La veda —que protege el repoblamiento de los peces, evitando su captura entre noviembre y marzo en el río Paraná y sus afluentes— llevó históricamente a que muchos pescadores recurrieran a la caza de ranas para sostener su economía. Con el tiempo, la disminución del recurso y los subsidios redujeron esta práctica. Actualmente, el circuito combina captura en ambientes naturales (de rana criolla, nativa) y cría en cautiverio (de rana toro, exótica)..
En este marco, los estudiantes profundizaron sobre las llamadas “dietas sensibles a los ecosistemas”, que proponen pensar la alimentación en relación con su impacto ambiental: reducir agroquímicos, acortar los circuitos de distribución y priorizar lo local. “También se describió el valor nutricional de la carne de rana —tanto de especies locales como de rana toro— y se la comparó con el de pescado, pollo y vaca”, compartió.
Conocer para conservar
Como parte de esta articulación entre investigación y extensión, Ghirardi coordinó junto a Javier López (investigador en INALI y docente de UNL) la producción del libro Anfibios de Santa Fe.
La obra reúne información sobre más de 50 especies de la provincia, con datos sobre hábitat, comportamiento y conservación, en un formato accesible para estudiantes, docentes y público general. Fue publicado por Ediciones UNL y está disponible también en formato digital.
“Si la investigación queda dentro de los laboratorios, el conocimiento no existe. La extensión universitaria implica divulgar lo que hacemos: en el aula para fortalecer el desarrollo de las clases y el conocimiento de transmitido a los estudiantes y al mismo tiempo vincularnos hacia afuera de la universidad con la sociedad, para que los vecinos puedan estar informados y tomar desiciones concientes para un hábitat armonioso para todos”, concluye.
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